Resuenan Pisadas en La Memoria Por el Sendero Que No Recorrimos


Título: "Resuenan Pisadas en La Memoria Por el Sendero Que No Recorrimos"
Autor: Nebulosa
E-Mail: alex.florez@ctv.es
Tipo: X-File mezclado con MSR o también MSR mezclado con X-File (como 
queráis, puesto que el orden de los factores no altera el producto ;DDDDD)
Resumen: Lee la historia y sabrás de qué va.
Disclaimer: "Querido señor Carter, he pedido a sus dos mejores agentes 
(Mulder y Scully) y a algún que otro personaje suyo que me ayuden en cierta 
investigación. No se preocupe, una vez finalizada, les pondré (a todos 
ellos) en un avión de vuelta a Washington (a lo mejor Mulder se pierde por 
el camino, Je, Je, Je). Gracias por ser tan comprensivo.
P.D.: Los personajes no me pertenecen, no intento violar el copyright y, por 
supuesto, no gano absolutamente nada con esta historia.
P.D.2.: Nada de lo anteriormente citado me pertenecerá, pero.... hay dos 
cosas que sí:
 -Primero: los personajes que yo he creado.
 -Segundo: la trama de mi historia. Es mía, mía... y usted, señor Carter, no
la ha inventado (Je, Je, Je, ¿no está un pelín celosillo?).
P.D.3.: Gracias a T.S.Eliot por prestarme para mi título una de sus mejores 
frases."

**********************

Me gustaría dedicar mi historia a un joven y brillante letrado que ha sabido
conquistar mi corazón.

        "Soy una definición
          Indefinida,
         un grito en
          el silencio,
         una agonía en
          la vida,
         una esperanza en
          un sueño."

Gracias por haberme hecho soñar. Gracias por haberme hecho sonreír. Gracias 
por haberme hecho tan feliz.

**********************

   "Resuenan pisadas en la memoria por el sendero que no recorrimos"

 Área 51-Dreamland
 Base Secreta Experimental
 Noroeste de las Vegas
 Nevada
 23:46 p.m.

  La oscuridad lo envolvía todo con su siniestra faz. Nada escapaba ante sus 
ojos. Los búnqueres, arropados por esa negrura, se hacían invisibles y 
prácticamente indetectables y un enrejado amurallado se alzaba, a pocos 
kilómetros, alrededor de éstos. Un centinela, apostado regiamente ante la 
entrada del recinto amurallado, se movía de un lado para otro, recorriendo 
el mismo camino una y otra vez. No entendía qué podía estar vigilando. Sólo 
sabía que tenía que estar allí, que tenía que acatar las órdenes y 
mantenerse alerta. Vigilar lo invigilable. Para eso le habían entrenado, 
para obedecer sin preguntar. El frío de la noche le hacía moverse con 
rapidez. De vez en cuando se sacudía el cuerpo, intentaba mantenerse 
caliente. Una fina pero voluminosa lluvia comenzó a caer sobre el 
infortunado soldado.
 -¡Mierda! ¡Lo que me faltaba para completar la noche!
  El soldado levantó las solapas a la casaca de su uniforme y se ciñó más 
todavía el casco, tapándose casi por completo hasta la nariz. La lluvia caía
cada vez con mayor fuerza. Pronto, al silencio de la noche le destronó el 
repiqueteo unísono de las gotas de agua. El joven soldado se había empapado
prácticamente por entero; aún así seguía en su puesto; firme y con los 
brazos en cruz, calentándose las manos. Volvió a moverse de un lado a otro 
de la entrada. El suelo se había convertido en un barrizal resbaladizo. Sus
pisadas se transformaban en pequeñas huellas que muy pronto eran cubiertas 
por el agua. El arma, apostada a su espalda, parecía tener vida propia al 
moverse conjuntamente con el muchacho. Éste intentaba pensar en algo 
agradable que le alejara por unos instantes de aquella infructuosa noche.
Soñaba con el calor de su hogar, donde su mujer y su hijo le colmaban de 
cariño. Soñaba con la lumbre de la chimenea; esa lumbre a donde tantas veces
se había ido a refugiar en los duros inviernos y cuyo calor se esparcía por
toda la casa. Soñaba....... Un estruendoso pitido le devolvió de inmediato
al mundo real. Apto seguido, el soldado se introdujo en el recinto y cerró 
la verja. Corriendo llegó al primer búnquer. Sin pensarlo accionó la palanca
y abrió la puerta de par en par. 
 -¡Qué demonios ocur............
   No pudo terminar la frase. Un proyectil se alojó en su cabeza. El 
muchacho cayó sin vida al suelo. Rápidamente una figura atravesó el umbral
de la puerta, la cerró concienzudamente y se dirigió hacia la verja. 
Caminaba con dificultad. Sus movimientos eran bastos y parecía ocultar algo
entre sus ropas. La oscuridad era su aliada y la arropaba a expensas de sus
perseguidores. A duras penas logró saltar la verja y después se ayudó de la
noche para ocultarse y desaparecer. 
  Por fin la puerta del búnquer se abrió y un pequeño grupo de hombres 
armados salieron de su interior. Abrieron la verja y continuaron la búsqueda
por el exterior del recinto amurallado. Dos hombres con batas blancas los 
siguieron. Un tercer hombre se quedó atrás, observando el cuerpo inerte del
joven soldado. De entre sus manos dejó caer una diminuta arma y al salir al
exterior sacó de su bolsillo un teléfono móvil. Marcó un número y se mantuvo
a la escucha.
   Piiiiiii ...... Piiiiiiii ......
 -Sí, ¿quién es? -Una voz grave sonó a través del interfono.
 -Señor, soy yo, Nails.
 -Le dije que no me llamara....
 -Lo sé señor, pero ha habido cambios.
 -¡Explíquese!
 -"Alfa" ha abandonado de nuevo el nido.
 -¿Quééééééé? -A través del teléfono se oyó un golpe seco sobre una mesa, 
respiración precipitada y de nuevo esa voz.- ¡Imbéciles! ¿Es que siempre os
pasa lo mismo? ¿No sabéis hacer nada? -La voz sonaba un tono más grave que 
al principio.
 -Señor, nosotros.....
 -¡Cállese! Ya es la octava vez que ocurre. ¡Salid en su busca!
 -Eso estamos haciendo, señor, pero...... -el hombre de bata blanca se 
detuvo antes de seguir hablando, tragó aire y continuó,- .........esta vez 
ha logrado escapar con uno de los discos.
 -¡Maldita sea! ¿Sabe lo que ocurrirá si los datos de ese disco compacto 
llegan a manos indeseadas? ... Pagaréis por ello, es más, sabe qué?... pues
que buscaré a un chivo expiatorio. ¿Adivina usted quién va a ser ese chivo 
expiatorio?
 -Señor no se preocupe, conseguiremos traerle de vuelta ese disco.
 -No sólo quiero el cd, señor Nails, sino que también quiero que me traigan
a "Alfa". Ya sabe que lo necesitamos para nuestros planes futuros. No le 
hagan ningún daño....... pero si esto es extremadamente necesario....... 
produzcanle el mínimo.
 -Pierda cuidado, señor..... ¿señor?
  La conversación había concluido. Nails apagó su teléfono y volvió sobre 
sus pasos hacia el interior del búnquer. Sabía lo que tenía que hacer; lo 
que varias veces ya había hecho con anterioridad. Tenía que eliminar 
cualquier vestigio del experimento. No debía quedar rastro alguno. Nails 
miró al soldado que estaba exánime en el suelo. Le miró con compasión y 
resentimiento. Tras ello, cerró la puerta del búnquer.

 Base Aérea de Kirtland
 Nuevo México
 2:14 a.m.

  El cabo de guardia hizo parar el coche en la entrada de la Base. Tenía 
que cerciorarse sobre quién entraba y quién salía. La ventanilla del 
conductor se bajó lentamente, apareciendo una humareda y tras ella un hombre
de ceñudo aspecto que entregó un pase al cabo. Éste le dejó pasar anotando 
en su hoja de servicio la hora y el nombre del individuo al que acababa de 
permitir la entrada a la Base.
  El coche continuó por las calles, entre los barracones, hasta llegar a una
casa de ladrillos rojos y negros que había en el centro de la Base. El 
hombre, que llevaba un cigarrillo en la boca, detuvo el coche y se bajó de
él. Subió las escaleras y llamó a la puerta. Un hombre con uniforme le abrió
y le dejó entrar.
 -Pase, le estaba esperando.
  Los dos hombres se sentaron con sombrías caras en un sofá de color oscuro.
El hombre del coche le dio una calada a su cigarrillo y se quedó mirando al 
otro hombre, esperando a que este último hablara.
 -Ha vuelto a ocurrir -dijo en tono de preocupación el hombre con uniforme.
 -Vamos, Mayor. Sabe perfectamente que lo ha hecho otras veces; no ha sido 
la primera vez que se ha escapado y siempre han sido huidas infructuosas.
 -Sí, pero esta vez ha conseguido llevarse uno de los discos.
 -Mayor Swicht, usted sabe que ese disco compacto es la única prueba 
tangible para acabar con mucha gente, con mucha gente importante.... -el 
hombre hizo una breve pausa, momento que aprovechó para encender otro de 
sus cigarrillos y continuó hablando-, ....incluidos nosotros.
 -Lo sé. Los soldados están haciendo todo lo que pueden. Pero esta vez....
 -Pero esta vez nada, Mayor. Su responsabilidad ha sido enorme y se le ha 
escapado de las manos. Sepa que si esto se descubre el primero en caer será
usted.
 -Mis hombres lo encontrarán.
 -Sus hombres son unos ineptos. Ya le han dejado escapar varias veces. Si 
no lo encuentran en un plazo de tres horas habrá conseguido escapar.... y 
lo que es peor -el hombre se levantó del sofá y caminó hacia la puerta-, se
habrá llevado el fruto de nuestro trabajo.
 -Lo encontrarán, tienen que encontrarlo.
 -Por su bien, Mayor, espero que así sea.
  El hombre del cigarrillo abandonó la estancia dejando tras sí unos 
pequeños y frágiles haces de humo. Montó en su coche y se alejó de la Base
Militar, dejando al Mayor Bouger Swicht pensativo en las escaleras de la 
casa.

 Apartamento de la Agente Especial Dana Scully
 Washington, DC
 5:27 a.m.

  Dana se encontraba despierta, se había levantado y se estaba preparando 
un té. No había podido pegar ojo durante toda la noche. Estaba demasiado 
nerviosa y alterada para poder dormir. Recordaba cada momento de la noche 
anterior. La noche que se había quedado de guardia con su compañero, Mulder.
Los dos allí, solos, en ese viejo coche. Cuánto hubiera dado por un simple 
abrazo, por una caricia, por un "te quiero". Pero Mulder se mostraba 
indiferente, pensativo, huidizo.... Scully se avergonzaba de haber pensado
así; ella, la auténtica personificación de la perfección humana, de la 
ciencia y del raciocinio, ¿cómo había podido dejarse llevar por semejantes
pensamientos?. Se encontraba molesta consigo mismo por haber tenido esas 
"malévolas" intenciones. Estaban de guardia y eran amigos .... solo eso. No
hubo nada más y no lo habría jamás. Ella lo sabía e intentaba concienciarse
de ello, asumirlo; pero le costaba porque sin quererlo, a lo largo de todos
estos años de continuo trabajo junto a Mulder, había ido creciendo en su 
interior un pequeño sentimiento que ahora se hacía palpable al ser mayor; se
había enamorado de ese hombre siniestro al que todos habían tachado por loco,
pero al que ella había logrado entender como ninguna otra persona había 
intentado hacerlo hasta ahora; y había descubierto que dentro de esa dura 
corteza que le envolvía había escondido un hombre con sentimientos, capaz de
amar y de sentir como cualquier otro. Un amor platónico, casi imposible; 
eran dos polos opuestos y su trabajo.... ella lo sabía; los dos habían 
luchado mucho por estar donde se encontraban. Tenían brillantes carreras y
futuros por delante. No podían echarlo todo por tierra. No podían permitirse
un desliz. No podían tener lo que otros sí podían: amor.
  Dana suspiró apenada al darse cuenta de que nunca podría ser feliz.... de
que nunca podría tener al hombre que amaba..... al darse cuenta de que 
trabajaba y trabajaría con el hombre al que siempre le pertenecería su 
pequeño corazón enamorado. 
  Una breve ensoñación la hizo sonreír levemente. Se imaginaba junto a 
Mulder; los dos abrazados, besándose y apartándose fugazmente las ropas el
uno al otro. No había mundo alguno que los rodeara, ni guerras, ni 
psicópatas asesinos, ni hambre, ni pobreza, ni muerte.... tan solo ellos 
dos y su benévola felicidad. Felicidad que lo completaba todo, que lo 
llenaba todo, incluso sus vidas, dándoles sentido a su solitaria existencia.
  La tetera comenzó a chillar frenéticamente advirtiendo de que su contenido
ya estaba lo suficientemente caliente. Su patético gemir la hizo regresar a
la realidad, al mundo de los mortales, donde de nuevo, ella sería 
simplemente Dana Scully, la solitaria y eficiente agente del FBI.
  Llenó una taza del líquido transparente con sumo cuidado, sin derramar ni
una gota. El humo se dejaba ver fácilmente y con movimientos sinuosos 
parecía estar escalando a través del aire, subiendo poco a poco, hasta 
llegar a lo más alto. Levantó la taza y acercó sus labios a su borde. La 
inclinó y bebió suavemente, deslizando por su garganta una pequeña cantidad
de líquido. Al momento soltó la taza e irrumpió en un grito. Levantó la tapa
de la tetera y se cercioró de que no había colocado una de las bolsitas de 
hojas para dar sabor al agua. Meneó la cabeza en señal de desaprobación y 
levantándose de la silla se dirigió a un cajón del lado derecho de la 
cocina. Lo abrió y de él sacó una cajita. La cajita contenía varias bolsitas
de té de menta, su preferido. Introdujo una dentro de la tetera y esperó 
unos minutos a que su contenido tiñera el agua. Cogió otra taza y nuevamente
la llenó, pero esta vez de un líquido verde claro transparente.
  De pronto, alguien llamó con los nudillos a su puerta. Unas gotitas de té
se cayeron descuidadamente sobre la mesa. Miró el reloj de la cocina: 5:44 
a.m.. No se podía imaginar quién podría llamar a su puerta a esas horas de 
la madrugada. Se dirigió hacia la entrada. La llamada se repitió por segunda
vez, pero esta vez fuera quien fuera insistió profundamente. Miró por la 
mirilla. Todo estaba oscuro. No veía nada. De nuevo los golpes sobre la 
puerta.
 -¿Quién es? -preguntó con voz entrecortada.
 -Scully soy yo, Mulder, abre.
  Esa voz... la reconoció enseguida. Era él. Allí estaba. Había ido a verla.
Pero... ¿qué quería? ¿estaría borracho? ¿estaría en problemas? ¿por qué 
habría ido a verla a esas horas? Scully abrió la puerta. Mulder entró.
 -Scully, date prisa, vístete.
 -Pero, ¿qué pasa?
 -No hay tiempo para explicaciones, te lo contaré por el camino.
 -No Mulder -insistió Scully-, dime de qué se trata ahora, por favor.
 -Skinner quiere vernos a los dos en su despacho ahora mismo. 
 -Pero, ¿qué es lo que pasa? -preguntó Scully asombrada.
 -Alguien ha logrado acceder a la base de datos privada del FBI, se ha 
paseado a sus anchas por las fichas del personal, incluidas las nuestras, y
ha dejado como regalo el siguiente mail. 
  Mulder sacó del bolsillo de su chaqueta un papel doblado. Lo desdobló y 
se lo enseñó a Scully.
 -Skinner me lo envió por fax. ¿Qué te parece?
  Scully leyó en alto.
********************************
   De: X
   Para: Mulder y Scully
   Asunto: Ratones!!!
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   Dos ratones de biblioteca buscan afanosamente un escondido queso.
   A través de historias intentan dar con su paradero.
   Desconocido les es.
   Un pequeño minino sabe de su escondrijo.
   Pero grandes perros le quieren morder.
   Si los perros desaparecen, el minino dará con el queso; y mucho más, 
   dará con la vaca que dio la leche para hacer el queso.

   P.D.: ¿Dónde se reúnen los dos ratones cuando acaba el día?
*********************************
 -Vaya!! -dijo Scully-, parece un acertijo. Pero.... ¿quiénes son los 
ratones, los perros y el minino? ¿qué es el queso, la vaca y la leche? Y 
sobretodo ¿quién es "X"?
 -No lo sé, Scully, yo estoy igual que tú. -Mulder se guardó la hoja en su
bolsillo-. Además, lo que me sorprende de verdad es que vaya dirigido 
personalmente a nosotros dos. ¿No te parece extraño?
 -No sé qué pensar, Mulder. A lo mejor es una chiquillada de algún 
adolescente que aburrido de hacer las típicas bromas a sus compañeros ha 
decidido alegrarnos el día.
 -Oh, vamos Scully! Cómo puedes pensar eso! -Mulder miró a Dana; ésta 
sonrió- Lo mejor será ir a ver a Skinner, a ver qué puede contarnos.
   Scully se fue a su habitación para vestirse; mientras Mulder, viendo la
taza de té, se dispuso a echar un trago. Al rato Dana y él salían del 
inmueble y se introducían en un coche con dirección al Edificio Federal.

 Oficina Central del F.B.I
 Washington, DC
 6:24 a.m.

  El edificio se alzaba solemne ante los dos agentes del FBI mostrando su 
lado más misterioso, siniestro y oscuro. A esas horas de la madrugada, la 
luz del día aún no había despuntado y una oscuridad cada vez más diáfana 
envolvía por completo la blanquecina faz del Edificio Federal. El ajetreo y
bullicio al que estaban acostumbrados a ver, Mulder y Scully, durante el 
día, se había transformado en esas horas en algo tranquilo, sereno y 
apacible. Poco movimiento, singulares personajes y ninguna visita programada
tanto de colegios como de turistas. A pesar de todo, los guardias de 
seguridad seguían apostados ferreamente en sus puestos, examinando y, de ser
necesario, registrando a los viandantes que, a pesar de tratarse de una hora
precoz, osaban introducirse en el complejo Federal. Fox y Dana pasaron al 
interior del edificio, como siempre, por la puerta que estaba destinada a 
los empleados del inmueble. Se dirigieron hacia uno de los ascensores de 
servicio y tocaron el botón correspondiente a la planta en la cual se 
encontraba el despacho del director adjunto Skinner. Una vez allí, la 
secretaria de Walter les hizo aguardar unos instantes mientras le comunicaba
a Skinner la llegada de ambos agentes. A través del interfono se oyó la voz
del director: "hágales pasar inmediatamente". Al momento y con una hermosa 
sonrisa, más bien dirigida a Mulder que a Scully, les abrió la puerta del 
despacho del director adjunto y moviendo su brazo derecho les hizo ademán 
para que pasaran a su interior. Skinner se encontraba ojeando el contenido 
de ciertos documentos. Sin levantar la vista de su quehacer, les indicó que 
tomaran asiento. Al rato, dejó de revisar el material que tenía entre sus 
manos y comenzó a hablar.
 -Bueno, -dijo Skinner dirigiéndose a Scully-, me imagino que Mulder ya la 
habrá puesto al corriente de lo ocurrido.
 -En efecto, así es. -Respondió Dana.
 -Al respecto tengo que comentarles que hay un pequeño inconveniente.   
Skinner se recostó sobre el respaldo de su sillón-. Verán, nuestro equipo 
de investigación de delitos informáticos no ha sido capaz de descubrir ni
una sola pista sobre la supuesta persona que ha urgado a sus anchas por 
entre archivos secretos federales o, en su lugar, su posible paradero. 
 -¿Nos está diciendo -inquirió Mulder-, que el órgano de investigación 
nacional más poderoso del mundo no es capaz de descubrir absolutamente nada
acerca de la persona o personas que ha o han violado uno de los sistemas 
informáticos más protegidos del planeta?
 -Aunque me cueste creerlo, es verdad. -Asintió Skinner-. No tenemos nada; 
nos encontramos con las manos completamente vacías. Es como si se tratara 
de un fantasma. Quien haya sido, sabía perfectamente lo que buscaba, dónde
buscarlo y, sobretodo, evitar encuentros molestos y futuros con el FBI. 
 -Quizá se trate de un hacker, de un pirata informático. -comentó Scully.
 -Puede ser. Aunque no estamos del todo seguros, no descartamos esa 
hipótesis. 
 -Señor, -dijo Scully-, nos encontramos ante una persona con una mente 
prodigiosa, muy por encima de los demás; es decir, nos encontramos ante un
ser humano que por naturaleza es bastante inteligente, cuyo mundo parece 
girar entorno a los sistemas informáticos, a los ordenadores y a las amplias
posibilidades de juego que sus elevados conocimientos en dichas materias le 
ofrecen; capaz de saltarse cualquier código de seguridad sin ningún tipo de 
esfuerzo por su parte y lo que es más importante, capaz de hacer desaparecer
el más mínimo rastro que haya podido dejar en el transcurso de su incursión 
a uno de los tantos sistemas que haya podido asaltar. Esta descripción es 
una de las tantas que hay para definir a un hacker. ¿Acaso nuestro incursor
no se ajusta bien a este modelo?
 -Como bien dice la Agente Scully, en teoría debería tratarse de un pirata 
informático. Pero... si les soy sincero, dudo mucho que lo sea. 
 Skinner se levantó del sillón, recogió alguno de los papeles que 
anteriormente había estado mirando y se los entregó a Mulder y a Scully. 
 -Un pirata -continuó Skinner-, ataca un sistema para llevarse algo de él o
simplemente para dejar huella y constancia de que ha estado allí. Pero la 
persona que ha entrado en nuestra base de datos no se ha llevado nada, no 
ha cambiado nada, ni ha introducido nada; no ha dejado ni su marca ni sus 
huellas, tan sólo ha visto y se ha ido. Lo único que hace es dejar mails 
dirigidos a ustedes dos; como el que tienen ahora en sus manos y que ha 
llegado hace un par de minutos. Esto me tiene un tanto desconcertado; aún 
así, pienso que está intentando pedirles ayuda en lugar de causarles mal 
alguno.
 Mulder leyó el mail en voz alta.
***************************************                     
   De: X
   Para: Mulder y Scully. 
   Asunto: Ratones y Más Ratones!!!
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  Al minino la carne no le gusta.
  El minino vegetariano es.
  A los perros la carne les gusta.
  Los perros matan para su apetito saciar....
  .....o para algún hueso "esconder".

 P.D.: 2+2 y 4Nn; 2+1 y 5Ee. (W)
****************************************
 -Esto sigue siendo un galimatías. -Dijo Mulder-. ¿Por qué habrá destacado
la palabra "esconder"? Y ¿qué querrán decir esos números y esas letras al 
final?
 Mulder leía y releía una y otra vez el mensaje. Intentaba dar una 
explicación lógica a los pocos datos que se le presentaban ante sus ojos. Se
quedó en silencio, pensativo. El teléfono del director adjunto comenzó a 
sonar con un estrepitoso zumbido. Skinner lo descolgó y mantuvo una breve 
comunicación con el exterior. Finalmente depositó nuevamente el auricular 
en su sitio y dirigiéndose hacia ambos agentes les dijo:
 -Lamento tener que dejarles, pero han solicitado mi presencia de inmediato.
Tan sólo me resta decirles que yo sé tanto como ustedes sobre este tema. 
Intenten averiguar todo lo que puedan al respecto y mantenganme informado en
todo momento. 
 Scully y Mulder salieron del despacho y se dirigieron en silencio hacia el
ascensor de servicio. Una vez dentro, Scully apretó ligeramente con su dedo
índice el botón "S". El ascensor se puso en marcha, bajando rápidamente 
hacia el sótano, parada obligatoria de los dos agentes. Antes de que Mulder
abriera la puerta a su recluído y lamentable despacho, Scully le preguntó:
 -Mulder, ¿qué te pasa?
 Mulder no respondió. Se limitó a entrar y a dejarse caer ensimismado sobre
su destartalada silla. Scully le siguió con la mirada.
 -Muuulderr.... -inquirió Scully extrañada-, ¿por qué te comportas así? ¿qué
te ocurre? Desde que leíste este último mail no pareces tú mismo. ¿Qué es lo
que has averiguado que te ha cambiado tan radicalmente?
 -44, 35 -murmuró Mulder.
 -¿Cómo dices? ¿No entiendo que quieren decir esos números o qué interés 
pueden tener con el mail que hemos recibido?
 -44 Grados Norte y 35 Grados Este, eso quieren decir. Es una situación 
geográfica. 
 -Estupenda deducción, Mulder. A veces me sorprendes. -Scully sonrió-. ¿No
debería ser yo la que haga este tipo de averiguaciones? -comentó Scully en
tono irónico.
 -Lo sé porque esas coordenadas las he escuchado un montón de veces en boca
de mi padre.
 -Vamos, Mulder, -comenzó a decir Scully-, es imposible....
 -Es el lugar exacto.... -le interrumpió Mulder-, ...donde desapareció mi 
hermana.
 Scully le miró desconcertada.
 -Tras la desaparición de mi hermana, mi padre comenzó a tener pesadillas y
a hablar en sueños. En ellos siempre pronunciaba estos dos números. Yo, por
aquel entonces joven como era, no sabía qué podían significar. Hasta que un
buen día lo descubrí. Gracias a la regresión hipnótica a la que me sometí en
Junio del 89, averigüé que la desaparición de mi hermana recaía en fuerzas 
extraterrestres. Aunque ya era demasiado tarde para pedir explicaciones y 
menos a mi padre que desde la desaparición su vigilia se convirtió en 
interminable, he intentado desenmascarar la verdad. Era lo único que podía
hacer y que en esos momentos deseaba hacer. No se puede negar lo evidente.
Por eso, Scully, siempre he creído en lo increíble, en lo impredecible, en
lo inaudito, en lo insólito...  Siempre buscando esa verdad. Una verdad 
escondida, desfigurada, disimulada, impalpable... La verdad de lo sucedido.
La verdad de todo. La única verdad. -Hizo una breve pausa-. Nadie más sabía
lo de esos números. Nadie. Te lo aseguro. Ni siquiera el Departamento de 
Estado para el cual mi padre trabajaba.
 Mulder se levantó de la silla y miró atentamente a Dana.
 -No te das cuenta, Scully,  -continuó Mulder-, esa persona que nos deja los
mails sabe cosas muy personales, íntimas y concretas de nosotros o por lo 
menos de mí.  Nos conoce, Scully, y nos conoce muy bien.
 -No sé qué pensar. Me parece extraño que alguien tenga esos conocimientos 
tan elevados sobre ti. Y si te equivocas?
 -Vamos, Scully, sabes de sobra que mis corazonadas son siempre las 
acertadas. Casi nunca me equivoco. Y en esto estoy muy seguro.
 -Pero, ¿por qué 44 Grados Norte y 35 Grados Este?
 -Verás, en la post data pone "2+2 y 4Nn; 2+1 y 5Ee". Dos más dos son 
cuatro; cuatro y cuatro son cuarenta y cuatro; y la "N" es la abreviatura
de Norte. Lo mismo ocurre en el otro caso. Dos más uno son tres; tres y 
cinco son treinta y cinco; y la "E" es la abreviatura de Este. Si hubiera 
querido que sumáramos "cuatro y cuatro" o "tres y cinco"  no habría puesto 
la "y" en el medio, sino el signo de la suma como en los anteriores casos 
(2+2; 2+1). Por eso pienso que son 44 Grados Norte y 35 Grados Este. Y la 
verdad es que tienen que ser, pues son cifras que conozco muy bien.
 -¿Y qué significa la "W"?
 -No lo sé.
 -¿No te recuerda a nada?
 -No, por el momento no. 
 -¿No sabes de nadie que te pueda conocer tan profundamente?
 -No, Scully. Ni siquiera tú me conoces así.
 -¿Por qué alguien -comenzó a decir Scully-, se habrá tomado tantas 
molestias para indagar en tu pasado? ¿Qué querrá?
 -No lo sé; pero si lo que quería era llamar mi atención, lo ha conseguido.
 Riiiiiiiiiiiiiing....... Riiiiiiiiiiiiiiing.....
 El teléfono comenzó a sonar. 
 Riiiiiiiiiiiiiing........ 
 -Aquí el Agente Mulder, ¿dígame?
 -Señor Mulder, soy el Agente Joyd, Harold Joyd, del departamento de delitos
informáticos del FBI. 
 -Usted dirá.
 -Skinner me ha informado de que es usted y su compañera quienes ahora se 
ocupan del caso del hacker. 
 -Sí, así es.
 -Verá, señor Mulder, nuestro departamento ha descubierto algo bastante 
interesante.
 Mulder tapó el auricular con su mano izquierda.
 -Es del departamento de delitos informáticos. Han averiguado algo. ¡Por 
fin! -Le susurró a Scully mientras mostraba una pequeña sonrisa de triunfo 
en su rostro.
 -¿Señor Mulder? ¿Sigue ahí?
 -Por supuesto que sí. Pero, dígame, de qué se trata? Qué han descubierto?
 -Bueno, es algo difícil de creer; de hecho hemos tenido que comprobarlo 
tres veces hasta estar plenamente seguros. -Joyd se silenció unos instantes;
después continuó.- Hemos averiguado que ambos mails han sido enviados desde
el interior de este edificio Federal.
 -¿Cómo dice?
 -Pues que han sido enviados desde uno de los despachos de este edificio y,
más concretamente, desde su oficina, señor Mulder.
 -Pero, cómo es posib..... ¿Está seguro de ello?
 -Completamente. Ya le he dicho que lo hemos comprobado tres veces. 
 -Gracias por la información, Agente Joyd.
 -Espero que le sirva de ayuda. Por nuestra parte, seguiremos investigando,
si hay nuevas se lo comunicaré. Adiós.
 Mulder colgó el auricular.
 -¿Qué ocurre? -Preguntó Scully.
 -Los mails han sido enviados desde este despacho y supuestamente desde 
este ordenador. -Mulder señaló hacia su mesa.
 -Pero eso es imposible.
 -Scully, en esta vida nada es imposible.
 Mulder levantó de nuevo el auricular y marcó un número.
 Piiiiiiiiiiiiii........ Piiiiiiiiiiiiiiii......
 -Soy el Agente Mulder, Fox Mulder, necesito que algún agente del 
departamento de criminología se presente de inmediato en mi despacho.
 -.........!
 -Muy bien, aquí estaré.
 Nada más colgar el teléfono, éste sonó de nuevo.
 Riiiiiiiiiiiiiing.......... Riiiiiiiiiiiiiing.........
 -Agente Mulder al habla, ¿dígame?
 -.........!
 -Sí, ahora mismo vamos.
 Scully miró a Mulder. Esperaba respuestas a lo que estaba ocurriendo. Sin
embargo, Mulder continuó sin decirle nada; escribió en un papel: "No se 
vaya. Regresaremos en unos instantes", le puso un trocito de cinta adhesiva
y dirigiéndose hacia la puerta, lo puso sobre la misma.
 -Vamos, Scully! -Dijo desde el umbral de la entrada.- Skinner quiere 
vernos en su despacho de inmediato. Te contaré todo por el camino.

 Área 51-Dreamland
 Base Secreta Experimental
 Noroeste de las Vegas
 Nevada
 8:56 a.m.

  Como por arte de magia, la remota Base había cobrado vida y ahora dejaba
entrever un movimiento inusual en ella. Huestes de soldados, al igual que 
los regimientos de pequeñas hormigas, se trasladaban por todo el perímetro 
circundante de la Base. Tan pronto como una pequeña tropa se introducía en 
el recinto amurallado, otra de igual número de hombres volvía a salir. 
Había actividad por todas partes, incluso dentro de los búnqueres. No cesaba
de entrar y salir tanto personal militar como personal científico. Unos 
camiones del ejército, apostados a la entrada del primer búnquer, estaban 
siendo cargados con diversas cajas herméticas por una dotación de soldados.
En el interior del búnquer la situación no era muy diferente. Varios 
hombres, vestidos con uniforme y con aparente prisa, se ocupaban de vaciar 
la sala donde se hallaban.  Entre ellos se encontraba Nails. Ya no llevaba 
puesta su bata blanca, sino un uniforme militar que mostraba varios galones
y alguna que otra diminuta medalla. Daba órdenes con voz firme y aunque se
mostraba calmado, en el fondo se encontraba bastante nervioso y preocupado.
Sabía que había vuelto a fallar. Él estaba a la cabeza del proyecto y había
fracasado nuevamente como en ocasiones anteriores. La gente para la cual 
trabajaba no le permitiría cometer un sólo error más. Tampoco hubieran 
permitido los anteriores, pero..... se los habían perdonado puesto que le 
necesitaban. Necesitaban sus conocimientos, su inteligencia, sus 
descubrimientos, su investigación.... Ahora era distinto. Sabía que 
contaban con la ayuda de un hombre muy parecido a él en cuanto a 
conocimientos científicos se refería. Así que él sabía que ya no era 
imprescindible. Sabía que podían deshacerse de él en cualquier momento. 
Si no hubiera fallado, tal vez le permitirían seguir con el proyecto. Pero
ahora, ya nada le importaba..... salvo su propia vida. Desde el mismo 
momento en que aquel soldado, horas atrás, le había comunicado que la 
búsqueda había sido infructuosa, se dio cuenta de que su vida corría 
peligro. No encontrar a "Alfa", suponía la perdida de todo su poder, de 
toda su grandeza y, en definitiva, de todo su ser. Sabía que no podía huir;
ellos le encontrarían, le darían caza como a un animal salvaje, al igual 
que habían hecho con "Alfa" en sus anteriores huidas. Suplicar.... sólo le
quedaba suplicar y esperar. Esperar a que le dieran una nueva oportunidad. 
Había jugado con fuego y se había quemado. Sabía que con esa gente para la 
cual trabajaba de forma clandestina, los errores se pagaban con la vida. 
  Una de las cajas herméticas, que dos soldados intentaban sacar al exterior
para introducirla en uno de los camiones, se cayó al suelo produciendo un 
fuerte sonido.
 -¡Pandilla de inútiles! -Gritó Nails a los soldados.- Vais a destruir lo 
poco que queda. 
  Agachándose, Nails se dispuso a ayudar a los soldados con la caja. De 
improvisto, aparecieron dos hombres uniformados y fornidos que portaban
sendas armas y tras ellos un tercer hombre con un cigarrillo en su mano.
 -Déjennos solos. -inquirió el hombre del cigarrillo.
 Todos los soldados que estaban recogiendo la sala abandonaron la misma, 
dejando a Nails, al hombre del cigarrillo y a sus dos misteriosos 
acompañantes en ella.
 -Bueno, bueno, ¡qué pequeño es el mundo! ¿verdad señor Nails? 
 El hombre del cigarrillo escudriñó la sala sin perder detalle.
 -Ya veo que tenía prisa por marcharse.
 -Puedo explicarselo todo.....
 -No, señor Nails. Hoy no tengo ganas de escucharle una de sus patéticas 
disculpas. -Puso el cigarrillo en su boca, le dio una profunda calada y 
continuó hablando.- Sabe a qué he venido; lo sabe, ¿verdad? 
 -Por favor, deje que le explique.
 -No, señor Nails. Nos ha fallado de nuevo, pero esta vez será la última.
 -Por favor..... escúcheme....
 El hombre del cigarrillo hizo una pequeña señal y al momento uno de los 
dos robustos soldados cogió a Nails por la espalda inutilizándole los 
brazos por completo; mientras, el otro soldado sacó de su bolsillo una 
pequeña cajita. Al abrirla puso al descubierto una diminuta jeringuilla 
cuyo contenido era totalmente cristalino.
 -Noooo, por favooor..... aún le soy de gran ayuda. No prescinda de mis 
conocimientos.
 -Señores, -dijo fríamente el hombre del cigarrillo,- terminen su trabajo.
 -Nooooooo...... Noooooooooo......... Noooooooooo.............
 El hombre dejó de fumar, tiró su cigarrillo al suelo y lo pisó varias 
veces para terminar de apagarlo por completo. Se dirigió hacia la puerta 
y salió al exterior del búnquer, dejando tras sí unos ahogados gritos en 
su interior que poco a poco se fueron extinguiendo.

 Despacho del Director Adjunto Walter Skinner
 Oficina Central del F.B.I
 Washington, DC
 9:37 a.m.

   Mulder y Scully entraron de nuevo en el despacho de Skinner. El director 
adjunto mantenía una airada conversación telefónica y al ver entrar a los 
dos agentes, levantó la mano derecha y señalando con el dedo índice hacia el
cielo, les hizo ademán de que aguardaran un rato. Mulder miró a Scully 
intrigado. Scully tomó asiento. Finalmente Skinner colgó el teléfono.
 -Olvídense del caso del hacker. -Dijo seriamente.
 -Pero señor, -inquirió Mulder,- estamos a un paso de saber quién es y....
 -¡Lo siento! -le interrumpió Skinner.- Se ocuparán de ese caso más tarde. 
Ahora les necesito para que lleven a cabo una nueva investigación mucho más
importante. 
 Scully y Mulder se miraron sorprendidos.
 -Ha aparecido un hombre en pleno desierto, completamente desnudo y con el
rostro y las manos totalmente desfigurados. 
 -¿Ese tipo de casos no los llevan las autoridades locales? -Preguntó 
Mulder.
 -Así es. Pero han solicitado que la Agente Scully lleve a cabo la autopsia
del cadáver.
 Scully y Mulder volvieron a cruzar sus miradas aún más sorprendidos.
 -Sé que suena extraño... pedir la intervención de un Agente Federal en 
una investigación local. Les diré que mi superior así lo ha estimado 
conveniente, después de haber recibido un mail en el que se solicitaba 
vuestra ayuda en la investigación.
 -¿Un mail?
 -¿De quién? -Preguntó Scully.
 -De un tal....... Phoenix, Juez..... Willmoor..... Phoenix..... 
 Skinner rebuscó por entre los papeles que tenía sobre su escritorio.
 -¿John Willmoor Phoenix?
 Skinner comprobó el nombre en la hoja que había cogido.
 -Pues sí, efectivamente, Agente Scully, ese es el nombre: John Willmoor 
Phoenixx. Qué curioso, Phoenixx aparece escrito con doble "x". ¿Le conoce?
 -No. 
 Mulder miró a Scully perplejo. La conocía demasiado bien como para saber
que en aquellos momentos estaba mintiendo; pero ¿por qué?
 Los dos hombres dirigieron sus miradas hacia Scully, esperando que diera 
alguna respuesta más a su escueto y conciso "no".
 -La mayoría de los jueces -dijo- se llaman "John".
 Mulder se quedó aún más sorprendido ante esa respuesta insustancial e 
incoherente. Lo dejó estar.
 -¿Un juez ha solicitado nuestra ayuda en la investigación de un crimen? 
-increpó.
 -Pues sí. -Comentó Skinner.- Parece que se trata de un caso importante. 
 El director adjunto cogió unos dossiers de su escritorio y se los entregó 
a Mulder y a Scully.
 -Aquí tienen el historial del caso. Bueno, lo poco que hay y que nos han 
enviado desde Nevada por fax. Léanlo, preséntense allí e intenten descubrir
qué ocurre.
 Los dos agentes abandonaron la estancia. Ahora era Scully la que estaba 
pensativa y Mulder se imaginaba el por qué. Cogieron de nuevo el ascensor
para dirigirse al sótano. Esta vez fue Mulder el que pulsó sobre el botón
"S".
 -¿Qué ha pasado con tu integridad? -Preguntó Mulder.
 -¿Mi integridad???? -Respondió Dana.
 -¿Y tus principios?
 Scully le miró un tanto extrañada.
 -Sí, Scully, nunca te vi mentir de una forma tan descarada.
 -¿Mentir?????
 -Vamos, ¿crees que no me he dado cuenta?
 Scully miró a Mulder. Sabía que éste tenía razón. Ella había mentido. 
Quizá fue un acto involuntario de su subconsciente que se reflejó dentro 
de los límites de lo real. Algo que no quería hacer y que finalmente hizo.
Pero él lo había descubierto. Había descubierto que había mentido. A ella 
no le gustaba mentir, sin embargo lo había hecho y de una forma estúpida.
Si Mulder se había dado cuenta, quizá Skinner también. Ahora debía jugar 
con el sentido de la duda. 
 -Tienes razón, Mulder. Conozco a ese hombre.
 -¡Lo sabía! Mis corazonadas nunca fallan. -Mulder sonrió.
 Scully se sintió avergonzada por haber mentido y, sobretodo, por el 
hecho de que Mulder lo hubiera descubierto.
 -John Willmoor Phoenixx fue uno de mis mejores profesores en la 
Universidad de Medicina. Llegamos a entablar una profunda y eterna amistad.
Me enseñó a desenvolverme en el campo de la medicina forense, a razonar y 
a saber leer los cuerpos, que exánimes, se nos presentaban como un libro 
abierto con todos esos signos y señales ilegibles a primera vista y que 
más tarde formaban una historia verídica de lo que les había sucedido.
 -Interesante, pero..... -comentó Mulder,- .....Skinner dijo que se trataba
de un juez no de un profesor de medicina. A lo mejor no se trata del mismo
John Willmoor.
 -Sí, lo es.
 -¿En qué te basas para defender tal afirmación?
 -Pues en su apellido, Phoenixx, lleva doble "x". En una ocasión, unos 
compañeros le preguntaron el porqué de esa doble "x" y él respondió que le
habían puesto doble "x" en honor a su abuelo, quien había luchado 
valientemente durante la Primera Guerra Mundial y el cual, tenía bajo su 
mando un destacamento llamado "x", o lo que es lo mismo... "diez", puesto 
que su regimiento se componía de tan sólo diez hombres, los mejores, los 
invictos. Estaba orgulloso de llevar un apellido tan especial  y muy pocos
sabían el porqué de esa doble "x". -Scully bajó la cabeza unos instantes,
después volvió a levantarla y miró a Mulder.- Hay algo más..... -hizo una
pequeña pausa,- .....John Willmoor murió hace años. 
 Los dos agentes se miraron mutuamente, totalmente desconcertados. ¿Qué 
estaba ocurriendo? ¿Quién, realmente, había solicitado su ayuda? De pronto,
el ascensor se paró bruscamente abriendo sus puertas con un tosco gemido; 
a su frente y con la escasa y tenue claridad que entraba de una de las 
ventanas del final del corredor, se vislumbraba un pasillo nada estrecho y
en el cual se encontraba un hombre de mediana estatura con un maletín. Se
encontraba esperando, apoyado a la pared, al lado de la puerta del despacho
de ambos agentes. Mulder y Scully se dirigieron hacia él. 
 -Llevo aquí varios minutos. -Comentó el hombre un tanto airado.
 -Perdone la tardanza. - Respondió Mulder.
 Fox abrió la puerta del despacho y los tres se introdujeron en su interior.
 -Examine toda la sala. 
 -¿Todaaaa????? -Dijo el hombre sin perder de vista las enormes pilas de 
cajas y de libros que se amontonaban tanto en las estanterías de la 
habitación como en el suelo.
 -Sí, toda. Sobretodo examine con minuciosidad la zona del escritorio y 
del ordenador. ¿Cuánto tiempo le llevará hacerlo?
 -Un par de horas. 
 -¿Un par de horas? -Comentó Mulder asombrado.- No tenemos tanto tiempo. 
Nos han asignado un nuevo caso y debemos viajar de inmediato a otro Estado.
 -Oiga, yo solo dispongo de dos manos y un cerebro. Si quiere una máquina, 
cómprese un robot.
 -Comprobar todo, -dijo Mulder-, no debería llevarle más de tres cuartos de
hora.
 -Usted no está dentro de sus cabales. ¿Sabe todo lo que tiene aquí? Me 
llevará mucho tiempo comprobar cosa por cosa.
 -Ése es precisamente su trabajo. Debería estar familiarizado con él y 
hacerlo lo más rápidamente posible.
 -Sinceramente, usted no está bien. El trabajo que me pide conlleva un 
escrutinio minucioso de todos los lugares y rincones de esta sala. No es 
nada sencillo y si quiere un buen trabajo, requerirá su tiempo. 
 Mulder puso cara de circunstancias. Se iba enojando poco a poco. Aquella 
conversación sin sentido estaba echando a perder el poco tiempo del que 
disponían. Un tiempo que valía su peso en oro.
 -Yo no sé -dijo el hombre,- cómo realizará su trabajo, pero si va contra 
reloj como me está demostrando, me imagino que no tendrá buenos resultados.
 -Disculpe, ¿qué está insinuando?
 La conversación de los dos hombres estaba adquiriendo un cariz 
comprometedor, temperamental y poco a poco subido de tono. Scully intervino
para poner orden y calma entre ellos.
 -Vamos, Mulder, estoy segura de que es un buen profesional, dejémosle 
trabajar. Este tiempo extra nos da la oportunidad de ponernos al día con el
nuevo caso.
 -Ni hablar Scully, no me quedaré a ver cómo este hombre malgasta nuestro 
necesario y escaso tiempo. -Se fue, cerrando la puerta con un débil portazo. 
 El hombre del departamento de criminología ladeó la cabeza de un lado a 
otro un par de veces, quizá promovido por la falta de ética profesional que
Mulder había mostrado hacia su buen quehacer. Colocó su maletín sobre el 
suelo y lo abrió. Se puso unos guantes de látex, cogió una pequeña brocha y
un frasco y comenzó a inspeccionar la estancia en busca de algún indicio 
sospechoso, de alguna prueba circunstancial, palpable y fiable que hiciera
tangible y firme la idea que Mulder sostenía. Éste había informado ya a 
Scully, anteriormente, de por qué había solicitado los servicios del 
departamento de criminología. Si alguien había sido capaz de enviar los 
mails desde aquí, sus huellas o algún vestigio suyo deberían poder ser 
encontrados en esta misma área. Mulder tenía plena fe en esta nueva 
corazonada suya. Había imaginado la existencia de un topo o espía, que 
aprovechando su situación estratégica dentro del FBI, podría estar 
informando de los pasos seguidos por los dos agentes a personas no tan 
ajenas a los "expedientes x" como ellos estimaban. Idea que no carecía de 
fundamento para Mulder, pero ante la cual, Scully se mostraba totalmente 
reticente. 
 Mientras el hombre seguía con su tarea, Scully pensó en Mulder. Desconocía
la causa de su irritación, aunque se la imaginaba. Fija en esta idea, dejó 
divagar sus pensamientos durante unos instantes, después aprovechó para leer
el informe que Skinner les había entregado. El caso no parecía demasiado 
complicado. El cadáver de un hombre de unos treinta y dos o treinta y tres 
años había sido encontrado en pleno desierto y completamente desnudo por los
"Jinetes del Asfalto", grupo de motoristas inermes dedicado exclusivamente 
a recorrer los distintos Estados mostrando sus especiales habilidades con 
las motos. El grupo estaba liderado por Kenn Brahain, un ex marine. Scully 
leyó con avidez las dos páginas que formaban el dossier del caso. No veía 
nada anormal ni interesante que pudiera llamar su atención. Sin duda alguna,
se trataba de un caso normal que perfectamente podían llevar las autoridades
locales. Levantó la vista del informe y miró desinteresadamente al hombre 
del departamento de criminología. Parecía estar ensimismado y absorto en su
trabajo. Se movía con rapidez de un lado a otro, dando pequeñas y delicadas
pinceladas en determinados sitios estratégicos del escritorio, del 
ordenador, de la silla..... Se mostraba bastante competente y buen 
profesional. Scully echó de menos que Mulder no estuviera allí para poder
ver el trabajo que aquel funcionario estaba realizando. Se hubiera dado 
cuenta de que, efectivamente, se trataba de un hábil facultativo, 
experimentado y entendido. Volvió a bajar la vista y continuó leyendo el 
informe. Seguía sin encontrar nada de interés. El cadáver presentaba ambas
manos y el rostro completamente desfigurados. Algo usual -pensó Scully- en
un buen número de asesinos. Tarea que realizaban minuciosamente para que no
fuera descubierta la identidad de su víctima y así no poder relacionarlos 
con el suceso, en el caso de tener un vínculo bastante directo e íntimo. 
Como última anotación del informe aparecía la firma del Sheriff local. Dana
se percató de que había algo escrito en la parte trasera de la hoja. La 
esquina inferior izquierda de la cuartilla revelaba una diminuta anotación,
escrita descuidadamente a mano y cuya caligrafía mostraba el siguiente 
mensaje: "dedo no hallado". Scully se sorprendió por el apunte. 
 -Bueno -dijo el hombre del departamento de criminología-, ya tengo todo lo
necesario para comenzar a cotejar las distintas huellas que he encontrado.
 -¿Cuándo tendrá los resultados? -preguntó Scully despectivamente.
 -Ya sabe cómo son estas cosas. Puedo tardar media hora, como una, como 
cuatro... Si las huellas forman parte de la base de datos del FBI, tendré 
los nombres a quienes pertenecen en menos que canta un gallo.
 Scully sonrió. Parecía tan convincente. 
 -Le daré el número de mi celular... -comentó- ...por si no puede 
localizarnos. Recuerde que mañana mismo nos vamos a otro Estado.
 -No se preocupe, hoy mismo les llamaré.
 Scully volvió a sonreír. Realmente, este hombre, se tomaba en serio su 
labor. Eso le hacía sentirse bien. Saber que no sólo a ella le interesaba 
realizar un buen trabajo. A decir verdad, era lo que más valoraba. La 
sencillez, la rapidez, la seriedad, la constancia...  Pero por encima de 
todo, la eficacia y el buen quehacer. Así, se había convertido en una fría
calculadora, objetiva, imparcial, serena, justa....  Desempeñaba su cargo 
excelente y magníficamente. Ella lo sabía. Y lo sabía, precisamente, por el
hecho de que su padre estuviera orgulloso de ella. Pero él ya no existía. 
Tan sólo le quedaba su recuerdo. Aún así, quería seguir siendo la mejor, 
sacrificándose para honrar a su familia y para que todos se dieran cuenta 
de su valía tanto facultativa como profesionalmente.
 -¡Espere! -dijo Scully- Yo también tengo que ir arriba.
 Dana cerró el despacho del sótano y se dirigió junto con el hombre del 
departamento de criminología hacia la única salida que tenían disponible. El
ascensor se puso en marcha subiendo rápidamente. Scully se bajó en la planta
baja, saliendo a la calle por la puerta principal del Edificio Federal. 
Sabía dónde encontrar a Mulder y hacia allí dirigió sus pasos. El bar de la
esquina era el único sitio fiable donde ambos agentes solían detenerse para
tomar algo, y donde la mayor parte de los funcionarios del FBI se distraían
en sus momentos de descanso. Era un local no demasiado grande, pero 
acogedor. Se podía perfectamente hablar de cualquier cosa sin levantar la 
más mínima sospecha. Las personas que allí acudían, sólo se preocupaban de 
sí mismas y de sus propios problemas. Nadie miraba a nadie. Nadie se 
interesaba por nadie. Ajenas totalmente a todo cuanto les rodeaba. Por eso
les gustaba tanto a Mulder y a Scully; porque frente a la frialdad que 
mostraba el local, se sentían abrigados. Dana entró, examinando velozmente 
el lugar que se encontraba al completo y con enorme bullicio. Al fondo, en 
una solitaria mesa, pudo distinguir a Mulder. Estaba bebiendo y comiendo 
pipas, como siempre, y desde lejos, a Dana le pareció más apuesto que de 
costumbre. Unos mechones de cabello se le caían libremente hacia delante, 
ocultándole parte de su frente. Esto le favorecía aún más, dándole un 
aspecto de galán encantador. Se había quitado la corbata y desabrochado los
dos primeros botones de su camisa, la cual tenía las mangas subidas hasta 
los codos y por cuya abertura principal se dejaba entrever, limitadamente, 
su notable tórax. Bebía con demasiada calma y a cada trago, se tomaba tres 
o cuatro semillas de girasol. Parecía pensativo y disgustado hasta que 
levantó la vista y vio a Dana.
 -¡Eh! ...  ¡Scully! -Levantó su brazo derecho y comenzó a moverlo 
lentamente hacia los lados.
 Dana se acercó y tomó asiento frente a Mulder.
 -¡Vaya! -Comenzó a decir Scully-. Ya veo que sabes aprovechar muy bien "tu
tiempo".
 -Scully... ¿nunca has probado a mezclar pipas con cerveza?
 Dana le miró sorprendida.
 -Pues deberías hacerlo. Estimulan las neuronas cerebrales y te permiten 
pensar con claridad.
 -Bueno,  -dijo Scully-, comprendo por qué lo haces.
 -¿Síííí? ¿Por qué, Scully?
 -Porque necesitas descubrir cosas nuevas, algo que te estimule. Algo que, 
sencillamente, te saque de tu rutina diaria.
 -¡Mmmmm! ¿has hablado como mi psicóloga particular o como mi amiga 
personal?
 -Mulder... sencillamente he hablado como una persona que te conoce y que
sabe cómo piensas.
 -Pues... te equivocas Scully, porque ya he descubierto algo que me 
estimula de verdad y no son precisamente ni las pipas ni la cerveza y ni 
mucho menos los Expedientes x, no mezclemos el trabajo.
 Mulder miró a Dana. Una mirada penetrante y latente hasta lo más profundo
de su persona. Scully apartó la vista ruborizada.
 -Creo -comentó Scully- que la cerveza te está haciendo efecto.
 -Debería jubilarme del FBI y montar mi propia empresa de... -levantó su
brazo derecho, abrió su mano y la movió en el aire-..."pipas con cerveza" 
o.... mejor aún, "cerveza con pipas".... Estoy seguro de que haría una 
fortuna.
 -¡Muuuuulderrrr! -Dana Sonrió. Sabía que estaba bromeando. Pero esos 
planteamientos absurdos, a veces, y esa forma de ver la vida que Mulder 
tenía, le fascinaba. Con él podía esperar cualquier cosa. No sabía por 
dónde iba a salir. Siempre tenía algo nuevo, distinto. Algo que siempre la
hacía reír. En el fondo, le gustaba que Mulder fuera así, como era. Un 
soñador sin freno pero con los pies, de vez en cuando, sobre la tierra. Le
encantaba su forma de ser y su buen talante; y esperaba que nunca cambiase;
que siguiera siendo el mismo, el mismo Mulder.... eternamente.
 -¿Qué tal el funcionario de criminología?
 -Mulder, ese hombre ha realizado un excelente y cuidado trabajo.
 -¿Excelente y cuidado trabajo? ¡Mmmmm! ¡Me sorprendes, Scully!  ¿Le has 
observado?
 -Sí, Mulder. Y puedo asegurarte de que es un buen.....
 -Scully, -la interrumpió-, ¿no te has ruborizado?
 -Mulder, ¿a qué viene eso? -Preguntó extrañada Scully.
 -¡Olvídalo! Solo estaba bromeando.
 Mulder tomó un trago de su cerveza y en silencio pensó: "No recordaba lo 
fría, distante y recta que puedes resultar a veces, Scully".
 -Ha quedado -comentó Dana- de llamarnos tan pronto como tenga los 
resultados.
 -No conseguirá nada.
 -¿Cómo dices?
 -No descubrirá ni una sola huella.
 -Mulder, ¿qué quieres decir? ...  ¡Explícate!
 -Mientras tú perdías el tiempo observando el "buen" trabajo que realizaba
el hombre del departamento de criminología, yo aproveché para ir a ver a 
los Pistoleros Solitarios.
 -¡Vaya! -Comentó molesta Dana-. Veo que efectivamente sabes aprovechar muy
bien tu tiempo.
 -Verás, Scully -Mulder se acercó a ella a través de la mesa-, les conté lo
de los mails y lo que había descubierto el Departamento de Delitos 
Informáticos. Ellos afirman que, de tratarse de un hacker, no deberíamos 
haber encontrado ningún indicio de su paradero tan fácilmente. Es un engaño.
Nadie ha enviado ningún mail desde nuestra oficina. Se trata de una de las 
tantas tretas que estos piratas informáticos suelen utilizar para no ser 
descubiertos. Utilizan un campo de acción disperso a lo largo y ancho de 
todo el planeta. Van dejando pequeños rastros, saltando de un lugar a otro,
para que, si alguien intenta localizar su origen, tenga que ir 
escalonadamente visitando de uno en uno todos los  sitios hasta llegar al
último de todos ellos y que suele ser el verdadero. Esto es una pérdida de
tiempo que los hackers saben emplear muy bien a su favor. Los del 
Departamento de Delitos Informáticos creyeron lo que consideraban más obvio
y fácil. Los Pistoleros Solitarios se introdujeron en uno de los terminales
del FBI e hicieron un barrido para rastrear cualquier posible señal anómala
a nuestro sistema. Encontraron varios puntos de inserción y entre ellos, 
uno que justificaba la existencia del origen de las señales.
 Mulder hizo una pausa. En silencio agarró su vaso de cerveza y se lo 
acercó a sus labios. Bebió con suma calma. 
 -¿Y...? -preguntó Scully intrigada.
 -Pues... -Mulder miró a Dana-, ...creo que en Nevada encontraremos las 
respuestas que buscamos.
 -¿Me estás diciendo que los mails tienen su origen en Nevada?
 -Sí, Scully. Así es. Está claro que alguien quiere ponerse en contacto 
con nosotros. Alguien que sabe cosas tan importantes por las cuales su 
propia vida corre peligro.
 -¿Cosas importantes? -inquirió Dana- ¿Como cuáles?
 -Como el paradero de mi hermana.
 -No, Mulder, otra vez no. 
 -Scully, no te das cuenta. Esa persona conocía detalles muy íntimos y 
personales acerca de mi vida. ¿Cómo entonces te explicas las coordenadas
que nos dio y que coinciden curiosa y perfectamente con el lugar donde mi
hermana desapareció tiempo atrás?
 -No lo sé, Mulder. ¿Y si todo fuera.... una trampa?
 -¿Por qué, Scully? ¿Por qué habría de serlo? ¿Porque sencillamente se 
escapa a tu control, a tu universo de ciencia ordenado en el que todo tiene
una maravillosa explicación lógica y racional?
 Dana se silenció.  Nunca antes había visto a su compañero de esa forma. Tan
exaltado, tan irascible, tan enfadado consigo mismo. Tantos años 
persiguiendo la verdad... era más que un simple capricho, era toda una 
obsesión. Mulder se dio cuenta de la torpeza de su comentario, fuera de 
lugar e impropio. Con rapidez, puso su mano sobre la de Scully y apretó 
ligeramente hasta que la sostuvo por completo entre la suya. Dana le miraba
desconcertada. 
 -Scully, lo siento. -sus ojos no se apartaban de su mirada-. Perdóname. No
sentía lo que decía. Por favor, intenta comprenderme. Intenta comprender lo
que siento. Estoy muy cerca de la verdad. De saber lo que ocurrió realmente.
Todo esto es importante... muy importante para mí. Por favor, no me falles.
Eres la única persona en quien confío plenamente. -Mulder se aproximó 
todavía más a Scully. Estaban cara a cara. Frente a frente. Muy cerca el 
uno del otro-. Te necesito... te necesito, Scully. 
 Suavemente fue acercando sus labios a los de su compañera. Su cabeza 
ligeramente inclinada, sus ojos prácticamente cerrados y sus labios 
dispuestos a sellar esa profunda amistad que ahora se había transformado en
un sentimiento de completa felicidad que colmaba todo su corazón.
 Suavemente... suavemente... cada vez más cerca de sus propios labios... 
cada vez más y más cerca....
 Riiiiiiiiiiiiiing.... Riiiiiiiiiiiiiiiing....
 El celular de Scully comenzó a sonar indiferente ante la escena que estaba
a punto de tener lugar.
 Riiiiiiiiiiiiiing.... Riiiiiiiiiiiiiiiing....
 -Es mi celular.  -Dana sonrió tristemente. Su momento, el momento que 
largo tiempo había estado esperando, se había volatilizado como por arte 
de magia.  Ambos agentes recuperaron la compostura. Aunque sus miradas 
seguían unidas por una fuerza invisible.
 -Agente Scully al habla, ¿dígame?
 -Agente Scully, soy William Green del Departamento de Criminología del FBI.
La llamo para informarle de que las huellas dactilares que anteriormente 
había descubierto en su oficina se corresponden con las de su compañero, 
Fox Mulder, y con las suyas propias. Lo siento. Allí no había ninguna otra
huella dactilar y tampoco encontré indicio alguno externo como pueda ser 
cabello que no se corresponda con alguno de ustedes dos.
 -No se preocupe... y gracias por su trabajo.
 Scully guardó su celular.
 -Era del Departamento de Criminología, verdad? -inquirió Mulder.
 -Así es y como tú bien has dicho, no han encontrado nada. Bien! -exclamó 
Dana-, de nuevo estamos como al principio.
 -De eso nada.
 -¡¡¡Mulder, quieres explicarte!!!
 -Ahora tenemos una pista tangible y fiable. Un rastro perfecto para 
seguir -sonrió-. Iremos a Nevada y esperaremos a ver qué pasa.
 -Muy bien. Entonces hasta mañana, Mulder.
 Dana se levantó de la silla y dirigió sus pasos hacia la distante puerta.
 -Scully!!! -dijo Fox.
 Dana se giró y le observó con interés. Esperaba que le pidiera que no se 
marchase, que no se fuera. Lo deseaba con todas sus fuerzas.
 -Ehhhh!!! ...... Duerme bien!!! Mañana quizás el día se presente ajetreado. 
 Mulder sonrió. Una de sus mejores sonrisas. Aunque en el fondo no era 
precisamente lo que deseaba decir. Scully giró sobre sus pasos sin mediar
palabra. Salió del local y se introdujo en su coche. Todavía tenía el resto
de la tarde para hacer el equipaje. Un equipaje ligero y práctico. Se iba 
por trabajo no por placer. Encendió el motor y miró su mano, la mano que su
compañero había estrechado entre la suya con tanta fuerza que aún le dolía
de sólo pensarlo. Había estado a punto de besarla... a punto de unir sus 
labios con los suyos... a punto de hacer su sueño realidad... pero todo se
había ido al traste enfrentándola con la vida misma... con la dura y única
verdad posible. ¿Por qué no le pidió que se quedara? ¿Por qué permitió que
se marchara sin al menos explicarle....? Dana divagó por unos segundos, 
después introdujo una marcha y se fue del lugar. 

Fin parte 1/?

"Resuenan Pisadas en La Memoria Por el Sendero Que No Recorrimos" 2/?

Base Aérea de Kirtland
 Nuevo México
 00:35 p.m. 

  La Base Militar se encontraba relativamente inactiva. Tan sólo un reducido
y retardado grupo de soldados, que recibían sus últimas instrucciones antes 
de retirarse definitivamente a sus barracones para descansar, se encontraban
aún por el perímetro de la Base. El edificio principal del área, donde el 
Mayor Swicht residía, estaba en total oscuridad salvo por el diminuto 
resplandor que, intentando evadirse a través de las cortinas, iluminaba la 
única sala del tercer piso en donde había un poco de actividad. La sala era
el habitáculo preferido del Mayor y sede central de su despacho. No era muy 
grande y sus paredes estaban adornadas con motivos militares y cuadros de 
soldados ilustres que habían realizado su período de instrucción tiempo 
atrás en dicha academia. El Mayor se encontraba ojeando diversos papeles 
sentado sobre un reconfortable asiento de color oscuro. A parte de la 
pequeña lámpara que se hallaba firmemente apoyada sobre el escritorio en el 
que operaba, había una lámpara de pie, a su espalda, que iluminaba la 
totalidad del área de su trabajo. Con sosegada calma el Mayor Swicht firmaba
documentos en los que aparecían sellos militares. De cuando en cuando se 
detenía unos instantes para leer ligeramente y muy por encima alguno de los 
impresos. En uno de esos momentos, se giró hacia su derecha abriendo la 
gaveta superior del escritorio. De su interior sacó un puñado de cuartillas 
y las dispuso sobre la mesa. Al colocarlas ordenadamente, de entre ellas, 
apareció un sobre blanco cerrado que iba dirigido a su nombre. No había 
remitente, lo que lo hacía aún más sospechoso. El Mayor se detuvo, 
pensativo, con la carta entre sus manos. ¿Quién le habría enviado el 
mensaje? ¿Cómo habría ido a parar a la gaveta? ¿Cuál sería su contenido?... 
misteriosas preguntas invadieron sus pensamientos por completo. Decidió 
abrir el sobre. Con sumo y esmerado cuidado fue poco a poco abriendo la 
solapa de papel que mantenía intacto el interior. Introdujo su mano para 
sacar el documento, pero lo único que halló fue un pedacito de papel 
amarillento que contenía dos breves frases escritas en mayúsculas y cuya 
caligrafía estaba de un profundo color rojo.
                   --------------------------------
                   |    ¡¡Die Wahrheit Ist...!!   |
                   |  ¡¡¡¡Tú Serás El Próximo!!!! |
                   -------------------------------- 
  Su semblante cambió por completo al leer esas dos líneas. Dejó caer 
inconscientemente el minúsculo papel, el cual, volando ligeramente, aterrizó
con suavidad sobre la alfombra que cubría el frío suelo del despacho. El 
Mayor tenía las facciones desencajadas... sus ojos fuera de lugar, su 
mandíbula abierta en su totalidad, su faz horriblemente desfigurada... 
incluso su tez había cambiado... esa piel curtida no sólo por el tiempo sino
también por el sol, por el aire, por la vida misma, cuyo color sonrojado 
estaba más próximo a un tostado, se había vuelto nívea y su rostro se había 
congestionado de tal forma que en él se reflejaban los más oscuros temores 
del pasado y que ahora hacían su entrada triunfal a través de los distintos 
y asustadizos gestos que el Mayor, dando acoplo de una cobardía inusual, 
intentaba amargamente disimular. Habían descubierto su juego, su secreto. 
Ya nada sería como antes. Ahora sabía que su vida no valía nada. Habría 
tantas respuestas que dar.... "No" -pensó. "No debo correr ese riesgo. No 
debo manchar mi buen nombre... mi ilustre pasado". Casi por instinto abrió 
nuevamente la gaveta pero esta vez la inferior y de ella sacó un arma. 
Silenciosamente giró el tambor con las manos, acariciando su férrea piel... 
intentando tal vez transmitirle sus propios sentimientos. Se detuvo. Miró a 
su alrededor y clavó su triste semblante sobre una foto familiar que tenía a
su lado, sobre la mesa. Sin darse cuenta, un llanto desgarrador, proveniente 
de su más profundo interior, se abrió paso con rapidez salpicando a todos y 
a cada uno de sus órganos vitales de una angustia poderosa que pronto 
nublaría su visión e incluso sus pensamientos y tan acuciante que su propia 
respiración era un simple jadeo, lo que le suponía aprovechar al máximo cada
bocanada de aire. Sus propias lágrimas comenzaron a brotar abundantemente 
cayendo por sus mejillas y empapando la casaca de su uniforme. Las medallas 
y los galones de nada le servían ya. Todo era inútil. No había marcha atrás. 
El error no se podía enmendar. Se limpió los ojos con la manga de su casaca 
y entre sollozos habló : "Lo siento, hijo mío. Lo siento." Levantó el arma y 
lo dirigió a su cabeza, apostándolo sobre su sien derecha. "Os quiero". 
Fueron sus últimas palabras, después oscuridad. La detonación del arma hizo 
venir al soldado de guardia que horrorizado ante la escena que se le 
presentaba ante sus ojos no pudo más que gritar al no haber podido evitar 
que aquel hombre, que hasta ese mismo momento había tenido el mayor rango 
militar en la Base, se quitara la vida de esa forma tan cobarde.

********************************************

CONTINUARÁ

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Me gustaría conocer tu opinión sobre mi relato. Tanto si te ha gustado como 
si no, puedes enviarme un mail. Así podré saber si mi vocación secreta es la
escritura, Je, Je, Je.... o, por el contrario, debo dedicarme a otra cosa. 
;DDDDDDD
Sugerencias, preguntas, comentarios y demás: alex.florez@ctv.es

~ por Angelik en abril 6, 2009.

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