[Fanfic] Los monstruos sabrán entenderlo V


Titulo:Los Monstruos sabrán entenderlo 5
Autor:Summerrain
E-Mail:summerraink@gmail.com
Rating:NR-13
Categoria:MSR
Spoilers:Per manum y varios leves hasta la séptima temporada.
Keywords:-
Summary:Este fic está inspirado en las palabras de la tabla 30 días de la comunidad 30vicios . Ninguna intención de apropiación y no gano dinero con esto.
Toda crítica será bienvenida.

Los monstruos sabrán entenderlo 5

26.-DE POR QUÉ NUNCA ROSAS ROJAS
Sabía que tu flor preferida era la rosa roja. Cuando me lo dijiste te dije que era un poco tópico. Contestaste que te daba igual, que olían muy bien y que su forma era perfecta y que punto.
Jamás te he comprado una rosa roja. Lo que no sabes es que ha sido queriendo.
Supongo que sí te das cuenta de que sólo te he llevado flores cuando estabas enferma en los hospitales. Supongo que también imaginas que no era cierto que se las robase al moribundo de la habitación de al lado ni a una señora con bastón que no podía correr detrás de mí.
Te las compraba, esa es la verdad, así de aburrido.
Comprarte flores siempre ha tenido para mí algo de triste. Mirar de reojo el puesto de flores, dar un par de pasos, pararme, dudar. Flores, ¿para qué?, porque son bonitas, a Scully le gustan las flores, son bonitas, llevar flores. Me paraba mirándolas. La mujer de turno se acercaba con una sonrisa discreta.
-¿Qué desea?
-Un ramo de flores.
-¿Cuáles quiere?
-No lo sé. Elija usted.
Y luego el cuidadoso
-¿Para quién son?
Y te dan ganas de contestar: Pues para Scully.
Me preguntaba si la respuesta que esperaban a esa pregunta era el nombre de una enfermedad en lugar de un nombre de persona. Por supuesto que no era el nombre de una persona, si acaso el de una relación. O ambas cosas: Mi tía enferma de osteoporosis, mi sobrina con apendicitis, mi mujer que acaba de dar a luz (no, eso se ve en la cara), mi compañera reaparecida tras una abdución, mi compañera con cáncer, mi compañera en observación después de que…¡venga ya!, no soy capaz de hacérselo entender a los médicos como para esforzarme con usted.


A veces sí contestaba:
-Para mi compañera.
Había una mirada interrogante: ¿Compañera? ¿Qué tipo de compañera? ¿Sentimental? ¿De trabajo? Y yo volvía a mi pensamiento de “A usted se lo voy a explicar…”
-Y, ¿sabe qué le gusta?
Entonces pensaba: Las rosas rojas.
-No sé, yo no tengo gusto para estas cosas,-eso siempre producía una sonrisa condescendiente.-Elija usted, un ramo bonito. Sin rosas rojas.
Extrañeza al principio, a veces un “¡Con lo que gustan!”. Luego silencio y cierta compasión en la mirada mientras preparaban el ramo. Debía de haber una tristeza en ese “Sin rosas rojas” que no era capaz de disimular.
No recuerdo haber pedido nunca un ramo para ti sin especificar que no quería rosas rojas.
Caminaba con el ramo en la mano por los pasillos repitiéndome: En cuanto salgas de aquí, en cuanto te recuperes. Un día cualquiera, cuando estés bien, te compraré tus rosas rojas. Una única, perfecta, porque sí y punto, y que huela muy bien, rosa roja.
Un día cualquiera Scully, pero que estés bien.
Y, sabes, nunca lo hice.
Mal por mi parte.

27.-DE POR QUÉ SALTÉ.
Faltaban aún muchas horas para que los vuelos se restableciesen tras la tormenta de nieve aquella noche en el aeropuerto de Juneau.
Ya habíamos cenado, habíamos tomado café, luego chocolate, luego más café. Habíamos leído los periódicos, medio escrito un informe, hablado del tiempo, salido a tomar el aire para volver a entrar riéndonos de la mala idea que había sido. Nos acabamos rindiendo y nos sentamos en los incómodos asientos de plástico, compartiendo una manta.
Te estabas quedando dormida sobre mi hombro. Te apoyaste en un “No te importa, ¿verdad?”, pasé el brazo por tu espalda, encontramos la postura. Tenía casi calor, quería quitarme la cazadora pero no lo hice por no moverte.
-Siento quedarme dormida.
-¿Por?
-Te vas a aburrir.
Me pareció muy tierno.
-¿Te acuerdas de aquella vez en el bosque? Debería obligarte a que me cantases una canción como hiciste tú.
-Demasiado público aquí. Además, yo tenía miedo. No es lo mismo.
-No es lo mismo, -respondiste en eco.
Pensé en cantarte, quizá aquello de “Rema, rema, rema…” Pero volviste a hablar, casi desde el sueño.
-Uno debería casi igual empezar a replantearse su vida cuando pasar la noche en un aeropuerto en medio de una tormenta de nieve, durmiendo en un asiento de plástico, parece algo cómodo, que ni siquiera recordarás cuando llegues a casa, que no da para anécdota comparado con… lo que ha sido otras veces.
-Bueno, uno debería sin duda replantearse su vida cuando, después de pasar la noche en el bosque, herido, temiendo el ataque de hombres invisibles, eso no parece una anécdota digna de mención; comparado con caer en un agujero en el suelo y apilar cadáveres para trepar sobre ellos y salir. -Me acordé de lo que te dije:-Veinte más y nos ganamos el jamón.
-Veinte más y nos ganamos el jamón,-reíste.-Dios mío, qué horror fue aquello…
-No, replantéatelo: Fue una buena anécdota.
Guardaste silencio un rato. Pensé que sí te habías dormido. Al principio ni supe a qué te referías.
-Pero tú te tiraste.
-¿Qué?
-El agujero en el suelo. Yo caí pero tú saltaste, y estando herido. Después de que yo cayese…
-¿He dicho ya que tenía miedo?
-Hombres invisibles en ambos, un bosque a la luz del día o una cueva en el subsuelo llena de cadáveres… No sé yo si elegiste bien.
Yo sí: Era cuestión de dónde estabas tú.
Te apreté los hombros.

-¿Estás cómoda?
-Mucho más de lo que pueda parecer.
-Rema, rema, rema en tu barca bajando el arroyo…
Reíste un poco, luego te dormiste.
Pensé en que igual uno debería replantearse su vida cuando se siente más seguro en una cueva con cadáveres que solo en un bosque. Pero seguía pareciéndome lógico: Tú estabas dentro. ¿Cómo no iba a saltar?

28.-QUE TE HABÍAS IDO
No vamos a entrar en si estaba justificado o no, en si tenías tus razones, en si era demasiado importante para plantearse siquiera no intentarlo.
Claro que sé que yo habría hecho lo mismo. Sé que la única diferencia es que lo hiciste tú.
Aquella noche llegaste a decirlo: “Así es como yo me siento cuando tú desapareces”.
No quise decirte que, en parte, te equivocabas.
Esta es tu visión: El Fumador, de quién jamás debiste fiarte pero no vamos a entrar en eso, te ofrece la panacea. El único requisito es que yo no vaya, que yo no sepa nada. Tienes que desaparecer sin dejar rastro, con la excusa adecuada, como por ejemplo un problema familiar, e ir con él. Es demasiado importante, cumples sus normas, dejas un mensaje para mí (que nunca llegó). No te la puedes jugar más. Es demasiado importante y yo sabré entenderlo y sabré que estás bien en cuanto reciba el mensaje.
Esta es mi visión: Desapareces dejando un mensaje en el contestador sobre un problema familiar. Pasan las horas y no me llamas. Te llamo y no contestas. Te dejo mensajes y no contestas. Sigues sin llamar. Reviso el mensaje y no encuentro ninguna de las claves pactadas por si estamos en peligro pero no podemos hablar. Pero es que entonces, para mejorarlo, llamas a Skinner, le pides que me diga que estás bien pero, aunque él te dice que estoy en su despacho y quiero hablar contigo, te niegas a hacerlo. Skinner no detecta nada, ni claves ni tono de voz, nada, que indique que necesitas ayuda.
Sé que, desde tu visión de los hechos, todo tenía sentido. Salvo, quizá, confiar en alguien así y que el mensaje se perdiese, pero tenía sentido. Yo me pongo en tu lugar y te entiendo. Como entiendo que, cuando te cansaste de pedir disculpas la noche en que volviste, dijeses que así sabría cómo te sientes cuando desaparezco tras de cualquier pista.
Míralo desde el mío: Simplemente pensé que te habías ido.
No un secuestro: habrías luchado; no un problema: me lo dirías. Te conozco: sabía que no estabas en peligro. Tuve miedo después, llegué a pensarlo, pero “sabía” que no era eso. Simplemente te habías ido. Te… había perdido. De esa manera. Por tu propia decisión.
Todos los miedos, cada duda, cada momento en que pensé que había demasiado que perder, que no podríamos con ello, que no…lo querías tanto como yo…. tomaban forma en Skinner sentado en su mesa con el teléfono en la mano, diciéndome que le habías dicho que me dijese que todo iba bien.
Te habías ido y no querías hablar conmigo para que no te preguntase por qué. Para no tener que decirme que lo había estropeado todo que, de tanto acercarme, había logrado que no soportases estar cerca.
Aquella noche en que volviste insistías en disculparte, en que entendías lo preocupado que estaría porque te hubiese pasado algo malo. No supe cómo decirte, ni quise, la verdad: que no era eso lo que temía. No supe decirte nada. Te quedaste ahí esperando gritos, discursos, sermones… Sólo hubo un “Ya está hecho. No quiero hablar de ello”. Te cansaste de pedir perdón. Nos abrazamos casi temiéndonos, como si fuese lo único que no parecía del todo fuera de lugar.
Tuve mucho miedo. Me asustaba pensar en lo lógico que me había parecido, hasta qué punto había llegado a estar convencido, con qué facilidad, de que la opción con más sentido era esa.
Te habías ido. Queriendo. Para no estar conmigo. Sin atreverte a decírmelo a la cara.
Parecía tan lógico…

29.-LOS MONSTRUOS SABRÁN ENTENDERLO
Se está haciendo largo esta vez sin hablarte.
Llevo…este tiempo que no puedo medir recordando una mañana en que te levantaste de la cama, te acercaste a la ventana y te quedaste mirando hacia fuera. Luego te volviste hacia mí y dijiste
-Podríamos…
Te mordiste el labio, sonreíste. Después dijiste algo. No lo recuerdo del todo, creo que fue algo sobre salir a desayunar y dar un paseo. Una de esas cosas muy normales que no eran normales para nosotros.
Pero no es eso en lo que pensaba, sólo en tu rostro después del “Podríamos…” En cómo sentí que, fuese lo que fuese, estaría bien.
No hacía mucho que nos acostábamos, menos que lo hacíamos… en calma. Cada palabra tuya sobre nosotros aún parecía poder guardar en su interior todos los miedos y todas las esperanzas, romperme o abrir otra puerta de ti.
Te mordiste el labio y sonreíste. En aquel “Podríamos…” cabía todo. Sentí que podríamos hacer lo que quisiésemos. Un día libre, no es para tanto. Podríamos hacer lo que quisiésemos juntos, podríamos pasarnos el día en la cama, podríamos salir a dar un paseo, podríamos sentarnos en un banco a hablar.
Podíamos estar juntos casi ya sin miedo a que el monstruo interior hablase del peligro de hacernos daño por ello.
“Podríamos…” Te mordiste el labio y sonreíste.
Yo podría quedarme a vivir para siempre en esa imagen. En eso estaba pensando.
Si salgo de ésta, Scully… Quisiera prometerte, que es más que prometerme, que si salgo de ésta mataré al monstruo. Y mataré al tuyo, le haré morirse de vergüenza y de hambre por falta de miedo. Si salgo de esta quiero un “Podríamos” en cada mañana y siempre responderé que sí. Podríamos hacer un viaje al fin del mundo, cogernos las manos aunque no haga frío, decirnos las cosas claramente, podría repetirte que quiero tocarte hasta que se te quede grabado y se repita en tu mente, podría comprarte rosas rojas, responder sólo con una sonrisa cuando hagamos el amor y sonrías, reírnos de todo, repetir palabras mágicas que sabemos de memoria, quemar todos los carteles de Prohibido el paso, dormir siempre abrazados. Salir a desayunar y dar un paseo, si es lo que quieres, siempre que quieras.
Sé que las cosas no funcionan así. Sé que los monstruos nunca duermen si acaso, como aquella mañana, se despistan un rato. Sé que, si volviese atrás, todas estas cosas que no te dije volvería a no decírtelas. Sé que el miedo suele vencerme y que tú eres aún peor en eso. Sé incluso que el miedo tiene sus motivos, los monstruos parte de razón, que todo es complicado.
Sé que yo no sería como pienso que sería, si salgo de ésta.
Pero, si ocurre, creo que deberíamos plantearnos muy seriamente el permitirnos más a menudo sentirnos bien. Creo que eso es algo que hasta los monstruos podrían entender si se lo explicamos. No se puede tener tanto miedo a sentir por lo que ha pasado o por lo que pueda pasar.
No merece la pena. Estoy aquí y lo único que quiero son esos momentos en que nos permitimos ser felices aunque fuese sólo por un momento.
Si salgo de esta, tendrás un “Podríamos”, una sonrisa y un sí, siempre que quieras.
Los monstruos sabrán entenderlo.
Demasiado cansado para pensar. Deja que vuelva a vivir en esa imagen tuya.
Quizá algún día…

30.-HABLAMOS LUEGO, ¿VALE?
Treinta
Hoy… no puedo.
No he querido hablarte en ningún momento de lo que está ocurriendo.
Quiero…mantener estos momentos aparte, como los niños que sacuden las manos bajo las pompas de jabón para mantenerlas en el aire; aunque saben perfectamente cuál es el fin de toda pompa de jabón.
No te he hablado de ello pero he pensado mucho en cómo insistí para que intentases recordar lo ocurrido durante tu abducción. No puedes imaginarte lo imbécil que me siento. Lo único que quiero es salir de aquí y que alguien haga lo que sea, lo que sea, para no poder recordar nada de esto. Que deje de ocurrir y que no sepa que ha ocurrido, que no exista.
Sólo quiero que no exista, así que he huido atado a estas sillas, como podía. Pensando cada vez que también perdería eso, cada vez, que habría quizá un pequeño error de cálculo por parte de esos seres, unos números mal puestos, o quizá algo deliberado: “¿Qué ocurre cuando se le fríe el cerebro a un humano?-Interesante. ¡Probémoslo!” Cada vez, queriendo que terminase, cada vez, queriendo despertar en una cama de hospital con amnesia parcial, por favor.
Cada vez, queriendo morirme por fin.
Pero cada vez pidiendo que, hiciesen lo que hiciesen, si iba a seguir consciente, pudiese seguir recordando. Con todo lo que han hecho…sólo que no me dejasen sin recuerdos antes de matarme.
Es todo lo que tengo para huir y el único referente. Apenas hay luz, el silencio es insoportable pero mejor que el sonido de las máquinas, no hay días ni noches, apenas referencias espaciales, los límites de la sala se pierden en la oscuridad. No hay nada a lo que aferrarse salvo eso.
Sólo sé que desde que estoy aquí esta es la vez número treinta que me concentro en olvidarlo todo y hablarte. Vez número 30: única referencia temporal.
Recuerdos e imaginar que te hablo: único refugio. Sin nombrar por tanto lo que ocurre, primera norma. Que he roto porque…quiero romper la segunda norma.
Yo… Empiezo a creer que… esto va a acabar de la forma más sencilla, la mejor dentro de las posibilidades, ¿no? Sigo teniendo recuerdos, era lo que quería. Pero lo de estar consciente se hace cada vez más difícil. Últimamente tengo delirios, sé que son delirios y no sueños porque estás en esta misma habitación, en los que me dices que debo mantenerme despierto. Sé de qué va eso.
Las lágrimas les parecen interesantes, ¿sabes?, las recogen.
Me gustaría tanto hablarte de verdad. No sé qué te diría, quizá alguna de esas cosas que te he ido contando, quizá sólo que tengo frío y miedo, que te quiero o cualquier…tontería de ese tipo, o me quedaría callado mirándote. Pero lo más probable es que hiciese un chiste estúpido, ¿verdad?
Me gustaría escuchar tu voz. Algo distinto al “Tienes que mantenerte despierto, Mulder”, distinto a esos recuerdos en los que nunca soy capaz de recordar tus palabras exactas, distinto a las cosas que te imagino contándome, acallando el “No es Scully, esa no es Scully, ella no diría eso”. Tu voz diciendo lo que fuese, pero tuyo. Un “Mulder”, medio reproche en respuesta a mi chiste fuera de lugar.
No te esfuerces, Scully: Voy a dormir un rato.
Eso sí, rota la primera norma, mantengo la segunda.
Sólo voy a dormir un rato. Tengo muchas cosas que decirte aún.
Hablamos luego, ¿vale?

~ por Angelik en diciembre 22, 2009.

Una respuesta to “[Fanfic] Los monstruos sabrán entenderlo V”

  1. Me hiciste emocionar y mucho. Los habia leido en otra pagina pero solo esta publicado hasta el numero 4. Ahora pude terminarlo.
    Es hermoso el relato. Te felicito, de verdad.

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