[Fanfic] Los monstruos sabrán entenderlo II


Titulo:Los Monstruos sabrán entenderlo 2
Autor:Summerrain
E-Mail:summerraink@gmail.com
Rating:NR-13
Categoria:MSR
Spoilers:Per manum y varios leves hasta la séptima temporada.
Keywords:-
Summary:Este fic está inspirado en las palabras de la tabla 30 días de la comunidad 30vicios . Ninguna intención de apropiación y no gano dinero con esto.
Toda crítica será bienvenida.

Mulder, Scully y otros personajes nombrados no me pertenecen, son propiedad de Chris Carter, 1013 y Fox.

Los monstruos sabrán entenderlo 2

11.-SIENTO HABER SIDO TAN EGOÍSTA.

Una vez, cuando estabas enferma, intenté hacerte sentir culpable por no acompañarme en busca de un extraterrestre congelado.

Pienso que es posible que ni siquiera recuerdes exactamente a qué vez me refiero.

He utilizado tantas veces ese truco… Sin querer, sin darme cuenta, o sabiéndolo y sabiendo que podía no hacerlo. He elegido utilizarte, aprovecharme de tu lealtad. Te he pedido que no te fueses cuando sabía que era mejor para ti irte; te he pedido que me siguieses cuando sabía que te estaba poniendo en peligro. Te he dejado atrás diciendo que era lo mejor para ti, sabiendo que te haría sentir que me abandonabas, y que posteriormente podría sacar provecho de ello.

He sido un egoísta, y los dos lo sabemos.

A veces te hablaba de ello, te decía lo culpable que me sentía por todo el daño que te había hecho y tú, por supuesto, me contestabas que habías tomado tus propias decisiones y que no era culpa mía. Hasta cuando no he actuado de forma egoísta era por puro egoísmo. Así de retorcido resultaba: Necesitaba oírtelo decir, acallar la culpa.

Es un hecho que si no me hubieses conocido tu vida sería mejor. También es un hecho que tomaste tus propias decisiones, que llegó un punto en que nuestras investigaciones te afectaron personalmente. Es un hecho que querías la verdad tanto como yo. Es un hecho que son inimaginables los hechos que habrían cambiado de no habernos conocido y que existe la posibilidad de que hubiese sido peor para ti. Probabilidad quizá baja, pero posibilidad existe. Es un hecho, por tanto, que no merece la pena darle vueltas.

Quizá era bueno que vinieses todas esas veces, que no te fueses nunca. Quizá era como debía ser. Quizá mi mentira tenía algo de verdad y el vínculo creado, ese luchar juntos, era algo positivo. Quizá llegó un punto en que no abandonarte y no dejarte abandonar era tan necesario para ti como para mí, y ya no se podían medir los hechos como antes. Quizá mi mentira tenía algo de verdad y en parte te estaba retando para bien, haciéndote ser mejor investigadora, quizá.

Pero nada me libra del pecado de utilizar tu lealtad, tu capacidad de compromiso, tu preocupación o cariño por mí, para hacerte sentir culpable cada vez que me decías que no. Eso no tiene excusa y, si la tiene, no tiene perdón.

Verdaderamente siento haber sido tan egoísta. Y es mejor que no me oigas decirlo, porque los dos sabemos cómo funciona esto.

12.- DE TODAS ESAS COSAS.

Es sólo que no te decía esas cosas.

Esas cosas que ocurren constantemente y es imposible reparar en todas ellas: Son pequeñas y se te escapan, pero se quedan y son lo que importa. Cada momento no perdido, cada detalle y… todo lo que te hace sentir. Y por todo lo que te hace sentir no puedes pararte a pensar y a decir “Gracias por esto”. Es sólo que esas cosas ocurrían tan a menudo, que ni siquiera ahora soy capaz de meterlas en palabras y decirte lo que significaban para mí. Que mi vida en estos siete años, con todo el dolor, toda la rabia, los malos ratos, todo eso, ha estado llena de esas cosas.

“Llena” es la palabra.

Nunca te he dicho que a veces me daba rabia irme a dormir. Tú pensabas que era por el insomnio, que alargaba el tiempo contigo para no tener que tirarme en la cama a ver la tele y aburrirme, o por no estar solo. Pero no; es sólo que quería más cosas. Más sonrisas, y chistes malos, y bromas mías ignoradas, y ese “Mulder” mezcla de advertencia y cariño. Quería estar en un lugar que oliese a ti, y ver como te retirabas el pelo de la cara, y te humedecías los labios, y mirabas hacia otro lado y luego te volvías a mí con el ceño fruncido y una frase aguda con que pincharme. Las miradas, los choques de hombros, tu mano en mi brazo, canturrear una canción de la radio o discutir sobre el periódico. Todo, joder, Scully, todo.

Hasta cuando me iba a dormir, poder seguir pensando en algo gracioso que habías dicho, mi ropa seguía oliendo a ti tras cuatro horas en el coche, que tu reflexión sobre lo que fuese había sido muy inteligente, y que mañana estarías ahí de nuevo.

Que mañana estarías ahí de nuevo. Más sonrisas, más miradas, más chistes personales, más todo que parece nada de puro habitual. Un día más en que sencillamente estar contigo.

Y, ¿cómo se dice eso? ¿Cómo se le explica a alguien que al fin y al cabo está contigo porque compartís un trabajo, (y es que durante una época era sólo por eso), que todos los buenos momentos desde que la conoces fueron junto a ella pero sobre todo fueron por ella? ¿Cómo te iba a decir eso? ¿Cómo he podido no decírtelo? El encanto que imprimías en todo.

Quiero pensar que para ti era lo mismo y creo que durante los últimos tiempos te pudo quedar bastante claro por mi parte. Sé que sabías que te quería y sé que… sabes que donde esté te seguiré queriendo.

Pero me gustaría contarte algún día que, si aún soy capaz de pensar, si aún soy capaz de sentirme yo, es porque sobran esos momentos. Son tantos que no podrían acabarse nunca.

Mientras pueda pensar podré recordar cualquiera de esas cosas y seguiré sabiendo quién soy, que aún existo, que aún no he perdido la cabeza del todo.

Esto sí te lo dije una vez, Scully: Eres mi constante. Lo sigues siendo. Lo serás mientras viva y pueda recordar.

13.-UN VASO DE AGUA

Te empujé sin querer y caíste al suelo.

Atardecía, salíamos de un bosque al norte de Oregón. Creí oír algo, miré hacia atrás, tú te habías detenido un momento para calcular cómo librar un charco y choqué contra ti. Caíste de rodillas en el barro, el codo derecho contra una raíz saliente. Te hiciste daño de verdad.

Veníamos de recoger muestras en una zona quemada, tú llevabas las bolsas en la mano.

Una hora después recordaría que primero te pregunté si se te habían roto las bolsas, luego te dije que no había sido nada y luego me eché a reír. Fue gracioso el movimiento que hiciste evitando caer, no vi que te golpeabas el codo. El barro te había salpicado hasta la cara. A ti no te parecía gracioso, a mí no me parecía importante y no era ninguna de las dos cosas.

Te ayudé a levantarte, aún medio riendo. Evitaste mi mirada.

-Eh, Scully, no te enfades. Siento haberme reído. ¿Te has hecho daño o qué?

-Un poco, no es nada, olvídalo.

Te empecé a sacudir el barro del abrigo. Hiciste un gesto con la mano, aún sin mirarme.

-Déjalo, por favor. No tiene arreglo.

Caminamos hasta el coche. Parecías molesta, sin ganas de hablar. Tampoco le di importancia. Conduje hacia el motel intentando al principio hablar del caso, luego sólo sacar conversación. Había sido algo demasiado tonto para que te enfadases, siempre nos reíamos de esas cosas. Pero tú respondías poco más que monosílabos y mirabas por la ventanilla.

Era una de esas situaciones incómodas en las que no sabes si pedir perdón porque ya lo has hecho y no entiendes del todo la reacción de la otra persona, no sabes si es culpa tuya siquiera. Decidí dejarlo estar.

Ya casi no había luz cuando escuché un suspiro ahogado.

-Scully, estás llorando.

Paré el coche en el arcén. Intenté encontrar tu mirada pero seguía fija al otro lado.

-No es nada, Mulder. Olvídalo, ¿quieres?

-Siento haberme reído. No pensé que te hubieses hecho daño. No…creí…

-No es eso.-Me miraste entonces y entendí que no era un enfado, era peor.-No es que te rieses, para nada, ni siquiera es haberme caído, ya era antes. Es sólo que…

-¿Qué?

Sonreías con verdadera tristeza, la voz rota y los ojos llenos de lágrimas, pero sin llorar.

-Que va a ser así todo, ¿verdad? Bolsas de cenizas y caer en el barro. Moteles fríos con la tele estropeada, y que importe que la tele esté estropeada. Eso es todo.

-La mía…funciona. Te puedo cambiar de habitación.

Te reíste, con razón.

Emily había muerto unas semanas antes y sin saber si era la cuestión pensé en eso. Pensé que era como ofrecer un vaso de agua en un velatorio. Sabes que es absurdo pero es lo único que tienes a mano. Me miraste casi con condescendencia.

-Gracias, Mulder, pero ése no es el problema.

Volviste a mirar por la ventanilla en silencio. No sabía si parar el motor o seguir. Si esperar a que hablases, preguntar, quedarme quieto como si llevase mi estúpido vaso de agua, abrazarte y hacerte llorar para que al menos tuvieses eso. Ese inútil descanso de llorar en brazos de alguien.

Cuando me di cuenta, estaba acercando mi mano para acariciarte el pelo. Cuando me di cuenta fue porque te habías vuelto de nuevo hacia mí. Mirabas mi mano colgada en el aire, con una expresión indescifrable, mezcla de interrogación y lástima.

-Me ibas a acariciar el pelo.

-Sí.

-Pues hazlo.

No llegaste a llorar. Quizá por eso no llegué a abrazarte. Permaneciste quieta en silencio mientras te acariciaba sintiendo que no tenía palabras, consuelos, nada inteligente o útil que aportar. Sólo eso.

Quise decirte que había otras cosas, habría más. No todo serían cenizas y barro, habría buenos momentos, habría amor, habría felicidad. Podría haberte dicho eso, sólo que en aquel momento te daba toda la razón: No lo creía.

Sentía que todo lo que podía ofrecerte sin mentir era eso: unas manos que acarician. Tan absurdo como ofrecer agua a quien llora. Ni siquiera entendía que lo aceptases.

14.- SOBRE TODO, CONTIGO.

Te volviste hacia mí en la cama y dijiste algo que no puedo recordar exactamente; y me odio por ello. Me odio. Porque era precioso, y simple, y te salió sin pensar. Estabas medio dormida, apenas podías abrir los ojos, sonreías, y me acariciaste la cara diciendo “Mulder, Mulder, Mulder, Mulder, ¡qué cosas tiene la vida!” Y entonces soltaste aquello sobre que habías roto todas tus normas sobre no acostarte nunca más con compañeros de trabajo, ni acostarte nunca con amigos, ni con pirados que creyesen en extraterrestres ni, para ser más exactos y sobre todo, conmigo; pero había algo maravilloso en romper las normas autoimpuestas que consistía en que cuando te las imponías no podías ni llegar a imaginarte que romperlas sería mucho mejor de lo que podías imaginarte, que no era poco.

Joder, me gustaría recordar tus palabras exactas porque fue muy gracioso. Me estuve riendo de ti, dije que contigo ya que tú también te reías, pero casi era de ti. Porque estaba seguro de que tenías todas esas normas ordenadas, clasificadas, jerarquizadas y probablemente incluso escritas en algún diario adolescente.

Y te parecía maravilloso haberlas roto todas conmigo, y eso era tan maravilloso que probablemente no habría podido ni respirar de la emoción, si no me hubiese dado la risa.

Pero uno es lo que es y pronto se encendió el aviso en mi cerebro de “Confesión importante de Scully a la vista” y te pregunté, bromeando para ver si colaba mejor el anzuelo.

-¿Desde cuando somos amigos?, digo…¿Desde cuando tienes la norma de no acostarte sobre todo conmigo? ¿Por qué sobre todo conmigo? Me siento ofendido.

-Mulder, no juegues a eso, no quieres jugar a eso, no quieres, no.

-¡Que sí que quiero jugar! ¡Quiero jugar!

-No estás preparado para saber la verdad,- sentenciaste muy seria, hasta que no pudiste fingir más y volviste a reír.

Sé que aquello tiene dos lecturas: un posible “Mucho antes que tú y porque me importas demasiado para arriesgarme a que saliese mal” y un posible “Mucho después que tú y porque ya me pones de los nervios en el trabajo, como para aguantarte más”.

No insistí porque, curiosidad morbosa aparte, no me importaba lo más mínimo.

Te parecía maravilloso haberlo hecho. Punto.

Recuerdo que te acaricié el pelo una eternidad, a punto de hablar. Creo que volviste a quedarte dormida, te di un beso en la frente y susurré

-Tanto, tanto, tanto….

-Tanto, tanto-, murmuraste contra la almohada.

-Tanto y más, Scully.

Me abrazaste, te acomodaste bajo mi barbilla y creo que hasta lloré.

Sin saber cómo decirte que nunca tuve una norma sobre no acostarme contigo pero sí llegué a tener una sobre que, si ocurría, tenía que estar seguro de que iba a ser algo constante, de que no íbamos a fastidiarla.

En parte porque eras mi compañera pero sobre todo porque eras mi amiga. Y porque te quería demasiado. Y quería acostarme contigo muchas veces porque eras mi amiga y porque te quería demasiado y desde luego no me importaba lo más mínimo que fueses una incrédula pero sobre todo, sobre todo, quería acostarme contigo porque eras tú.

Sobre todo contigo.

Y, si no ocurría, lo que ocurriese que fuese contigo.

Lo que fuese, contigo.

El resto de mi vida, por encima de todo, contigo.

15.-TE ADMIRO

A veces decías “No hay vuelta atrás”. Otras veces no pronunciabas las palabras, pero lo decías igualmente. Me encantaba, ese gesto.

Tengo todas esas imágenes grabadas en la mente. Yo buscaba tu mirada interrogándote, a veces casi pidiendo aprobación o permiso, y tú negabas con la cabeza, levantabas la barbilla y tus ojos se llenaban de determinación. “Esta vez no hay vuelta atrás, Mulder”

Esas veces en que estábamos en el límite, más allá del límite de lo correcto, de lo legal. Tú hacías ese gesto y era tan excitante que un escalofrío me recorría y quería gritar, o besarte. Nada romántico ni sexual ni nada. Sólo besarte porque sí y porque estábamos juntos en el lado oscuro.

Bueno, eso ha sonado un poco romántico.

Me encanta ese gesto. Esa mirada clavada en mis ojos por un instante y entonces metías la primera, o cerrabas la puerta del copiloto, o asentías y desenfundabas la pistola, o sencillamente ponías tu mano sobre la mía, sacabas los papeles y decías “Planeémoslo correctamente”, porque no había vuelta atrás.

Cuando ocurría sentía que éramos grandes. Sentía que eras única y la mejor compañera que se podía tener porque estabas ahí, haciendo una locura, y eras capaz de mantener la cabeza fría al mismo tiempo. No siempre acertabas pero siempre se podía confiar en tu juicio.

Planeémoslo correctamente, porque no hay vuelta atrás… o sólo un gesto. Te admiraba. Entre la excitación y los nervios de esas situaciones nunca era ésa la palabra que aparecía.

Viéndolo desde la calma: Te admiro.

~ por Angelik en diciembre 17, 2009.

Una respuesta to “[Fanfic] Los monstruos sabrán entenderlo II”

  1. Herrrrmoso!

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