Semana Santa


Titulo:Semana Santa 1/3 
Autor:Kafda 
E-Mail:Kive5@hotmail.com 
Rating:Pg-13 
Ganador del Concurso Area 42 Fan Fiction's Awards
Notas del Autor:Dedicado a todos que no le ponen careta a Dios

SEMANA SANTA
VIERNES SANTO

Viernes Santo, 2 de abril de 1999. 20:35 h

En la habitación de un motel de tercera categoría, yacían en la cama, 
completamente desplomados, dos agentes especiales del F.B.I: una no 
tenía ni idea de dónde estaba; el otro, todavía no se recuperaba de la 
agitación del día. Los extraños incidentes de ese Viernes Santo, más que 
un simple dolor de cabeza, le provocaron a Mulder una verdadera 
condición catártica: El extraño estado de Scully, mas la temible imagen 
de su iracundo hermanito, Skinner, el envenenador, el doctor, el otro 
tipo, y para colmo de males, una fuga. Todo en su conjunto pesaba 
demasiado en el cuerpo y en la mente de nuestro pobre agente. Pero el 
mayor calvario estaba justo al lado de él: Era Scully, o más bien, sus 
condiciones actuales. Se encontraba inconsciente, pálida, y sin que él 
se diera cuenta, ardiendo en fiebre.
-"Aaaaayyy... ¡Demonios!"- Se decía mientras volvía a cerrar los ojos -
"Ni siquiera me acuerdo cómo rayos comenzó todo"- 

Ese mismo día, pero a las 18:45 h.

Scully no dejaba de pensar en Mulder. En la iglesia de St. John, el 
padre Mc Cue pronunciaba con pasión el sermón de ese día tan especial 
para los católicos, sin darse cuenta que una de sus feligreses dirigía 
la atención a sus propios pensamientos.
-"No debí dejar a Mulder solo" - Se decía -"Habían muchos informes que
entregar y prácticamente se los dejé todos a él, como si fueran de su 
exclusiva responsabilidad. Fui una tonta al preguntarle si podía con 
todos ellos... El nunca diría que no... ¡Cielos!"-
-"¡Cómo pretendemos alcanzar el cielo sin valorar el amor que nuestro 
Señor Jesucristo nos mostró en su paso por esta pecaminosa Tierra!"- 
Exclamó el sacerdote, e hizo que Scully se asustara lo suficiente como 
para prestarle un poco de atención. -"Todo cristiano que se considere 
como tal, debe tener siempre presente al hijo de Dios en la cruz. Ese 
sacrificio, hijos míos, fue su mayor prueba de amor hacia los hombres"-
-"No es justo"- Pensaba Scully -"Todos los años se refieren a lo mismo. 
Hablan de Jesús y la religión como si hubiera que guardar un luto 
permanente. La muerte, siempre la muerte. ¿Y la vida? ¿Acaso no tiene 
el mismo valor? ¿Será válido no sólo sufrir, sino hacer sufrir por 
nuestra causa?"- Nuevamente Mulder llegaba a sus neuronas pensantes -
"No. Definitivamente, un rito religioso no es excusa para recargar mis 
deberes a otros... Mulder..."-
En eso dio un pequeño sobresalto, provocado por sus propios temores y 
pesares. -"Oh! ¡Dios mío, perdóname!"- Se lamentaba -"Debes estar 
enojado conmigo por pensar así en Viernes Santo. Bueno, de hecho, tu 
sabes más que nadie que no he sido una buena cristiana. He rechazado 
muchas veces la veracidad de los misterios de la iglesia y he cometido 
muchos pecados, sobre todo contra los que más amé"- En ese momento, el 
recuerdo de Melissa, su padre... Emily, hizo que Dana cerrara los ojos 
y tristemente inclinara la cabeza, sintiéndose la penitente número uno 
del día. Quiso llorar, pero su fuerte raciocinio le dio el temple para 
no hacerlo. Decidió entonces sobreponenrse, levantar la mirada, secar 
sus ojos y comportarse como la persona razonable que era. Sin embargo, 
ni su lógica-matemática logró zafarla de un pensamiento complejo y 
enigmático: un pensamiento llamado Mulder.
-"¡Y sí que tengo razón! Ni siquiera soy una buena profesional. ¿Qué 
culpa tiene Mulder de ser judío? Hubiera podido tomarse el día al igual 
que yo. Y pensar que me llevé el informe del decreto 819 para la casa 
sin decirle nada. De enterarse, se enojaría conmigo. ¿Habré hecho bien? 
Bueno, mi intención fue buena..."- Y así, de reflexión en reflexión, 
Dana Katherine Scully se iba encerrando más y más en su mundo interior. 
-"Dana"- El repentino llamado de su madre la despertó.
-"Dana, cariño, ¿Estás bien? Te noto un poco distraída"-
-"No me pasa nada mamá"- Dijo Scully -"Pensaba en Mulder y en el 
trabajo"-
-"Dana, es normal que te preocupes por tu compañero, pero debes dejar 
tus compromisos a un lado en Viernes Santo. Es un día de recogimiento, 
meditación..."-
-"Sí mamá, ya lo sé"- Interrumpió Scully con cierto desgano.
-"¡Dana! No te pongas así. Acuérdate que vas a recibir el cuerpo de 
Cristo y debes ir limpia de pecado"-
Ese regaño, más que motivarla, hizo que Dana cayera aun más en la 
tristeza. Meditó en lo que su madre había dicho por un momento, y con 
un aire de decepción, Dana respondió:
-"Mamá, entonces es mejor que no vaya"-
-"¡Dana!"- Margaret iba a continuar sus reproches cuando el padre 
irrumpió:
-"La paz de Dios esté siempre con todos ustedes"-
-"Y con su espíritu"- Respondió la multitud, incluyendo una madre y 
una hija que estaban un poco asustadas.
-"Démonos fraternalmente el saludo de la paz"-
Las personas entonces comenzaron a darse la mano. Margaret aprovechó 
la ocasión para abrazar a su hija y decirle dulcemente:
-"Hija, no seas injusta contigo misma. Amé a tu padre y amo a tus 
hermanos, pero tú eres la persona más buena y honesta que jamás haya 
conocido en toda mi vida. Sólo te pido que tengas un poco más de fe"-
Lo que la abnegada madre no pudo notar es que un extraño hombre se 
acercaba cada vez más hacia ellas. 
Después de hacer un gesto de resignación, Dana se separó de su madre, 
con la intención de desearle paz a los otros feligreses. Fue entonces 
cuando el extraño se le acercó, tomando con fuerza su brazo izquierdo. 
Dana lo miró confundida. No entendía la actitud agresiva de ese grotesco 
desconocido. Inmediatamente, él acarició la mejilla derecha de Scully con la mano que tenía libre. La tersura de su piel contrastaba con la dureza de esa mano y ese gesto que no presagiaba nada bueno para la joven agente. Acercó su rostro al de ella y la besó fríamente en la mejilla izquierda; y con un toque bastante siniestro, el hombre susurró: -"La paz sea contigo"- 
Como es de suponerse, esto desconcertó totalmente a Scully, que no dejó 
de ver a aquel hombre mientras se alejaba y se perdía entre la multitud. 
-"Qué extraño, ¿Porqué hizo eso?"-
La misa transcurriría sin más novedades, al menos, eso era lo que 
Scully pensaba, hasta que llegó el momento de repartir la hostia.
-"Vamos Dana, ve a recibir a Jesús en tu corazón"-
Scully hizo la fila de la eucaristía sin dejar de pensar en aquel 
individuo. -"¿Quién sería?"- Esa manera de dar la paz había sido muy extraña. La línea seguía avanzando...
-"Corpus Cristi"-
-"¿Eh?"-
-"¡Corpus Cristi, Dana!"- Le repitió el padre Mc Cue.
-"A... ahhh..."- fue lo último que dijo Scully antes de caer 
desfallecida al suelo.
En la iglesia se formó un gran alboroto. La primera en alterarse fue 
la Sra. Scully al empujar a todo el que tenía enfrente para sostener a 
su hija. Dana se veía pálida, inerte, sin vida. 
-"¡Rápido, pidan una ambulancia!"-
-"¿Una ambulancia?"- Dijo una vieja con cierta ironía. -"Vamos, no puede 
ser tan grave. La gente a veces se desmaya por fatiga"-
-"No señora, usted no entiende. Mi hija es muy fuerte. Cuando algo así 
le sucede debe ser atendida inmediatamente"- Respondió Margaret mientras
volteaba la mirada a su hija, a la persona que realmente le importaba.
-"¡Ah!, ¡Entonces debe estar encinta!"- Exclamó la señora con una risa 
bastante maliciosa. Obviamente, esa fue la gota que derramó la jarra de 
paciencia de la Sra. Scully. La miró con un gesto de dolor y rabia; y 
muy severamente le contestó:
-"¡Y usted qué sabe vieja impertinente!, ¡Qué daría yo porque mi hija 
tuviera un bebé!"-
El rostro iracundo de Margaret Scully ahuyentó a la rezandera 
indiscreta, dándole paso a la camilla que conduciría a la agente Scully 
al hospital general de Washington. Margaret no vaciló entonces en tomar 
el celular de su hija y hacer una llamada.

18: 57 h

Mulder ya casi terminaba de redactar el último informe oficial de aquel 
día tan agotador. Pero no se los iba a mostrar a Kersh aún. Quería 
utilizar el tiempo restante para examinar el informe del decreto 819 
que muy disimuladamente había extraído de la oficina de Skinner. No 
podía entender aun porqué su ex jefe no quiso continuar con la 
investigación; así es que decidió seguir la pesquisa por él mismo. Lo 
curioso es que no lo encontraba...
En eso se escuchó sonar su celular. Su cara se llenó de alegría. Asumía 
que lo llamaba Scully, pero no era precisamente Dana.
-"Mulder"- Contestó sonriendo.
-"¿Mulder? Habla la mamá de Dana. Algo raro pasó hoy en la iglesia..."-

19:18 h

Mulder llegó con el corazón en la mano al hospital. Decirle que algo 
le había pasado a Scully era suficiente para hacerlo correr. Se olvidó 
por completo de informes y de decretos. Había volado por las calles 
hasta llegar al hospital.
Allí preguntó como loco por Dana Scully. Las enfermeras, al conocerlo 
ya, no le prestaban la más mínima atención. Se hubiera desesperado más 
de no ser porque vio a la Sra. Scully en una esquina. Suspiró entonces 
y se le acercó apresuradamente.
-"¡Oh Mulder! Qué bueno que llegaste"-
-"¿Qué le pasó a Scully? ¿Dónde está?"-
-"Está arriba, en la sala de desintoxicación"-
-"¡¿Desintoxicación?!!!!"- Mulder desorbitó los ojos -"¿Estaba drogada 
acaso?"-
-"No precisamente Mulder; yo diría que más bien envenenada"- Los ojos 
de Margaret contenían el llanto -"Según el doctor, Dana recibió dosis 
bastante elevadas de algún tipo de anestésico poco conocido. Es por eso
que no despierta. Están tratando de limpiar su sangre..."- La pobre 
madre no pudo más. Sus copiosas lágrimas expresaban todo el dolor de 
su alma. Mulder no sabía qué decir para consolarla. Al igual que ella, 
también se encontraba confundido e impotente. Agachó la cabeza. En el 
fondo, se sentía culpable del dolor que Margaret estaba padeciendo; o 
mejor dicho, de todo lo que le ocurría a su hija. Sin embargo, mantuvo 
la calma. Sabía que con desconsolarse no iba a arreglar nada. Scully 
necesitaba ayuda y él tenía que actuar rápido. Apoyó suavemente su mano 
en el hombro de Margaret y comenzó entonces a preguntarle:
-"¿Pero, no estaba ella con usted en la iglesia?"-
-"Sí, y es lo que más me extraña de todo esto"- Dijo Margaret tratando 
de calmarse. -"Ella estaba muy tranquila... bueno, no tanto. Pensaba 
en su trabajo y también en ti. Cuando fue a tomar la hostia, cayó de 
repente. No lo entiendo"-
En ese momento, Mulder recordó lo que había sucedido con el 
envenenamiento de Skinner hace unas semanas atrás. Comenzó realmente 
a asustarse, pero no quería inquietar más a la madre de Scully. Por eso, 
preguntó con discreción:
-"¿Estuvo siempre con usted? ¿No habló con más nadie?"-
-"No que yo recuerde. Tú conoces a Dana. Ella no tiende a ser muy 
sociable"-
El desconcierto de Mulder aumentó. Ahora su corazón latía más fuerte 
y rápido. La vida de su compañera podía estar en juego y él no tenía 
ni siquiera un indicio de cómo proceder. Su mirada ahora se fijaba en 
un punto indefinido del pasillo. En eso, vio a Skinner que se subía 
al elevador del fondo. Extrañado y preocupado, decidió seguirlo, 
despidiéndose de la mamá de Scully con un apresurado -"¡Con permiso!"-
-"Sí, Mulder. Ahora subo. Estoy esperando a Bill"-
Mulder casi ni escuchó a la señora Scully. Corrió hasta el final del 
pasillo tratando de alcanzar a su ex jefe. No se explicaba su presencia 
allí. Sólo él sabía lo de Scully... bueno; al menos eso era lo que él 
creía. Logró ver que las luces del ascensor se detenían en el 6to piso. 
No iba a esperar más. Subió por las escaleras dando grandes brincos. -
"No me gusta todo esto: veneno, 819 perdido, Skinner... Scully... 
¡Dios mío!"- 
Aunque a él le pareció una eternidad, llegó presto al piso 6. Sus 
sentidos ahora se dirigían a encontrar la habitación de Scully; pero 
no tuvo que buscar mucho, ya unos ruidos de disputa le dieron la 
dirección a seguir. Al caminar unos cuantos metros, Mulder encontró a 
Skinner forcejeando con un sujeto que ya conocía: Era él; el mismo cara 
de diablo que había envenenado a Skinner.
-"¡Suéltame maldito!"- Gritaba Skinner.
-"¡Agente del F.B.I. ¡Suéltelo o disparo!"- Gritó Mulder al tiempo que 
desenfundaba su arma.
El hombre hacía caso omiso a las palabras del agente. Se ensañaba 
contra Skinner como si le quisiera partir el cuello. En eso, lo azotó 
con violencia contra la pared y no le dio tiempo a Mulder de disparar, 
ya que también lo empujó, haciendo que cayera al piso. El hombre 
desapareció por las escaleras como por arte de magia. Mulder trató de 
incorporarse lo más rápido posible para seguirlo, pero Skinner, que 
también se incorporaba, lo detuvo con fuertes palabras:
-"¡No sea tonto, agente Mulder! ¿Para dónde va?"-
-"¡Señor, él es el hombre..."-
-"¡Ya sé quién es él, agente Mulder! ¡Lo que yo no sé es cómo usted 
hace para meterse en tantos problemas! Ahora dígame, ¿Dónde demonios
metió el informe?"-
-"¿El informe, señor?"- Dijo Mulder titubeando.
-"¡No es hora de hacerse el imbécil, Mulder! Por su necedad y 
desobediencia ahora la vida de todos nosotros está en peligro; 
incluyendo la de la agente Scully. Unos minutos más y su compañera 
muere. ¿Acaso le satisface eso?"-
-"¡Lo que no me satisface es ver que un superior no se interese en 
aclarar la verdad de un hecho criminal del cual él mismo es víctima! 
¿Qué está ocultando, SEÑOR!"- le gritó Mulder muy alterado.
-"¡Usted no es quién para cuestionar mis acciones!"- Respondió Skinner 
con igual intensidad -"¡Si no quiere complicar más las cosas le sugiero 
que no despegue los ojos de la agente Scully, que me devuelva ese 
informe y que olvide lo que aquí sucedió!"- Fue lo último que dijo 
Skinner antes de sacudir a Mulder hasta arrinconarlo a la pared y 
esfumarse por una salida alterna del piso en cuestión.
Mulder a todo esto todavía se sentía aturdido. Quería ordenar sus 
ideas. Todo estaba ocurriendo muy rápido. Pero no demoró mucho en 
reaccionar y darse cuenta que en algo Skinner tenía razón: Debía ver a 
Scully, vigilarla, protegerla, porque fuerzas oscuras merodeaban el 
ambiente.
"Hemodiálisis" Decía un gran letrero que estaba ubicado casi debajo de
Mulder. Caminó apresurado mirando al interior de cada cuarto. Nada en 
el primero, nada en el segundo... Lo curioso de todo esto es que siendo 
un hospital no se veía personal rondando por ese piso. Pero Mulder no 
reparó en eso. Él sólo quería encontrar a Scully.
Finalmente allí estaba: en el tercero. Acostada aun en una camilla y 
conectada a dos venoclisis. Aunque pensó estar ya acostumbrado, Mulder 
no dejó de conmocionarse. Temía verla porque imaginaba lo peor. Pensó en 
la posibilidad de verle las venas hinchadas y la cara deformada producto 
del carbono letal de aquel veneno nanotecnológico. Para su fortuna, y 
para la de Scully, no era así. Tomó valor y la vio. Aunque inconsciente, 
esa era la bella Dana que él quería ver. Luego de tomar un respiro, 
acarició tímidamente una de sus manos. Estaban blancas y frías; aun así, 
llenaban de calor el corazón de Mulder -"Tal parece que duermes 
tranquila, compañera"- 
En eso, se aproximó el doctor encargado de la sala.
-"¿Conoce usted a la paciente?"- preguntó.
-"Sí doctor. Los dos somos agentes del F.B.I. Por favor dígame, ¿Cómo es 
su estado?"-
-"Bueno, le daré mi opinión médica: su amiga fue expuesta a un 
anestesiante muy poderoso. Pero si la intención del atacante era 
causarle un daño permanente, creo que se equivocaron de sustancia"-
-"¿Está consciente de que fue envenenada?"-
-"Sí. Además de la naturaleza poco conocida del químico y del testimonio 
de su madre, hay fuertes indicios de que esta sustancia se le administró 
por vía cutánea. Pero no se inquiete. Las reacciones neurológicas de 
la señorita Scully son buenas. Puedo asegurar que despertará en cuestión 
de horas."-
-"Gracias doctor, se lo agradezco. Iré a decírselo a su madre"-
Mulder salió tranquilamente de aquella habitación dejando a Scully al 
cuidado del doctor. Se dirigió a mano derecha, sin ver que del costado 
izquierdo un auxiliar de enfermería entraba por donde él salió. 
Encontrándose ya casi listo para tomar el elevador, el joven agente 
escuchó unos extraños quejidos que apenas se podían escuchar. -"¡Vienen 
del cuarto de Scully!"- 
Regresó portando su arma y listo para cualquier cosa. Al entrar, ve al 
supuesto auxiliar inyectando algo en la intravenosa de su compañera y 
al doctor tirado en el piso sangrando por la cabeza. 
-"¡Alto ahí!"- Gritó. Pero a Mulder no le quedó más que tirarse para 
esquivar el falaz disparo del sujeto; aun así, consiguió alcanzarlo con 
su pistola por la pierna; y a pesar de cojear, el hombre logró escapar. 
Se dirigió hacia el doctor. -" Ah, ah..."- Decía quejándose. 
-"Bueno, por lo menos está vivo"- Pensó Mulder. Fijó entonces su 
atención en Scully. Con susto observó cómo su cuerpo empezó a sudar 
copiosamente. Algo fuera de lo normal le pasaba. No dudaba que fuera a 
causa de eso que se le inyectó.
-"¡Esto se acabó!"- Pensó Mulder con severidad -"¡Scully, te sacaré de 
aquí!"-
Como si alguien lo hubiera escuchado, se oyó un ruido que parecía ser 
de sirena. Mulder no perdió más el tiempo. Tomó la camilla de Scully y 
salió despavorido de ese cuarto. 
Mulder avanzaba rápidamente hacia el elevador. El personal del hospital, 
que reapareció de pronto, lo observaba con sorpresa y temor; no obstante, 
nadie se atrevía a decir nada. Nadie, hasta que el ascensor se abriera y 
saliera de él Bill Scully, el corpulento hermano de Dana, que chocaba 
como un muro contra la camilla. Por reacción inmediata, el corazón 
paranoico de Mulder aumentó sus latidos.
-"Pero, ¡Qué ocurre aquí!"-
-"¡Bill, no hay tiempo de explicarte. Dana está en peligro. Me la llevo 
de aquí!"-
-"¿Se la lleva? ¿Para qué? ¿Con qué derecho? ¡Devuelva a mi hermana 
donde estaba, loco!"-
La cordura de Mulder estaba llegando casi al límite. El tiempo se 
agotaba. Pronto llegaría la seguridad del hospital y aunque se ocupara 
de explicarle algo a Bill, de seguro no le creería nada; y eso si 
tenía la suerte de que le entendiera algo. No le quedaba otra salida. 
Tomó su arma y se la apuntó al desconcertado hermano mayor.
-"¡Muy bien, marinerito. Si quieres conservar tu vida y la de tu 
hermana, será mejor que te eches a un lado y me dejes pasar!"- Gritó 
Mulder casi al borde del delirio.
El hermano de Scully en verdad se sintió asustado, perplejo. Aunque su 
orgullo era muy grande, sus piernas le temblaban como gelatina. Nunca 
antes había visto tanta locura y demencia en los ojos de alguien. No 
le quedó otra que obedecer al mandato y dejar que Mulder tomara el 
elevador con la camilla y su hermana en ella. No obstante, le dijo a 
Mulder antes que las compuertas se cerraran:
-"¡Esto no se queda así, agente Mulder. Pagará por esto! ¡Ya lo verá!"-
La puerta se cerró. Mulder sólo contaba los segundos para llegar a la 
planta baja. Para su infortunio, el contador se detuvo en el número 
tres. Al abrirse el ascensor, se topó con tres miembros de la seguridad. 
Mulder estaba histérico. Disparó tres veces continuas, pero con 
dirección al techo. Logró con esto retirar a los guardias de su 
camino, que de por sí ya estaban bien asustados con el peligro que 
representaba aquel maniático del F.B.I. Salió del ascensor y corrió con 
la camilla hasta las escaleras de emergencia. Sabía que por el ascensor
no podía seguir. Lo estarían esperando abajo.
Tomó a Dana entre sus brazos, cuidadosamente, temiendo hacerle algún 
daño entre tanta adrenalina suelta. Corrió como un demente por las 
pequeñas escalinatas hasta finalmente salir por la parte de atrás del 
recinto. Llegó a los estacionamientos, encontró su auto, acostó a su 
compañera en el asiento trasero, tomó el volante; y prácticamente, 
desapareció.

Y ahora...
-"Y ahora, ¿Qué hacer?"- Se preguntaba una y otra vez, tirado en 
aquella cama de ese espantoso cuarto de motel.
-"Estoy en serios problemas. Supongo que ahora mismo, todo el mundo debe 
estar tras mi cabeza. El F.B.I, los hombres del decreto, la familia 
de Scully... ¡AAAAAYYYYY!"- Se lamentó de pronto mientras cerraba los 
ojos y fruncía el ceño.
-"Pero qué egoísta soy"- Reflexionó por un momento -"No he pensado en 
lo mal que puede estar mi compañera"- Esto hizo que se volteara de un 
costado para poder observar a Scully. Pensó en que debía ser fuerte 
para verla. Sus mayores angustias radicaban en el estado de aquella 
mujer de la cual dependía tanto. Un aura de temor invadió el azul de 
sus ojos. 
Pero el paisaje que contempló, no sólo lo tranquilizó, sino que también 
le llenó de un profundo e inexplicable placer. Dana yacía ausente; como 
si el estar viva fuera tan sólo un sueño; no obstante, su rostro estaba 
limpio y risueño; y la palidez resplandeciente de la piel le daba un 
aire etéreo, fresco y angelical. Todas estas características hicieron 
que Mulder volviera a sentir paz. Una paz que en ese momento tan difícil 
representaba sin lugar a dudas su redención eterna. Pensó en contenerse, 
pero la ternura que lo invadía era más fuerte que sus pensamientos 
conscientes. Se acercó a ella, tomó una de sus frías manos y, 
acariciando esta con sus labios, la besó sin cesar; y la dulzura de 
cada beso se enjuagaba con las lágrimas que ahora brotaban copiosamente 
de sus ojos. 
-"Scully, perdóname..."- Le dijo mientras sollozaba y rozaba con 
cariño algunos de sus dedos por su frente -"Tú sabes que yo haría 
cualquier cosa por ti. Es sólo que... es sólo que, en vez de ayudarte, 
pareciera que te estuviera exponiendo más a nuestros enemigos... Scully... 
¿Ah? ¿Qué sucede? ¿No te había bajado ya la fiebre?"-
Mulder posó entonces toda la palma de su mano en la frente de su 
compañera. Ahora sí que tenía de qué asustarse. Scully estaba tan 
caliente que se le podía calcular sin dificultad los 40º C o más. Mulder 
se levantó de la cama. Rápidamente, retiró las sábanas que cubrían a 
Scully. Buscaba la manera de refrescar su cuerpo.
Al hacerlo, se topó con otro problema más: para sorpresa de Mulder, 
tanto la parte inferior de la bata de hospital de Scully, como sus 
muslos y el cubre cama, estaban considerablemente manchados de sangre.
-"¡Oooohhhh noooo! ¡Sólo esto faltaba!"-

SEMANA SANTA
SABADO ¿DE GLORIA?

Sábado de Gloria, 2:05 h

"¿Quién es?"
"La tuna de Start-Kist" Respondieron detrás de la puerta.
Mulder abrió sin vacilar.
"Demoraste un poco, amigo"
"¿Un poco?" Refunfuñó Frohikie "Tienes idea de dónde estás? ¡Este es 
el mundo perdido! No podía tomar un atajo como hiciste tú porque 
levantaría sospechas. Además, había fila en el supercentro. ¿Cómo 
llegaste aquí?"
"En mi auto. Está escondido entre unos matorrales. ¿Y los otros?"
"Se quedaron en "la base," por si volvías a llamar."
"Lo trajiste todo?
"Veamos... Paracetamol inyectable equivalente a 500 mg, un par de 
jeringas, Betadine, toallas limpias, una bata, un termómetro y... 
¿Toallas femeninas?
"Sí... tu sabes... Kotex, Stayfree, esas cosas..."
"¿No prefieres Always?"
"¡Payaso!"
"Vamos Mulder, ¿Dónde dejaste tu sentido del humor? A todo esto, ¿Qué 
haces aquí pidiéndome cosas tan raras?"
Mulder no respondió. Prefirió que su amigo se diera cuenta por él mismo.
Se separó de la puerta haciendo un ligero ademán hacia la cama. 
Entonces Frohikie comprendió, aunque a medias, como todo lo de Mulder.
"Dios mío, ¿Qué le ocurre a Scully?"
"Ahora mismo se encuentra estable... si el estar inconsciente se le 
puede llamar estable. Tiene fiebres esporádicas que llegan creo que 
hasta los 40º y luego desaparecen"
"Porqué no la llevas a un hospital"
Mulder lo mira irónicamente. 
"Me fugué de un hospital con ella, Frohikie. A decir verdad, la 
secuestré. Nadie sabe dónde estoy. De saberlo, me meterían en la cárcel.
Pero tuve que hacerlo. Scully corría peligro en ese lugar. Alguien la 
quiere matar"
"Entiendo, Mulder. Pero debiste pedir ayuda desde el principio. Te 
arriesgaste a que Scully sufriera una convulsión. ¿Qué hubieras hecho 
entonces?"
"No lo sé. ¡Soy tan estúpido!" Mulder bajó la cabeza mientras apretaba 
amargamente los ojos, y sus manos sostenían firmemente las paracetamol 
inyectables.
Conmovido ante la tristeza de Mulder, Frohikie sacudió ligeramente uno 
de sus hombros, tratando de animarlo.
"No te pongas así Mulder. Gracias a Dios no ha ocurrido nada grave Sé 
positivo. Ella te necesita. Además, sabes que no estas solo"
"Gracias amigo"
"Te mantendremos informado de lo que ocurra allá afuera. ¿Necesitas 
algo más?
"No, gracias. Creo que podré arreglármelas solo... por ahora"
"¿Estás seguro?"- Preguntó Frohikie al mirar con miedo las toallas 
femeninas que había llevado. Mulder, al darse cuenta de la preocupación 
de su amigo, lo acompañó hasta la puerta y se despidió de él gentilmente:
"¡Seguro! He pasado por cosas más difíciles. Gracias por todo, Star-Kist"
Fox entonces cerró la puerta. Frohikie miró a ambos lados, corrió 
agachado al pequeño estacionamiento, y tomando un viejo auto, se fue 
de aquel lugar.
"¡Eso sí que es amistad!"- Pensaba el pistolero solitario.

9:35h
Salía Skinner apresuradamente de su edificio. Se notaba el nerviosismo 
en su caminar. Y no era para menos. Sabía que en cualquier momento, 
iba a tener que rendir cuentas. Pero por razones que ni él mismo se 
explicaba, deseaba dar un paseo a pie. Quizá los mismos nervios...
En eso, un brazo negro lo tomó por el hombro, haciéndole entrar a un 
callejón. Skinner fue arrinconado a una de las sucias paredes, y entre 
las sombras pudo ver por fin quién lo amenazaba con un revolver en su 
frente. Él lo reconoció en el acto.
"¡Dónde está! ¡Dijiste que todo estaba bajo control!"
"Hubo tan sólo una pequeña fuga de información, no es para alarmarse..."
"¡Cierra la boca maldito! ¡No nos vamos a arriesgar a que tu 
incompetencia nos lleve a todos al hueco! ¡O encuentras ese informe o 
tus días están contados!"
Skinner apenas pudo mover la cabeza en señal de afirmación. Krycek dejó 
de apuntarle con el arma. Su rostro tornó una de esas sonrisas maléficas 
propias de su oscura personalidad. Acercó ahora su rostro al de Skinner 
y le susurró retorcidamente:
"Fue Mulder, ¿No es así?"
"No hay nada que confirme eso"
"No importa, ya es hombre muerto"
"No será tan fácil, Kricek. La policía lo busca"
"¡Maldita sea! ¡Vas a morir por eso!" Volvió a apuntarle el arma.
"¡No fui yo, imbécil!. El hermano de la agente Scully puso una denuncia 
formal, ¡Y deja de apuntarme con esa maldita arma!" Skinner tomó valor 
para empujar un poco a Kricek con todo y revolver. 
"Entonces te recomiendo que encuentres a ese idiota antes que los 
otros. Si no, todos nos vamos a morir. Incluyendo, nuestra única 
esperanza de sobrevivir..."
"¡Cuál es!"- Preguntó angustiado Skinner.
"Encuentre a Mulder, y lo sabrá"- Susurró Kricek antes de soltar a 
Skinner con violencia y saltar por los grandes basureros.
Skinner se reincorporó. Sacudió su gabardina y regresó a la calle como 
si nada inusual hubiera pasado. Y así continuó su marcha hundido en 
sus pensamientos. Pensamientos que sólo invocaban a una persona.
"¡Demonios Mulder! ¡Dónde estás!"

Mientras tanto...
Los ojos de Scully volvieron a ver la luz del día. Sus primeros 
esfuerzos se centraban en salir del limbo en el que aún se encontraba. 
Sentía su cuerpo pesado como una piedra y pese a no reconocer el lugar,
no experimentaba ningún temor. Al aclararse su vista, se dio cuenta que 
en verdad no sabía dónde estaba; pero al ver a Mulder dormido en una 
silla con su clásica posición boquiabierta, respiró tranquilamente.
"Tal parece que hay algo normal aquí" Se dijo.
Luego intentó mover su cuerpo lentamente. Lo sentía débil y frágil Pero 
se sentía fresco y limpio. Olía a jabón de hospital, pero igualmente,
agradable.
"Tal parece que estuve en el hospital, pero... ¿Qué hago aquí con 
Mulder?... ¿Y mamá?"
Al sentarse, dos cosas la dejaron atónita: En vez de una bata de 
hospital, la cubría una de laboratorio "¡De donde rayos...!"
El colmo de la sorpresa estaba entre sus piernas: Como un pañal gigante, 
un pedazo de sábana pretendía sostener un conjunto mal enmarañado de 
cinco toallas femeninas. 
Scully mantuvo su mente en blanco por unos segundos. Todo esto le 
parecía más insólito que cualquier expediente x. Al fin su cerebro 
logró procesar algo en su consciencia. Con una cara de total asombro, 
observó a Mulder detenidamente.
"Mulder, tu..."
Por un momento, su respiración se detuvo, y tomó una gran bocanada de 
aire tan sólo para exalarlo paulatinamente en una gran sonrisa que 
le hizo lagrimear a grandes gotas. Scully se sentía muda. Apenas 
podía pensar.
"¡Mulder... Sólo a ti se te ocurre esto!"- Pensó. De no ser por su 
afán permanente por mantener la cordura, se hubiera muerto allí mismo 
de una sola carcajada. Luego, estando ya más tranquila, se dedicó a 
observar detenidamente el bizarro y a la vez exquisito aire infantil 
de Mulder al dormir. 
Se quedó silenciosa. De pronto, algo inexplicable ocurría dentro de 
su pecho, como si una mano invisible le acariciara el corazón. Dana 
Scully se sonrojó, cerró los ojos. En un pequeño instante, su espíritu 
se había expandido ligeramente. Una luz radiante iluminó su mente, 
tan bella y cálida, que deseó perderse en ella para siempre. 
"No merezco esto. Es tan hermoso..."-
Al momento de pensar eso, la luz se fue. Dos lágrimas salieron de sus 
ojos. Despertó. 
Scully no entendió en el momento, pero por lo menos, ya se acercaba un 
poco más... 
Sus ojos volvieron a clavarse en Mulder. Ahora su paz la sentía suya. 
"No importa lo que pasa"- Pensó -"Sé que estoy en buenas manos"
Volvió a observar y a reírse de su pañal gigante. 
Con cautela, extendió su brazo para tomar una de las manos de su 
colega y despertarlo con suavidad.
"Mulder... Mulder... ¡Mulder!"
"¡NOOOOOOO!"- Gritó él al tiempo que se sacudía violentamente. Scully 
dio un gigantesco salto. 
"¡No se la lleven! ¡Auxilio! ¡Son ellos... ! ¿Eh? ¿Scully?"- Decía él 
tratando de escapar del mundo de Morfeo, al tiempo Scully se había 
desplazado al otro lado de la cama de un solo brinco. Su paz había 
desaparecido. 
"¿Mulder?"
"¿Scully?"
"Tranquilo Mulder, soy yo" Tiritó Scully haciendo la señal de ALTO con 
sus manos. Mulder tenía ahora una cara de desorbitado, pues no había 
dormido en casi toda la noche; pero su mente no tuvo que hacer grandes 
esfuerzos para percatarse del susto que le había dado a su resucitada 
compañera. 
Para él, eso sólo quería decir una cosa: Ella estaba bien, con vida. No 
le habían administrado ningún veneno letal "¡Oh Dios, quien quiera que 
seas! ¡Gracias!" Pensó. 
Nada pudo evitar entonces que Scully recibiera de él la mejor de sus 
sonrisas, aunque por las venas de ella todavía quedaban restos de 
adrenalina. Estaba Mulder tan contento que sin meditar en sus impulsos 
saltó a la cama, casi encima de la pobre Scully, que seguía débil, sin 
entender nada, y en consecuencia, algo temerosa. 
Habiéndose arrodillado frente a ella, la tomó por el cuello con uno de 
sus brazos de manera rápida pero a la vez cuidadosa. Con los dedos 
índice y corazón de la otra mano abría con cautela los párpados de sus 
ojos y los veía detenidamente. Luego le tocó la frente, tomó su pulso, 
la observó de arriba abajo; y finalmente, pegó una de sus mejillas a 
la de ella. Sí. Definitivamente, ella estaba bien. Su alegría aumentó 
ahora a tal punto que la abrazó y la empezó a mecer de un lado para el 
otro como si fuera un porfiado; o mejor dicho, un autista feliz. 
"Mulder... ¿Podrías decirme qué ocurre aquí?"
El acostumbrado sentido de incertidumbre sculiano volvió a aparecer, De 
la sorpresa, surgió en ella un macrométrico signo de interrogación. 
"TTTTTTTTTTTRRRRRRR...."
El celular sonó súbitamente. Mulder empezó ahora a rondar como loco 
por toda la habitación.
"Mulder, está en la mesita de noche"- Dijo Scully muy calmada.
"¿Eh...? ¡Ah sí...! Gracias"
Tomó el celular. Escuchaba con atención lo que le estaban diciendo ante 
la mirada intensa de Scully. Su frente comenzó a sudar más de la cuenta, 
sus manos temblaron y su mirada se dirigía de un lado para el otro. 
Scully no podía sacar otra conclusión: Más problemas.
"¡Gracias Langly! ¡Hasta luego entonces!" Mulder cerró la llamada de 
una vez. Se dirigió hacia Dana.
"Escucha Scully, debemos salir de aquí"
"¿Qué pasa?" Preguntó.

"La ley nos busca... o mejor dicho... me buscan a mí"
"¿La ley? ¿Porqué?"
"Te secuestré, Scully"
"¿Tú a mi?????" El asombro de Scully volvió a crecer.
"¿Y de dónde se supone que fui secuestrada?"
"Mira Scully, te explico en el camino, ¿Sí? La policía está peinando 
el área"
Scully no tuvo tiempo de responder cuando ya se encontraba cargada en 
brazos de Mulder. Éste salió de la habitación procurando no hacer 
ruido en el pasillo de aquel sucio recinto. Scully veía extrañada lo 
que había sido por un tiempo la guarida de su compañero. Compañero que 
ahora, por ella, era un criminal.
-"Pues déjame decirte que para ser tu primer secuestro no estuviste 
nada mal. Por lo que estoy observando, me escondiste en el quinto 
infierno"
"Ja ja. Muy graciosa, agente Scully"
El chistecito, que era algo lento (como todos los chistes de ella) 
apaciguó el creciente nerviosismo de Mulder
"Eso es lo bueno de ella. Siempre dice chistes espantosos" Pensó.Y pese 
a la situación, Fox Mulder pudo sonreír.
Corrió hacia unos matorrales. Quitó los montes que le había puesto 
encima al auto y abrió la puerta del copiloto para que Scully se sentara. 
Ella, por su parte, prefirió no indagar en nada
"¡Abróchate el cinturón! Voy a ir rápido" Advirtió Mulder mientras 
tomaba el volante.
El auto, mientras se alejaba por la carretera principal, era 
detenidamente observado por un hombre que estaba en un auto negro
estacionado a un costado del motel. Hablaba con alguien desde su celular.
"Sí, dile a las autoridades que revisen esta zona, en especial el 
motel..."
El auto arrancó, dejando el lugar sucio de colillas de cigarrillos. 

13:15
Ya en carretera abierta, y a 100 km./h, Mulder explicaba sin parar los 
acontecimientos del día anterior. 
"... Skinner se enfureció. Me pidió el informe del decreto 819. Le 
pregunté que qué ocultaba. Me dijo que te cuidara. Me empujó. Él se 
fue..."
Mulder contaba todo con singular entusiasmo, como quien cuenta una 
película de acción. Por eso, no percibía que su joven compañera, pese 
a escucharlo, se encontraba algo distante. La voz de Mulder en su oído 
semejaba a la señal de una estación de radio de onda corta.
No era falta de interés en lo que su compañero decía. Simplemente, 
quería encontrar una razón de ser a esa experiencia tan especial que 
había vivido. No encontraba respuesta del porqué, pero sabía que algo 
tenía que ver con su monólogo en la iglesia, que poco a poco volvía a 
su memoria.
"No lo entiendo. ¿Qué fue eso tan dulce que me invadió? 
Acaso... ¡No! ... ¿O sí? 
Y si era Él, ¿Porqué a mí? ¿Quién soy yo para...? No, no puede ser."
"...Y entonces un imbécil vestido de auxiliar te inyectó una cosa... 
"- Mulder continuaba apasionadamente su relato.
Scully permanecía callada.
"... En eso, tu hermano me obstruyó el paso. Le dije "marinerito"... " 
Esa parte del cuento hizo que Dana pisara tierra de una vez. Volteó 
lentamente su mirada incrédula hacia Mulder.
"Le dijiste... ¿Le dijiste "marinerito" a Bill?"
"Sí, y creo que jamás me lo va a perdonar"
"No exageres Mulder. Mi hermano no es tan orgulloso"
"Es que no me has dejado terminar"
"¡Qué! ¿Hubo algo más?
"Sí... le apunté con el arma. Y no exagero, Scully. Casi se orina en 
los pantalones. En verdad lo lamento"
". . . . . . . . . . "- Scully agachó la cabeza.
"¿Scully?"- Mulder la miró de reojo "Scully, ¿Te pasa algo?"- se volvió 
nuevamente a inquietar "¡Vamos Scully, respóndeme, por favor!"
"Mmmhhjjj... mmjj ji ji ji .....¡JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA!"
Dana levantó la cabeza. Lagrimeaba más que nunca. Esta vez fue 
inevitable. Esa carcajada era tan abierta que su rostro pálido se tornó 
totalmente rosa. En otras circunstancias, Mulder se hubiera enojado, 
pero apreciar por primera vez una carcajada de Scully era de 
considerarse un acontecimiento afortunado. Uno en cinco millones, tal 
como ella lo era para él.
"Tal parece que voy a tener que amenazar a tu hermano más a menudo, 
Scully" Dijo Mulder alegremente.
"¡Mulder!"- Ahora Scully fingía esconder su risa "¡Ese fue un chiste de 
mal gusto!"
"Bueno, debes reconocer que no soy el único que los dice"
"¡Sí, afortunadamente!"
Se escucharon risas amenas durante un rato. 
"A todo esto, ¿Porqué llevo una bata de laboratorio?"
"Lo siento mucho, su alteza. Supongo que fue lo único que pudo 
conseguir Frohikie cuando lo llamé. Tu bata de hospital estaba muy 
manchada de sangre. Bueno, ya sabes el porqué de eso"
"No Mulder, eso todavía no me lo explico"
"¿Qué quieres decir?" Preguntó él frunciendo el ceño, pero sin dejar 
de mirar el volante.
"Es que... Mulder... Esto no es normal en mí" Decía Scully sin poder 
evitar sonrojarse "No me encuentro ni en la mitad de mi periodo mensual. 
Además, nunca... nunca he tenido un flujo tan abundante, ni cuando era 
adolescente"
"Eh..."- Mulder se mostraba algo nervioso "¿Bueno, podrías darme tu 
opinión médica?"
Scully había pensado muy seriamente en las posibles respuestas. Algunas 
eran más preocupantes que otras; por eso, prefirió plantear una que 
fuera algo ligera.
"Supongo... supongo que se debe a una alteración en la producción de 
hormonas, pero no me atrevo a formular nada. No tengo pruebas concretas. 
Es necesario someterme a exámenes de laboratorio"
"No te preocupes. Iremos donde la pandilla solitaria y te mandaremos a 
hacer las pruebas lo antes posible. Yo sólo espero que esto no tenga 
nada que ver con el..." Mulder se calló en el acto. 
"¡Por un demonio, Mulder! ¡Qué estás diciendo!" Se reprochó él mismo en 
su interior "¡No menciones esa palabra por nada en el mundo! ¡Qué te 
pasa! ¿Quieres hacerla sentir mal? Además, ¡Eso no es!"
Entonces trató de cambiar el tema de la charla dirigiéndole una sonrisa
algo forzada a Scully. En realidad, fue una sonrisa bastante tonta.
"Vas a ver, cuando salgamos de todo esto, te compraré un hermoso vestido 
de terciopelo azul"
Scully entonces lo miró con ternura. Los esfuerzos algo torpes de 
Mulder para no inquietarla habían tocado las fibras más sensibles de 
su corazón. Sus ojos en ese momento hablaron por sí solos. Mulder no 
pudo con esa mirada tan hermosa, tan cálida. Agachó ligeramente la 
cabeza y se disponía a observar el volante en forma exclusiva; cuando, 
al querer hacer uno de los cambios con la mano derecha, Scully la 
acarició muy gentilmente con la suya. Mulder se rindió ante la belleza 
del momento, por lo que soltó la manigueta y tomó suavemente su mano, 
enredando poco a poco sus dedos con los de ella.
"Gracias, Mulder"
"Gracias porqué, Scully ¿Por la bata de laboratorio?"
"No. Por eso, por tus cuidados... y por mucho más"
Fueron estas las únicas palabras que se escucharon dentro de ese 
automóvil en los últimos 25 Km. Mulder y Scully permanecían callados. 
Él manejando, ella a su lado, pero ambos meditando en tantas cosas... 
Sus manos no se separaban en ningún momento. Era un lazo tan fuerte y 
estrecho el que sentían que en verdad desearon no llegar a ninguna 
parte, continuar el camino como una vía interminable cuyo único destino 
fuera la eternidad. Y así pasaron el tiempo, disfrutando con sus manos 
de una intimidad mágica.
En eso, Scully decidió romper el silencio con una pregunta que, 
increíblemente, nunca se le había ocurrido formularle a Mulder; pero que 
en ese momento, la respuesta tendría, para ella, un significado 
enormemente relevante.
"Mulder..."
"Dime, Scully"
"¿Alguna vez has visto a Dios?"
"¿A Dios?"
"¡Agente Mulder! ¡Alto ahí! ¡Deténgase de una vez!" Se oyó desde afuera.
Mulder y Scully observaron con terror por la ventanilla izquierda cómo 
los agentes federales los seguían de manera paralela. Los habían 
encontrado. Mulder temblaba, estaba perplejo; como si se hubiera 
despertado de un lindo sueño para caer al infierno de las peores 
pesadillas. Se fijó en el volante. Tres segundos fueron suficientes 
para tomar una decisión. Volvió a dirigirse a Scully con mirada de 
advertencia y le dijo:
"¡Scully, sujétate!"
Se escuchó un terrible chillido. El auto de Mulder había dado un 
violento giro de 90º hacia la derecha, saliéndose por completo de 
la pista y perdiéndose por el horizonte. Pero esta vez la suerte no 
los acompañó. El piso era árido y se resquebrajaba con facilidad. Entre 
el polvo que se levantaba, Mulder no advirtió que enfrente de él lo 
esperaba una ensenada; que aunque pequeña, fue suficiente para atascar 
el automóvil por completo. La fuerte caída hizo que ambos agentes se 
golpearon la cabeza y quedaran un poco aturdidos, que en el caso de 
Scully, era algo de mayor gravedad. 
"Muy bien agente Mulder, su juego se acabó. Agente Scully ¿Se encuentra 
usted bien?"- Decía una voz que se escuchaba lejos en las cabezas de 
ambos.
El agente del F.B.I. tomó con fuerza a Mulder. Lo apoyó de espaldas 
contra su propio auto, le puso las esposas y le leía sus derechos, 
mientras que otros automóviles llegaban al lugar. Entre esos, Scully 
pudo reconocer en su delirio el auto de su hermano.
"¡Es Bill! ¡Gracias a Dios! ¡Ahora todo se arreglará con facilidad!"
Scully logró con duros esfuerzos salir del auto de Mulder. Caminó con 
torpeza hacia Bill que se acercaba con desesperación hacia ella. Lo 
abrazó con alegría y le dijo en un tono esperanzador:
"Bill ¡Qué bueno que llegaste! ¡Ahora todo se podrá aclarar! "
"Claro que sí, hermanita. No te preocupes por nada ¡Agentes! ¡Fue él 
el que raptó a mi hermana!"
"Tiene derecho a un abogado..."
"¡Noooo, Bill! ¡Estás en un error! Mulder me salvó. Alguien me quería 
lastimar en el hos..."
"Así es que, además de raptarte y hacerte daño en un sucio motel, te 
metió historias sobrenaturales, ¿Eh?" Bill lloró de la rabia. Soltó
bruscamente a su hermana y corrió como un animal a golpear a Mulder que 
se encontraba esposado. Uno de los agentes intentó detenerlo pero fue 
imposible. Su puño, fuerte y agresivo como un martillo, hizo que 
Mulder cayera mordiendo el polvo.
"¡Ya basta, oficial! ¡Esto no está permitido!"
"¡Desgraciado Mulder! ¡Cómo pudiste, maldito!"
"¡Bill, te lo juro por tu hermana. No le he hecho nada malo. Jamás 
lo haría"
"¡La policía encontró los vestidos de Scully manchados de sangre! 
¡Porqué! ¡Qué le hiciste, animal!" Gritó Bill muy enervado.
"Tu hermana tiene... ¡Oh, rayos! ¿Cómo puedes pensar que yo sea capaz de 
hacerle algo? ¡Tú eres el enfermo!"
"¡Biiillll! ¡Detente por favor! ¡Bill... !" Los gritos delirantes de 
Scully fueron en vano. Su hermano estaba cegado por un odio insaciable 
hacia su compañero. La terrible escena que estaba presenciando, más la 
debilidad corporal producto de la falta de comida, agua y el golpe en 
la cabeza, hicieron que Dana inexorablemente yaciera otra vez en el piso. 
Mulder lloró. Pese al golpe que Bill le había dado, la caída de Scully 
le provocaba más dolor y sufrimiento. Sobre todo, cuando vio con terror 
que su compañera era subida en una ambulancia que acababa de llegar, y 
cuyo conductor no era más que el repudiable Alex Kricek vestido de 
blanco. Entonces se paró con firmeza y embistió a Bill y a los otros 
agentes con todas las fuerzas de su cuerpo, sin perder de vista la 
ambulancia que rápidamente desapareció.
"¡Maldición! ¡Para dónde se la llevan!"
"Ella estará bien agente Mulder. Usted debe venir con nosotros"Dijo el 
agente tratando de calmarlo.
"¡No! ¿Qué no se dan cuenta? ¡Ella está en peligro! ¡Bill! ¡Sigue a tu 
hermana, por el amor de Dios!" Suplicaba Mulder
"Vamos a la jefatura. Quiero terminar con esto. Ya oí bastante 
estupideces por el día de hoy" Dijo Bill con un aire de victoria.
Mulder ya no se contuvo más. El agente lo dirigía hacia el automóvil 
oficial, y al pasar cerca de Bill, le escupió en el rostro en señal de
desprecio. En verdad lo despreciaba, por prestarle atención a cualquier 
cosa antes que a su propia hermana. Bill se sintió sumamente ofendido, 
pero mantuvo su arrogante altivez hasta el final. 
"Felicidades, "hermanito." Entregaste a caperucita al lobo feroz" Fueron 
sus últimas palabras hacia Bill. 
Mulder fue llevado hacia el automóvil que lo conduciría hacia una 
prisión temporal para agentes gubernamentales. Nadie sospechó que, a lo 
lejos, un fumador compulsivo miraba con regocijo la patética escena de 
ese Sábado que, irónicamente, se llamaba de Gloria. En eso, escuchó 
sonar su celular. Lo contestó con una risa maliciosa.
"¿Sí?"
"Olvídate de eso, ya no es necesario. Además, Krycek se la llevó 
primero. Luego hablaré con esa rata..."
"¿Mulder? Hablará. Esta vez no tiene escapatoria. Por eso el primer 
plan ya no tiene sentido. Esta vez, Mulder nos facilitó las cosas..."

23: 34 h
Un Ford Mustang se detiene frente a un café en la ruta hacia 
Washington D.C. De él sale un sujeto con cara de pocos amigos; y desde 
la ventanilla, le pregunta a su copiloto lo que desea comer.
"¿Y ella?" El sujeto miró el asiento de atrás.
"No creo que despierte para acompañarnos" Dijo el otro en forma de broma.
Se dirigió finalmente al café. El copiloto leía tranquilamente un 
periódico amarillista:
"Paranoico agente del F.B.I acusado del rapto, abuso e intento de 
homicidio de su compañera. La Oficina investiga" Decía el titular.
El hombre seguía deleitándose con la noticia. De pronto, sintió que 
unas piedritas le golpeaban el hombro. No le hizo caso al asunto. Luego,
las diminutas piedras se habían convertido en sendos ataques contra él. 
Disgustado, miró hacia fuera para ver quién era; y en ese momento, 
recibió una bolsa cargada de lodo en su cabeza, que para su desgracia, 
estalló sobre sus ojos. No lo soportó más. Salió del auto con pistola 
en mano. Se dirigió a la esquina de donde provenían los ataques.
"¡Demonios! ¡Quién anda ahí!"

Scully abrió los ojos de una vez. Se había hecho la inconsciente desde 
hace un buen rato, esperando la mejor ocasión para poder escapar. 
Rápidamente abrió la puerta. Corrió como loca entre los otros 
automóviles. Sus pasajeros, obviamente, la miraban con curiosidad y 
asombro. Scully se percató de ello y lo utilizó a su favor.
"¡Auxilio! ¡Llamen al F.B.I! ¡Estoy secuestrada!"
Scully no pudo gritar más. Medio mundo vio cómo un viejo van aparecía 
de entre las sombras. Fuertes brazos empujaron hacia su interior a 
la mujer que reclamaba ayuda, mientras un extraño hombre soltaba la 
comida que acababa de comprar y el otro trataba inútilmente de 
alcanzarla.
"¡Rápido! ¡Sigámoslos!"- Dijo uno.
"No podemos hacer nada. Hay muchos testigos. Es mejor desaparecer"
"¡Maldita sea! Ahora sí que estamos en serios problemas"
El Ford Mustang arrancó y se fue de allí tomando dirección contraria a 
Washington

SEMANA SANTA
PASCUA FLORIDA

“Jesús es verbo, no sustantivo”
Ricardo Arjona 

Domingo de Resurrección, 7:17h 

Los dolores aun le eran insoportables. Sus manos temblaban al mismo 
compás que sus labios; mientras que por la ventana del hospital de 
Washington, un nuevo y radiante sol prometía, para todos, el más hermoso 
día.
“¿Cómo te sientes, Joseph?” 
Le preguntaba un colega a otro que estaba encamado.
“¡Esto es horrible!” Exclamó el doctor. “Me duelen las articulaciones, 
los huesos, todo... ¡Como si quisiera estallar!”
“Vamos a tener que hacerte otras pruebas” Contestó el otro extrañado 
“No deberías tener síntomas semejantes. El golpe en la cabeza no tuvo 
efectos colaterales; incluyendo la herida, que se cerró con toda 
normalidad. Sin embargo, tu presión sanguínea salta de baja a alta de 
manera impredecible. No quiero asustarte, pero dentro de ti hay gato 
encerrado, amigo”
El doctor se retiró del cuarto sin evitar mostrar su honda preocupación 
hacia su colega. Casi simultáneamente, Alex Kricek, vestido de auxiliar,
entra y se detiene a contemplar con lástima al enfermo de aquella 
habitación. Su presencia, como era de esperarse, intrigaba nerviosamente 
al paciente.
“¿Y usted? - Preguntó el doctor “¿Viene a tomarme la temperatura?”
“No doctor, vengo a traerle buenas noticias; o más bien, su regalo de 
Pascua” Kricek sacó de su bolsillo un singular artefacto rectangular y 
comenzó a manejarlo. El doctor entonces se dio cuenta que, sin saber de 
qué se trataba, ese aparato estaba haciendo que sus molestos dolores 
desaparecieran inmediatamente. El paciente estaba maravillado, pero a 
la vez, empezó a sentir miedo.
“Pero... ¿Qué está ocurriendo? ¿Porqué esa cosa me ha mejorado? ¿Y quién 
es usted?”
“Quién soy yo es lo que menos importa ahora mismo. Lo que sí debe saber 
es que esta mejoría no es gratuita, señor” Kricek comenzó a tornarse 
amenazante.
“Qué... qué quiere decir usted con gratuito... y porqué esa cosa me 
afecta... ¡Quiero ver al jefe de turno ahora mismo!”
“¡Cállese!”- Kricek apretó con rabia la manigueta de su extraño aparato 
y el doctor se estremeció ante un puntiagudo dolor cerebral. Ahora la 
tortura era mayor que hace un momento atrás. Sus arterias y venas se 
inflaban sin misericordia. Era diabólico, antihumano, inquisicional, 
lo que Kricek estaba haciendo con él. 
“N... no, no, por fa... vor” Suplicó apenas el paciente.
“¡Así me gusta!” Kricek giró la manigueta y las venas se deshincharon, 
haciendo que el doctor jadeara con violencia. “No estás en posición de 
hacer preguntas. Tu vida pende de un hilo y “nosotros” la estamos 
sosteniendo. Ahora escúchame con atención. A las diez de la mañana te 
darán de alta, irás a tu casa, tomarás una ducha, comerás algo, y a las 
trece horas, te presentarás aquí...” Kricek le tiró a la cara un papel 
que tenía anotado el número de un juzgado especial “... para acusar al 
agente Fox Mulder de agresión”
“¿Pero... está usted loco? ¡Fue otro el que me golpeó en la cabeza!”
“¡Y ese mismo se encargará de matarlo si no dice otra verdad que la 
“nuestra.” Ya lo sabe, hasta las paredes lo estarán vigilando!”
Esa última frase fue acompañada de un sarcasmo enfermizo. Kricek dio la 
vuelta y se fue. El doctor, sumamente aterrado, permaneció mirando al 
techo, tratando de encontrar en su mente una escapatoria a tan terrible 
situación. Siendo nulos sus esfuerzos, se había convencido de lo que 
debía hacer. 

9:34 h
Mulder había pasado la peor de las noches. Su celda se mostraba fría e 
inerte, como sus esperanzas. Su única fortuna yacía en encontrarse solo, 
con sus pensamientos. 
Nunca había sido tan humillado. Bill Scully había recitado la noche 
anterior, para su dolor, los cargos espantosos de los que él lo acusaba 
ante una notaría especial, como si fuera un vulgar criminal. El propio 
hermano de Scully, de ella, de esa persona tan significativa por la que 
daría la vida y que en su momento no supo proteger. Y ahora se encontraba 
maniatado de cuerpo y alma, solo; y sin saber del paradero de Scully, 
sin fe. 
Después de dar varias vueltas en círculo, se lanzó encolerizado a la 
pequeña cama donde escasamente pudo dormir unas horas, y terminó de 
humedecer la almohada con otra sesión de lágrimas tormentosas. Tapó sus 
gritos de desesperación enterrando su cara en la almohada, y como si se 
tratara de un autocastigo, deseó perderse en su propio infierno.
Lo que el joven agente no pudo evitar fueron los delgados pero 
persistentes rayos solares que tímida y poco a poco iban atravesando la 
oscuridad de la celda. Al llegar las diez de la mañana, uno de esos 
cabellos divinos logró alcanzar la mejilla de Mulder; y sin saber 
porqué, se dejó acariciar por él. 
Se volteó boca arriba, ya mucho más calmado. La luz de la pequeña ventana 
caía ahora justo encima de él, casi como un spot-light. Los radiantes y 
poderosos rayos solares debieron, en situaciones normales, cegar a 
cualquier ser humano que osara mirarlos directamente, pero en el caso de 
Mulder, sus ojos se mantuvieron serenos. En su mente penetró con fuerza 
la circunferencia de la corona solar y el recuerdo de una pregunta que 
ahora se volvía tangible:
“Mulder, ¿Alguna vez has visto a Dios?”
“Dios...”
“Agente Mulder, tiene visita” Anunció el celador. Mulder despertó 
bruscamente de aquel momento encantador.
Cual fue su sorpresa al ver pasar por la puerta a Margaret Scully. 
“Mulder” Dijo ella con rostro de preocupación.
“Cómo está, Señora Scully” Mulder casi susurraba. Empezó a tragar saliva.
“Tiene quince minutos” El celador cerró la puerta.
Los dos se miraron atentamente y no se decían nada. Ambos tenían miedo 
de hablar. Fue entonces Mulder quien se atrevió a empezar el diálogo, 
cabizbajo, como todo un penitente.
“Señora Scully, sé lo que debe estar pensando... por favor, perdóneme. 
Yo...”
“Fox, dime que tu nunca le hiciste daño a ella. Por favor. Si tú lo 
dices, te creeré, pero necesito escucharlo salir de tu boca. Por Dios, 
Fox, te lo pido”
“Dios... “ Otra vez esa palabra. Su enorme poder y complejidad ya 
estaba aturdiendo las neuronas cerebrales de Mulder. La pregunta que 
Dana Scully le había hecho el día anterior, sin darse cuenta de ello, 
había calado hasta en las fibras más escondidas de su alma.
Meditó en fracciones de segundo. Alzó la mirada lo suficiente para poder 
observar a su visitante. En sus ojos ya no se mostraba el temor, cosa 
que impresionó mucho a la mamá de Scully. Mulder sonrió con una dulzura 
inigualable y Margaret sonrió también. Entonces le dijo con amabilidad:
“Señora Scully... la respuesta está dentro de usted”
“Entonces... quiere decir que...” Los sollozos no la dejaban continuar. 
Mulder la abrazó, buscando consolarla “... ¡Que a Dana no le pasaron esas 
cosas horribles que dice Bill!” Su corazón latía cada vez más fuerte en 
el pecho de Mulder. Él por su parte, sentía regocijo de darse cuenta que; 
además de su compañera, había alguien más en este “maldito mundo,” como 
lo llamaba él, que lo creía limpio. Su abrazo entonces se volvió más 
tierno y suave, como el de un hijo hacia su madre. Fue así como 
transcurrieron algunos minutos en el interior de esa celda que ya no se 
veía tan lúgubre. 
“Señora Scully, quise devolverle su hija a salvo, pero fallé. Ahora no 
hay mucho que yo pueda hacer, si salgo culpable en esto” Mulder y 
Margaret se separaron. 
“Cuando Bill se empeñó en buscarlos con la policía, le pedí que los 
escucharan, a ti y a Dana”
“Siento decirle esto, pero su hijo es muy mal oyente”
“Y ahora está peor, Fox. Nunca antes lo había visto tan empecinado”
“Ese sí que es un problema, señora Scully” La voz provino de alguien que 
abría la puerta “ Más ahora que necesitamos a Mulder para que nos ayude 
a encontrar a su hija”
“Buenos días, señor” Dijo Mulder al director adjunto Skinner.
“Señora Scully, lamento decirle esto, pero no tenemos todavía novedades 
de ella”
“¡Santa Madre de Dios!”
“Por favor, trate de convencer a su hijo de levantar los cargos contra 
el agente Mulder. De no hacerlo, la audiencia se convertiría en un 
juicio largo sin sentido, y mientras tanto, Scully puede estar 
necesitándonos”
“¡Sí. Haré lo que pueda!” Margaret se despidió cordialmente de los dos 
caballeros y salió del recinto. Cuando llegó a la calle, un hombre alto 
y con barba la toma con discreción por el brazo.
“Pero, ¿Quién es usted?”
“Señora Scully, por favor, venga conmigo...”
Entanto, Skinner le hablaba acaloradamente a Mulder. Ya faltaba poco 
tiempo para que se iniciara la audiencia.
“¡Está acorralado, Mulder! No sé cómo lo hicieron, pero encontraron el 
motel en donde estuvo usted con Scully y le siguieron la pista. Y esas 
sábanas llenas de sangre... ¡Malditos!... inventaron un informe de ADN 
en donde se identifica la sangre como la de Scully”
“No lo inventaron, señor. Esa sangre es de Scully”
“¡Cómo! ¿Entonces sí le ocurrió algo? ¿Estaba herida?”
“No señor, fue un “percance” que no ponía en peligro la vida de nadie. 
Por eso se la llevaron. Si le hubieran hecho un examen total, se habrían 
dado cuenta que no tenía un solo rasguño en su cuerpo. Pero ahora...”- 
Mulder se sentó en su cama y se quedó pensativo. Skinner titubeó antes 
de formular la siguiente pregunta:
“¿Y el informe, Mulder?”
“Eso es lo único que le interesa, ¿Verdad?”
“Madure Mulder, sabe que todo esto está ligado. Ahora soy yo el que se 
sorprende. Arriesga a su compañera por un conjunto de papeles” Skinner 
esperaba convencerlo con su argumento. Se le quedó mirando atentamente 
al joven agente. Mulder no reaccionó de una vez, pero al hacerlo, se 
levantó sin prisa y le dijo muy seguro.
“No se la llevaron por eso, señor”
“¿Cómo?”
“Mire, le voy a decir la verdad. El informe se extravió. No sé dónde 
está. Sé que estoy en total desventaja pero no hablaré de lo que sé ni 
de lo que deje de saber hasta que vea a mi compañera sana y libre de 
toda amenaza. Ellos también salen perdiendo; qué más da. Así es que puede 
irse en este momento de aquí y mandarles mi ultimátum”
“No me juzgue mal, Mulder. También me preocupa Scully”
“Lo sé. Por eso, debe darles mi mensaje: Scully o nada”
Skinner asintió afirmativamente con la cabeza mientras se retiraba del 
lugar. Mulder debía prepararse, porque la audiencia iba pronto a comenzar. 
Tomó una toalla que le habían proporcionado. Pero antes de dejar su 
celda, contempló otra vez la luz del sol que parecía no abandonarlo. 
Él tampoco comprendía bien, pero logró sonreír. 

Audiencia especial del F.B.I. 
Washington D.C. 13:00 h

Tantos rostros, tantas almas. Mulder entró en lo que parecía ser una 
verdadera cueva de lobos. Sorprendido, vio cómo las caras de los allí 
presentes se iban identificando con cada recuerdo desagradable que 
guardaba en su memoria: había miembros del sindicato y colegas burlones 
del F.B.I. 
Los agentes envidiosos habían visto en este caso poco común la 
oportunidad de deshacerse deshonestamente de Mulder, ya que ni ellos 
mismos creían que “spooky” fuera capaz de lastimar a Scully, pero igual 
les daba el asunto si esto representaba la humillación absoluta de aquel 
que era considerado el más listo y eficiente de los agentes del F.B.I. 
No se podía dejar de contar en la audiencia el hermano de su compañera 
perdida. También Skinner hizo acto de presencia, pero más que optimista, 
se encontraba a la expectativa. Una estremecedora corriente eléctrica 
sacudía el ambiente entre miradas gruesas y fulminantes.
Mulder se iba a voltear para hablar con Skinner, cuando fue conducido 
rápidamente hacia una habitación a un costado del juzgado. 
“¿Adónde me lleva?”
“Silencio Mulder, no abra la boca. Queremos hacer un trato con usted” 
Decía Kricek vestido de guardia.
“¡Tenías que ser tú, rata inmunda!”
“Cuida tus palabras, Mulder. Quizá algún día agradezcas lo que hago por 
ti”
“¿Por mí?”
Lo dejó finalmente en la habitación. Allí estaba, sentado en una esquina, 
cual pájaro de mal agüero, el fumador de cigarrillos Morley.
“Finalmente nos encontramos en esta historia, Mulder”
“Dónde tienen a Scully”
“Díganos dónde está el informe”
“¡No voy a decir nada hasta que pueda ver sana y salva a mi compañera!”
“Está bien, si tanta es su insistencia... ¿Porqué no hecha un vistazo 
por el vidrio?”
Mulder no vaciló en observar la ventana ahumada que daba hacia la sala 
de audiencias
Todos los presentes, incluyendo Mulder desde su ventana, quedaron como 
mudos al presenciar la entrada triunfal de Dana Scully. Muchos sudaron 
de los nervios; otros, como su hermano Bill, apenas pudieron dibujar 
algo en el rostro. Sólo el fumador, desde su oscuro rincón, se mantenía 
imperturbable. 
La belleza de Scully iluminó el lugar. Los Pistoleros Solitarios habían 
cuidado bien de ella desde la noche en que la salvaron de sus dos 
captores; y con la ayuda de su madre, había conseguido sacar de su 
ropero un hermoso vestido lila floreado que le sentaba muy bien con su 
tez blanca y su rostro lleno de esperanzas. Luego de sobrevivir a un 
oscuro invierno, esta Perséfone moderna se paseaba sin temor entre los 
demonios convidados.
Mulder sintió que la vida le sonreía. Ella estaba a salvo, y como bono 
adicional, se veía preciosa. 
“¿Ya ve, Mulder? Allí está la agente Scully, ahora, denos el informe”
Mulder no se volteó hacia el fumador de una vez. Notó que los Pistoleros 
Solitarios y la madre de Scully habían llegado junto con ella. Se dio 
cuenta del engaño.
“¿Me pretende usted tan tonto? ¡Ustedes no tenían a Scully!”
“¿Se cree usted mejor persona, Mulder? ¡Usted tampoco tiene ningún 
informe!”
“¡Si ya saben eso entonces para qué me quieren!”
“Le tengo una gran propuesta, amigo mío”
“¡Yo no soy su amigo! ¡Para hacer tratos con usted prefiero podrirme en 
una celda!” Mulder esta vez estaba dispuesto a volver al banquillo de 
los acusados.
“Espere un momento, Mulder ¿Y si le digo que la agente Scully es el 
pilar de la propuesta?”
Esa pregunta detuvo de una vez su caminar.
“¿A qué demonios se refiere usted? ¡Qué hay con Scully!” Mulder se 
estaba sulfurando.
“Existen grandes planes para ella. Planes maravillosos. Sin darse 
cuenta, Scully está siendo preparada para el objetivo máximo de nuestra
empresa, que es la supervivencia final de la raza humana; y usted, 
agente Mulder, puede ser parte de ese milagro” El fumador emitía estas 
palabras consciente de que estaban calando profundamente en Mulder 
“Después de todo, eso era lo que su padre quería ¿No es cierto? Así es 
que ¿Porqué no honrar su memoria siendo parte de la historia? Coopere 
con nosotros, el momento ha llegado...”
“¿Es que usted no se rinde, Spender? Una vez le dije que no. Sus amenazas 
no me asustan. Y se lo advierto: ¡No se vuelva a acercar a la agente 
Scully!”
“Ya es muy tarde. El proceso comenzó”
“¿¡Qué proceso!?”
“Mire Mulder, no importa cuánto pierda la calma. El destino es 
inexorable, inclusive para la agente Scully. Es hora de que su misión 
se cumpla cabalmente y ni usted ni nadie podrá detenerla...”
“¡No esté tan seguro de eso!”- Mulder lo tomó por el saco y lo sacudió 
violentamente “¡Protegeré a Scully a como dé lugar!”
“La ama ¿Verdad?”
Esta vez el fumador había llegado demasiado lejos. Si su objetivo era 
paralizar al joven agente de pies a cabeza, esta vez lo había logrado. 
Mulder se llenó de miedo. No sabía qué contestar. 
“Mulder, la mejor manera de demostrar amor es compartiéndolo. Si trabaja 
con nosotros, le garantizamos su supervivencia junto al ser querido. 
No me imagino que usted desee quedarse fuera de un acontecimiento tan 
importante en la vida de su “compañera” ¿O sí? Únasenos, y estará con 
Scully por el resto de su vida”
“¡No va a jugar más conmigo Spender! ¡Ni conmigo ni con Scully! Usted 
está acostumbrado a manejar a las personas como fichas de ajedrez. Yo 
no. Lo siento Spender. Conmigo perdió”
“Usted es demasiado confiado Mulder. Todavía tengo una ficha poderosa 
contra usted”
“¡No me amenace Spender! ¡La verdad siempre sale a la luz!”
“¿Pero cuál es el precio a pagar, Mulder?” El fumador dirigió su malévola 
mirada hacia el exterior.
“¡NO TOQUE A SCULLY!... ¡Se lo advierto!” Mulder abrió la puerta para 
salir.
“Entonces no se duerma de ahora en adelante, Mulder. Podrían romperse 
sus huevos de Pascua”
Mulder regresó al pequeño estrado algo preocupado “¿Huevos de Pascua?”
“¡Mulder!”- Scully le gritó emocionada. 
Se dirigió apresuradamente al pasillo. Ver y tocar a Scully era 
suficiente para cambiarle el humor; y sin reparar en los demás presentes, 
se prendió de ella en el más dulce y suave de los abrazos, a lo que 
Dana, recíprocamente, correspondió entrelazando sus brazos en su cuello. 
“¡Orden en la sala!” Gritó severamente el guardia “El juez va a entrar. 
Todo el mundo de pie!”
“Scully, qué gusto me da verte” murmuró Mulder al oído de Scully “Debí 
suponerlo: Andabas siguiendo al conejo blanco”
“Mulder, algo increíble me está sucediendo...”
“Luego hablamos. No quisiera que te multaran por no hacerle venia al juez”
El juez al fin llegó al recinto. Se sentó y revisó los documentos en 
cuestión. Todos esperaban atentamente sus palabras.
“Bueno, veo con alegría que la agente Scully está con nosotros para 
celebrar la Pascua. Bienvenida agente. Había desaparecido de manera muy 
misteriosa”
“Señor, si me lo permite, creo que aquí hay muchas personas que podrían
explicarnos ese misterio” Hablaba Scully ante la audiencia “Pero lo 
importante ahora es determinar la inocencia de mi compañero Fox Mulder 
de los cargos que se le acusan. Como ve, no estoy herida y nunca lo 
estuve. Traigo evidencia médica que confirman lo que digo y que, 
contrario a lo que afirma el oficial Scully, también demuestran que no 
soy víctima de ningún engaño psicológico”
Scully no dejaba de mirar al frente. Su hermano, por otra parte, no 
dejaba de mirar a Mulder.
-“Entiendo. Ya que se ha presentado nueva evidencia, pido un pequeño 
receso de diez minutos para analizar y comparar. Entonces volvemos a 
las 13:30h”
Mulder volvió tranquilamente a su puesto ante un público que no dejaba 
de sorprenderse. Scully se sentó al lado de su hermano. Lo mismo hizo 
su madre que había llegado con ella y los Pistoleros Solitarios. Bill 
bajó la cabeza y no se atrevía a mirar a su hermana. Ella se dispuso 
entonces a abordarlo gentilmente:
“Bill, hermano, como ves, estoy bien. Tengo pruebas médicas de que 
Mulder no me lastimó en ningún momento ¿Porqué no dejas ya todo esto y 
nos vamos a casa?”
Bill no dejaba de mirar al suelo. Fue así como habló
“La policía me condujo a ese motel y cuando vi tus vestidos llenos de 
sangre, temí lo peor. Nadie sangra así sin una razón”-
“Las mujeres lo hacemos... una vez al mes”
Bill alzó la cabeza sorprendido.
“Entonces... ¿Era eso? ¿Porqué no me lo dijiste?”
“¿Me quisiste escuchar acaso?” Dana lo miró ahora un tanto enojada “¡Te 
ensañaste contra Mulder como un animal y le dijiste toda clase de 
insultos; cuando él en todo momento se comportó como un caballero!”
“Dana tiene razón Bill” Interrumpió su madre “Además de retirar los 
cargos, deberías disculparte con él”
Los regaños no le cayeron bien al fornido marino. Al dirigir su vista 
al frente y observar a Mulder por detrás, sólo podía experimentar la 
furia y el orgullo herido que consumía su carácter. Él sólo veía a un 
hombre cuyo comportamiento había puesto a su hermana en constante 
peligro. Por eso, observó con ironía a Scully y le habló de manera muy 
hiriente:
“Esta bien. Asumamos que no te provocó ninguna herida. Eso aminora los 
cargos, pero no me vas a negar que te secuestró”
“¡Bill, porqué eres tan obstinado!” Margaret lo regañó mientras veía 
cómo Dana, muy enojada, se retiraba de su puesto y tratando de contener 
las lágrimas.
“¡Ah! ¡Así es que te pones en mi contra por él!”
“¡Me pongo en tu contra porque no defiendes la verdad!”
“¡No mientas, Dana! ¡Haces esto porque te mueres por él, aunque te esté 
arruinando tu vida! ¿Eso es lo que tú quieres? ¿Qué un HOMBRE te domine, 
Doctora Scully? ¿En donde dejaste tu orgullo? ¿Se lo llevaron los 
extrate...”
“¡¡¡PPPPPPLLLLLLLLAAAAAAAFFFFFFF!!!!” Fue todo lo que escuchó Bill 
después del bofetazo que le dio su madre. 
Tanto Bill como Dana se asustaron con lo que mamá había hecho. Sin 
embargo, ella no se sentía con derecho a intervenir. Se fue a sentar 
cerca de Mulder, buscando dejar a madre e hijo solos. Tomó con fuerza 
el hombro de Mulder, en señal de apoyo incondicional. Mulder tomó su 
mano con alegría, inocente del drama familiar que se estaba desarrollando 
a sus espaldas.
“¿Porqué me pegaste, mamá?” Preguntó Bill con el alma partida.
“Porque te lo mereces” Contestó severamente su madre –“Porque te has 
dejado llevar por el odio. Yo no te enseñé eso, hijo mío”
Transcurrió un silencio enloquecedor. En eso, volvió el juez:
“Bueno, tal parece que los acontecimientos de este fin de semana han 
sido tan sólo el resultado de un malentendido. No existen pruebas 
fehacientes de que la señorita Scully haya sido secuestrada, ya que 
ella como supuesta víctima así lo ha manifestado. Los reportes médicos 
y psicológicos son verídicos...”
Mulder giró un poco la cabeza para hacerle un gesto de agradecimiento 
a Langly y sus cómplices. Tanto él como Byers y Frohike devolvieron el 
gesto.
“Sin embargo, permanecen los cargos de agresión contra un oficial de 
la marina”
“¡Oh no!”- Se dijeron Los Pistoleros Solitarios, Mulder y Scully.
“Estas acusaciones son muy graves, agente Mulder. Será mejor que nos 
empiece a explicar su versión de los hechos”
“No es necesario, señor juez. Yo conozco la verdad de todo lo que 
pasó”- Afirmó un hombre que entraba al lugar. Era el doctor Joseph. 
El mismo que atendió a Scully el Viernes Santo.
“Doctor Joseph, puede sentarse en el interrogatorio. Lo estábamos 
esperando”
Al momento de llegar el doctor, el fumador salió de su cueva mirando 
cizañeramente a Mulder; que sufrió en ese momento de un sobresalto en 
el pecho. El mensaje del fumador era claro para él. Ahora sí sabía cuál 
era su última ficha. Si por amenaza o por lo que fuere, este testigo 
decía algo en su contra, se encontraría totalmente perdido. Comenzó 
a sudar frío. Vio a su alrededor. Estaban todos sus enemigos allí 
presentes: Krycek, el fumador, miembros reconocibles del consorcio. 
Todos a la espera que el doctor diera en el blanco con sus palabras.
“¡Oh Dios! ¡Ahora sí estoy perdido!... ¿Dios?”
“Doctor Joseph, lo citamos en el día de hoy porque su testimonio es 
crucial para la solución final de este caso, sobre todo porque se tiene
al agente Mulder de principal sospechoso por agresión en su contra. 
¿Jura decir sólo la verdad, toda la verdad...”
Los ojos del doctor estaban llenos de angustia.
“... y nada más que la verdad?
“¡Lo juro!”
El doctor comenzó a dar las explicaciones de rutina sobre lo que había 
pasado ese día: el caso de Scully, su conversación con Mulder y demás; 
tratando de esquivar declaraciones comprometedoras. Pero el tiempo se 
agotaba y el momento más temido había llegado. El juez hizo la 
decisiva pregunta:
“Doctor Joseph ¿Fue Fox Muilder, agente especial del F.B.I., el hombre 
sentado a su derecha, el que lo agredió la tarde del Viernes dos de 
abril de mil novecientos noventa y nueve? 
Mulder cerró los ojos. Sabía que ese era el fin. El fumador y otros 
presentes se veían satisfechos ante tal situación. Los Pistoleros 
Solitarios acompañaban a Mulder en su angustia. Sólo la familia Scully 
era ajena al problema. Dana se veía feliz, pues estaba segura de la 
respuesta del testigo.
El doctor miraba nerviosamente al público. Entre ellos, se encontraba 
sentado un joven blanco y esbelto, como de unos treinta años, vestido 
muy formal y pulcro, que desde antes de sentarse al estrado le estaba 
haciendo señas que por favor no lo hiciera. Fue en el último momento 
cuando la presencia de aquel joven cobró más importancia. El doctor se 
conmovió ante esa mirada, tan noble, y a la vez, triste, llena de 
compasión.
“Repito, Doctor. Fue Fox Mulder, agente especial del F.B.I...”
“Ya no hace falta que lo repita, señor juez. Él no fue”
En la sala hubo un gran revuelo. El fumador fue el primero en 
alterarse. Esta vez se había convertido en una de esas pocas ocasiones 
en la que el destino no había sido necesariamente inexorable. Salió 
corriendo junto con Kricek por la parte de atrás del estrado. Éste 
último no desapareció sin antes dar una señal al aire.
“¡Y además de eso es completamente inocente! ¡Él sólo quiso defender a 
su compañera de unos extraños que estaban probando con ella fármacos 
sin mi autorización!” El doctor se había empeñado en gritar todas las 
verdades al viento antes de morir. 
Entre el alboroto, Mulder observaba atentamente a los miembros del 
público.
“¡Orden! ¡Orden!”- Exclamaba el juez.
“¡Tengan todos mucho cuidado! Alguien nos está envenenando con una 
sustancia diabólica... ¡Ah, ahahahaha!...” Los efectos del carbono 
inteligente se empezaron a notar en él.
Scully, su familia y otros atendieron con espanto lo que estaba 
ocurriendo. El rostro del testigo se desfiguraba cada vez más ante 
los efectos del veneno. Ya había algunas secretarias y otras mujeres 
desmayadas. La sala se había vuelto un caos total.
“¡Scully! ¡Encuéntralo! ¡Tiene que estar aquí!”
Scully buscó desesperadamente con la mirada algún indicio del controlador 
nanotecnológico. No era nada fácil, pues había que distinguir entre 
tanta gente aterrorizada corriendo de aquí para allá. Finalmente, al 
fondo del lado izquierdo, distinguió al hombre.
“¡Mulder! ¡Allá está!”
Mulder lo vio. El hombre se encontraba en esa esquina, muy concentrado 
en el control que llevaba en su mano. Al no poseer arma, Mulder tomó 
su zapato, y con un tino increíble, logró darle al aparato, haciendo 
que éste cayera al suelo y se rompiera. Inmediatamente, el doctor 
volvió a la normalidad. Entonces todo el mundo se calló.
“¡Oficiales, arresten a ese hombre!”
Los guardias del portón no reaccionaron a tiempo. El individuo en 
cuestión había ya golpeado a uno de ellos, dándose la oportunidad de 
escapar.
“Esto no se queda así” Dijo Mulder preparándose para seguirlo.
“¡Espere, Mulder!”- Ordenó de una vez Skinner.
Mulder lo miró atentamente. Pensó de una vez en una negativa.
“No valla desarmado” Skinner le dio en su mano su arma y su placa.
“Sígalo; y por favor, perdóneme”
Mulder no esperó más y corrió. Scully se disponía a seguirlo, pero al 
pasar cerca de su hermano, su semblante la hizo detenerse. Se veía 
derrotado, triste, desprovisto de toda moral conocida. Scully no sabía 
qué hacer. Su compañero la necesitaba, pero su hermano también.
“¡No te preocupes Scully! ¡Nosotros lo ayudaremos!” Gritaron los 
Pistoleros Solitarios al correr hacia la puerta. Ya más tranquila de 
ver que Mulder no estaría solo, se sentó junto a su hermano. 
“Yo sólo quería protegerte, Dana” Logró emitir de sus labios.
“Lo sé, y no te culpo por ello, Bill”
La comprensión de Dana lo conmovió de una vez. Ambos hermanos se 
abrazaron y se desearon Feliz Pascua, ante la mirada regocijante de 
su madre 
La persecución de Mulder había continuado hasta unos estacionamientos 
bajo techo. Con nervios de acero, Fox miraba entre cada automóvil y 
pilar, buscando afanosamente al asesino.
Ya casi declaraba su búsqueda en ese lugar infructuosa, cuando fue 
sorprendido por su enemigo, al caerle encima con todas sus fuerzas. 
Mulder forcejeó con él, pero el criminal tenía todas las de ganar, pues 
se enfrentaba a un Mulder que al caer había quedado desarmado. Ya 
la fatiga estaba haciendo estragos en el joven agente. El otro hombre 
era mucho más fuerte que él. Mulder no pudo más. Entre la debilidad 
vio cómo el asesino sacaba un pequeño puñal de su bolsillo y lo 
empuñaba para quitarle la vida. Cerró los ojos.
No sintió el filo en su cuerpo. Volvió abrir los ojos.
Un joven muy elegante, treintanario, vestido de negro, había logrado 
llegar a tiempo para tomar con fuerza el brazo del asesino. Mulder más 
que feliz estaba sorprendido “¿De dónde había salido ese hombre?” El 
malvado criminal también estaba asustado. La fuerza de ese joven no 
parecía ser de este mundo. Su mano se veía fina, pero fuerte a la vez. 
Al tratar de verlo al rostro, el asesino corrió despavorido del lugar, 
como si hubiera visto al mismo demonio.
“¡Perdóname!!!!” El asesino desapareció.
El joven ayudó a Mulder a incorporarse. Mulder no dejaba de mirarlo. 
Su presencia allí y en ese momento no dejaba de ser intrigante, pero a 
la vez cálida y dulce, como el sol de la mañana.
“Gracias, amigo... yo... no sé cómo agradecerte”
“Busca la verdad. Es el mejor regalo que puedes hacer”
El hombre se alejaba lentamente. Mulder se sentía feliz, amado. Quería 
saber quién era aquel que le había salvado la vida. “Oye, disculpa que 
te moleste”- Le decía mientras el hombre se seguía alejando “La verdad,
¿La encontraré algún día?”
El joven de negro se volteó para mirarlo con dulzura “La verdad os 
hará libres, Mulder”
“Pero por favor dime, ¿Qué debo hacer primero? ¿Por dónde empiezo?”
“La respuesta está dentro de ti ¿Recuerdas?”
Mulder de una vez recordó el consejo que ese mismo día le había dado a 
la mamá de Scully. Pensó en el consejo tan sabio que acababa de 
recibir. Se dio cuenta que Él tenía razón, pero cuando lo buscó con 
su mirada para agradecerle, ya se había ido.
Mulder corrió de una vez hacia la salida principal, con la esperanza 
de alcanzarlo; pero con los que se topó fue con sus amigos Byers, 
Langly y Frohikie. Por poco y se estrella con ellos.
“Muchachos, ¿Vieron a un hombre vestido de negro salir de aquí?”
“Creo que estás delirando Mulder. El único que salió como loco fue el 
criminal del artefacto asesino. Ya la policía lo capturó” Le contestó 
Frohike. 

Iglesia de St. John. 
18:45h 
“Y es por eso hermanos que hoy celebramos la resurrección del Señor”
La señora Margaret se sentía feliz. Hasta hace algunas horas veía 
imposible poder celebrar la misa de Pascua en paz, junto con sus 
queridos hijos. Pero allí estaban todos, incluyendo su cuñada, su 
nieto y su adorada Dana.
Ella, por otro lado, permanecía distante, pero ya no de la misma manera 
como en el Viernes Santo. Ahora sentía dicha, amor y fe, gracias a las 
experiencias y a las lecciones inolvidables de esa Semana Santa. En 
su mente, le daba gracias a todos: a su madre por creer en ella y en 
Mulder, a los Pistoleros Solitarios por su singular rescate, al doctor 
por escoger el camino de la verdad, incluso, dio gracias a los malvados, 
porque lo que experimentaron con ella estaba teniendo frutos positivos.
Y a Mulder, tenía tanto que agradecerle a él...
-“Démonos fraternalmente el saludo de la paz” Ordenó el padre Mc Cue
Scully sintió que unos brazos muy fuertes y cálidos la rodeaban 
dulcemente. Era tan hermoso ese abrazo que no reparó ella en compartir 
ese gesto de amor. En su rostro se dibujó una sonrisa al comprobar que 
el autor de aquello era nada más y nada menos que su alocado compañero 
de trabajo. Ella lo saludó cariñosamente, acariciando su mejilla.
“La paz sea contigo, Scully”
“Y contigo, Mulder. Me has sorprendido. Nunca te hubiera imaginado aquí,
y ahora”
“Te traje un regalo” Mulder levantó de su puesto una hermosa canasta 
llena de huevos de colores. Al tomarla, Scully adquirió una apariencia 
especial. Aún conservaba el hermoso vestido lila floreado; y junto con 
los vistosos huevos, daba la impresión de haber salido de un cuento de 
Hadas. Al contemplarla en ese momento, se prometió así mismo que no 
iba a dejar que nada ni nadie pudiera tocarla para usarla como una cosa 
sin alma. 
“Feliz Pascua, Mulder”- Le deseó Margaret.
“Gracias”
“Feliz Pascua... agente Mulder” Dijo Bill estirando fríamente la mano.
A ese estímulo, Mulder envió una efusiva respuesta, rompiendo el hielo 
que existía entre ellos con un fraternal y emotivo abrazo. Esto, como 
era obvio, incomodó a Bill, pero hizo sonreír a Dana.
“Bill, te pido perdón por escupirte en la cara y decirte “marinerito””
“Supongo que fue la emoción del momento. Yo... umm... yo también quiero 
disculparme por todo lo que hice”
“No te culpes, sólo pretendías proteger a tu hermana”
“No Mulder. En realidad fui un soberbio. Debido a mi cólera no me di 
cuenta que se llevaban a Dana. En serio, aprendí mi lección”
El ritual continuaba. Mulder estaba sentado al lado de Scully.
“Es extraño, Mulder. Mi sistema inmunológico está respondiendo 
positivamente a estímulos hormonales provocados. Al principio me asusté, 
pues pensé que traerían más alteraciones en el ADN, pero contrario a 
toda predicción médica, mis ovarios están regenerando funciones que 
habían sido atrofiadas durante mi secuestro... estoy hablando del 
primero. Ahora no sólo hay una producción óptima de hormonas, sino 
también un mejor recubrimiento de las paredes de la matriz... Eh... 
Mulder, discúlpame. Hoy es un día de fiesta y te estoy golpeando la 
cabeza con asuntos médicos. Es que, lo que me está ocurriendo no sólo 
es sorprendente, sino también... “
“¿Milagroso?”- Preguntó Mulder con serenidad.
“En parte sí, Mulder... Bueno, puedo asegurarte que como fenómeno 
científico, esto es una completa rareza”
Ahora sí que Mulder había empezado a entender.
“Ya sé porqué debo cuidar los huevos de Pascua”
-“¿Cómo?”
“Scully, veo un futuro muy bueno para ti... para todos, y me alegro. 
Quisieron hacerte daño y lo que resultó fue algo maravilloso”
Scully también comenzó a comprender. Nuevamente sintió que la luz 
invadía su corazón. Abrió su canasta de huevos, tomó el de los colores 
más hermosos y se lo dio a Mulder. Él quedó conmovido ante semejante 
regalo, y le sonrió con suavidad, en señal de agradecimiento.
“Dana, la hostia”- Le anunció su madre.
Scully formó la fila. Ahora más que nunca quería recibir el cuerpo de 
Cristo, pues ahora la verdad se encontraba más cerca que nunca. Lo que 
no pudo nunca imaginar es que detrás de ella la seguía Mulder.
“Mulder, pero tú no eres...”
“Scully, ¿Te acuerdas cuando me preguntaste si alguna vez había visto 
a Dios?”
“Sí. Fue en el auto” Decía Scully un tanto nerviosa. Ella le había 
confesado al padre Mc Cue algunas cosas sobre su compañero. Que no es 
católico era una de ellas. Poco a poco se acercaban al sacerdote.
“Scully, necesito que sepas una cosa”
“Dime, ¿Cuál es?”
“Si he visto a Dios antes... quizás, es posible, pero nunca tuve la 
certeza”
Mulder seguía hablando mientras observaba con ternura a Scully “Si he 
de verlo, y tener la certeza de ello, me gustaría que fuera a tu lado”
Mulder y Scully se separaron para ir cada uno donde un sacerdote, puesto 
que había dos proporcionando la hostia. A Mulder le tocó ir donde el 
padre Mc Cue que lo recibió un poco impresionado.
“¡Señor! ¡Este joven no es católico! Es mas... me pareció entenderle 
a Dana que es judío ¿Cómo voy a darle la hostia? ¡La iglesia me 
castigaría!”
No obstante, había algo en Mulder que llenaba de paz a aquel que lo 
mirara. Su sonrisa llena de amor y sinceridad conquistó hasta los 
principios dogmáticos más fuertes del sacerdote católico. Entonces el 
padre se preguntó a él mismo si Dios se enojaría con él al darle de 
comer el cuerpo de Cristo a Mulder. Scully miraba de reojo la situación. 
Casi podía leer lo que el padre estaba pensando.
Al final, tomó la que él pensó era la mejor opción. Extendió con 
gentileza la circunferencia hacia Mulder y le dijo:
“Corpus Cristi”
“Amén”- Dijeron los dos; y simultáneamente, tomaron su hostia.
Una hermosa luz brilló en ellos. Una luz suave, tranquila, cálida. Los 
dos agentes regresaron lentamente a su puesto, tomados bellamente de 
la mano, mientras meditaban en silencio todo lo que la vida les había 
regalado al tenerse el uno al otro. 
El padre Mc Cue, por otra parte, había recibido también su regalo de 
Pascua. Nunca antes había recibido tal honor, de ver por primera vez 
a Cristo entrar verdaderamente en los cuerpos de dos seres. Dos seres 
que ahora se volvían uno para siempre. 

Si les gustó, ¡Escríbanme!

~ por Angelik en abril 7, 2009.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: