Estrella Fugaz/Shooting Star XXIX


Estrella Fugaz/Shooting Star 29

Autora : Jenna Tooms

Idioma Original: Inglés

Traducción y Adaptación: paolabaru

Disclaimer : No son míos. Legalmente son propiedad de Chris Carter y Twenthy Century Fox.

Tipo : NR-18, MSR, Angst!

Resumen: Hace diecisiete años, Mulder desapareció. Reunidos después de todo este tiempo, Mulder y Scully luchan para ser la familia que deberían haber sido. Fue escrito en 1998, por lo tanto no parte de la desaparición de Mulder en Requiem.

Nota del Autor: Nunca he escrito un fanfic  y no creo que nunca lo haga. Hace algún tiempo este en particular me estuvo dando vueltas en la cabeza, ya que lo leí hace un par de años, pero no me acordaba donde, ni en qué idioma. Finalmente lo encontré en Gossamer y lo releí, me pareció igual de bello y emocional que la primera vez que lo hice. Como parece que mi búsqueda produjo curiosidad, decidí arriesgarme y tratar de traducir esta bella historia. Espero hacer justicia a la autora y a su relato.  El fanfic es un poco largo por lo que lo estaré trabajando y la vez  publicando por partes.

Feedbacks: Se agradecen mucho. Por ahora no mas charla y continuemos…espero que lo sigan disfrutando!!!

======= Veintinueve =======

Energizada por las buenas noticias, Scully se desbordó hablando y haciendo planes.
“Lo primero que quiero hacer, es revisar lo que está guardado en el sótano. Necesitamos saber qué es lo que ya tenemos y qué tendremos que reemplazar -que será prácticamente todo, creo-. Yo regalé la mayoría de las cosas de bebé de Ben, cuando creció y ya no le sirvieron”.
Ella tenía unas sandalias y un vestido de algodón ese día, floreciente y hermosa, Mulder ya lo había notado –como también había notado otras cosas su estómago un poco más tensionado. Le resultaba encantadora- quería tomar su vientre entre sus manos y besarlo una y otra vez. Quería abrazarla fuerte para sentir su calor y suavidad. Quería bailar con ella, ver sus ojos brillar. Quería -quería- Quería hacerle muchas preguntas, pero no quería escuchar las respuestas.
“Y tenemos que hacer listados”, Scully continuó. “Muchos, muchos listados”. Ella estaba revisando en los estantes de su estudio, buscando un libro. Mulder se apoyó en el sofá y cruzó los brazos sobre el pecho, mirándola.
Ellos no habían hecho el amor desde Scully regresó de Montana. Mulder sabía era por deferencia a su debilitado estado, pero ahora se preguntaba, si esa era toda la razón. No sabía cómo preguntarle cuál era la verdad.

“Creo que la habitación de invitados es la que funcionará mejor para el cuarto de la bebé. Está más cerca del dormitorio principal, tiene buena luz y es espaciosa. Claro que la tendremos en el dormitorio con nosotros durante las primeras semanas y cuando sea
lo suficientemente seguro para que duerma en su propia-“.
“Scully”, dijo él, ella se detuvo y se volteó de la estantería, con uno de las los libros que había sacado en la mano.
“¿Qué pasa, cariño?”
“¿Me amas?”
Ella le sonrió con ternura. “Sí”.
“¿Cuánto?”
Ella extendió sus brazos, sonriendo. “Todo esto y mucho más”.
“Hablo en serio”.
“¿Qué clase de pregunta es esa, Mulder? ¿Cuánto Te amo? Te amo totalmente, te quiero completamente, te amo para siempre –Yo- no estoy segura de qué me estás preguntando”.
“¿Tú me amas eternamente?”
“Eternamente y para siempre, Mulder”. Ella soltó el libro y se acercó a él, tomándolo de las manos y entrelazando los dedos. “¿Qué pasa? ¿Qué te está molestando?”. Ella le acarició los dedos suavemente. “Si estás nervioso por la bebé-”
“No estoy nervioso de la bebé. No lo estoy”. Él le besó la mano y la apretó sobre su corazón. “Estoy emocionado y feliz y yo -y estoy tan enamorado de ti-“. Ella volvió a sonreír, más ampliamente y se levantó de puntillas para besarlo. Él cerró los ojos por un momento, los volvió a abrir y dijo: “Dime, Scully, dime: ¿Alguna vez nos hicimos el uno al otro algunas promesas? ¿Más allá de que íbamos a amarnos para siempre?”.
“Estábamos hablando de casarnos, Mulder y en tratar de concebir. ¿Tú te acuerdas de eso, no? Estábamos haciendo un futuro”. Con sus ojos ella buscó su rostro. “Estás temblando. ¿Estás bien?”
“Tengo miedo”, le espetó y se inclinó para abrazarla y ocultar su cara contra su cuello. “Abrázame, Scully, no me dejes ir, por favor no me dejes ir”.
“Nunca”. Le acarició y besó su cabello. “Nunca más. Jamás. Yo te amo, te amo mucho. Créeme, Mulder – me crees, ¿verdad?”
“Estoy tratando de hacerlo. Esto-“, él puso la mano sobre su vientre, “-esto me sorprende, me aturde, me honra – estoy tan agradecido”. Se puso de rodillas y besó su vientre, en la curva más notable de su redondez.
“¿Qué pasa, Mulder? Dime”.
Él no dijo nada, pero deslizó su mano por la pierna, debajo de su vestido y le acarició el muslo con el pulgar. Ella gimió y él levantó su mirada hacia ella.
“Mulder? ¿Qué -qué-?”
“¿Me deseas?” –susurró él-. Con las yemas de sus dedos le rozó el estómago, ella se estremeció profundamente mientras él deslizaba sus bragas por sus piernas.
“Sí”, ella respiró y apoyó la espalda en el brazo del sofá buscando apoyarse. “Sí, Mulder”
El vestido se abotonaba por delante, los botones con forma de margaritas diminutas que
se resbalaban entre sus dedos ansiosos. Ella le ayudó a desabrochar la parte superior, mientras él lo hacía en la parte inferior, en solo un momento ella estaba desnuda, su cuerpo enmarcada por el vestido abierto. “Esta mañana estaba excitada -tenía calor-“, susurró ella débilmente, apretando sus manos en el brazo del sofá de cuero.
“Gracias a Dios por la olas de calor, entonces”, susurró él y tomó el vientre redondeado y entre sus manos, mientras comenzó a darle besos por todos lados. “He estado deseando hacer esto todo el día”.
Scully gimió, metiendo sus manos en su cabello y gimió aún más fuerte cuando la lengua de él empezó a trazar líneas sobre su estómago y muslos. Él le separó los pies y así sus piernas quedaron abiertas.
“Me parece recordar esto”, dijo él en voz baja.
“Uh-huh”, dijo Scully, encogiendo y flexionando los dedos de los pies. Se lamió los labios y sus manos temblaban cuando las puso sobre los hombros de él.
“Mírate”, murmuró Mulder, inclinándose hacia ella, abriéndole aún más las piernas. “Inflamada y mojada. Estás como un durazno maduro. Tan jugosa”. Él le pasó la lengua entre el pliegue del muslo y la pelvis y Scully cerró los ojos y gimió. “Tan dulce”, susurró él. “¿Sabes tan bien como te ves, Scully?”.
“Dímelo tú”, contestó ella con voz entrecortada.
Él sonrió, cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia ella. Con los pulgares le abrió los labios, él estaba tan cerca que su calor y su olor lo envolvían. “Recuerdo tu sabor en mi boca. Me acuerdo de ti apretando mis cabellos y gimiendo mi nombre. Recuerdo una vez en que te viniste tan fuerte que hasta pensé que te habías desmayado. Creo que realmente lo hiciste una vez, ¿no? Creo recordar eso”.
Ella asintió con la cabeza, los ojos cerrados.
“Recuerdo”, dijo con voz ronca. “Recuerdo cada amenaza y cada promesa que hiciste. ‘No pares o moriré, Mulder. No pares o te mato’. Recuerdo a la elocuente Dra. Scully reducida a un lloriqueo. ‘No pares, no te detengas’, y yo  nunca me detuve, ¿cierto?, no hasta que terminarás”
“No hasta tú lo hicieras” susurró ella. “No hasta estar satisfecho, de que estaba satisfecha”.
Él la miró. Ella tenía la cabeza echada hacia atrás, su cuello arqueado y los labios húmedos. “¿Era yo el mejor?” dijo cortante.
“Sí,” dijo ella, él gimió y hundió su lengua en ella.
Scully tenía la espalda arqueada casi fuera del sofá y sus pies resbalaban contra el suelo. Hacía deliciosos, encantadores sonidos – “Oh, ah, mm -” cuando él se hundía en su túnel estrecho, ceñido y caliente. Él no bromeó, no tentó primero, él estaba sencilla y directamente follándola, con los dedos, mientras le lamía el clítoris y luego cambiando, su lengua dentro de ella y los dedos dando vueltas y acariciando. Estaba decidido no tanto a hacerla venir, sino a hacerla estallar hasta dejarla hecha polvo.
Su cantico comenzó antes de lo que él pensaba que lo haría, en un susurro primero: “No pares, no pares, no te detengas-” Su voz se elevaba al mismo tiempo que las vibraciones de su cuerpo lo hacían: “No pares, oh, por favor no te detengas, Mulder, Mulder-“. Ella estaba al borde, él podía sentirlo y aunque odiaba hacerlo, se detuvo. Levantó la cabeza y la miró y dijo, frotando sus muslos con dedos pegajosos, “Nadie más que yo, Scully”.
“Nadie”. Sus pechos subieron. Tenía los ojos casi negros, por la excitación.
“Nunca”.
“Nunca”.
“Di mi nombre”.
“Mulder”, respondió, la pequeña palabra llena de deseo.
La besó en el estómago. “Scully.” La besó de nuevo. “Y mini-Scully. Las amo a las dos. Las adoro”. Se inclinó hacia sus caderas de nuevo y tomó sólo unas pocas caricias de sus dedos y algunas pasadas de su lengua, para que ella se agarrara a él y gritara su nombre. Su cuerpo se estremeció tan violentamente que él pensó que podría caer, la sostuvo de las caderas, aliviando el pico de su orgasmo con suaves caricias de su lengua hasta que ella quedó inmóvil.
Apoyó la cabeza contra ella, escuchando su jadeo y su respiración volver a la normalidad. Ella le acarició el cabello y la cara con ternura y lentamente se deslizó en sus rodillas hasta quedar cara a cara.
“Gracias”, susurró ella, apoyando la frente contra la suya. “Lo había echado de menos”.
“¿Te gusta, ¿eh?”
Ella rió suavemente. “Siempre fuiste el mejor, Mulder”
“¿El mejor de cuántos?”
Ella lo miró, perplejo, y dijo: “Mulder. ¿Qué pasa?”
“Tú me amaste, ¿cierto?, ¿mientras yo no estaba? Y nos habíamos prometido que no habría nadie más, ¿no?”
“Sí”, susurró Scully. “Dijimos eso”.
“¿Entonces por qué?” Él pensó que se ahogaría en las palabras, pero se obligó a decirlas de todos modos, “¿Entonces por qué hubo otros, Scully?”
Scully cerró los ojos y apretó la mano con la de él. “Mulder, tú estás asumiendo cosas-“.
“Tú dijiste una vez que nunca habías tenido relaciones sexuales con Ben en la casa. En ese momento pensé: Claro que no, yo no estaba aquí. Pero entonces hoy, cuando Rebecca dijo que siempre habías sido estricta con los anticonceptivos, me di cuenta de lo que realmente significaba. Hubo otros, ¿cierto? Otros que trajiste a casa -y les hiciste el amor en nuestra cama-“.
“Mulder, por favor”
“¿Cuántos fueron? ¿Alguno que yo conozca? ¿Fue-fue Skinner? ¿Es por eso que ahora me odia?”
“¿Walter? No, no”, dijo ella en voz baja. “No fueron muchos y ninguno que tu conozcas. Sólo dos”.
“¿Estabas enamorada de ellos?”
“Mulder, fue hace mucho tiempo y yo estaba-“. Ella se detuvo y le tomó la cara entre  sus manos. “No. Yo no estaba enamorada. Escúchame, ¿de acuerdo? Quiero contarte acerca de esto”.
Él asintió de mala gana y ambos se movieron de sus rodillas para sentarse en el suelo. Él apoyó la cabeza contra ella y ella lo sostuvo, con los brazos sobre sus hombros.
“El primero…se llamaba Jonathan. Se mudó a unas cuantas casas de esta cuadra. Ben tenía tres años más o menos. Jonathan estaba recién divorciado, sin hijos. Solía mirarnos, mientras yo le enseñaba a Ben a montar en bicicleta y patinar. A veces hacía barbacoas. Era…agradable. Era realmente agradable. Llamó a Ben ‘Macho’. Los Pistoleros lo odiaban”.
“¿Por qué?”
“Porque él era un “anti-tú”, creo yo. Frohike le llamaba ‘Hombre Bizarro'”.
“¿Yo no era agradable?”
“Eres una clase diferente de agradable. Él era aburrido, eso es lo que ellos objetaban. Pensaban que yo estaba buscando seguridad. Tenían razón, ¿sabes?. Yo estaba buscando seguridad y él también. No se trataba de amor o de pasión o cualquiera de las cosas normales. Éramos  sólo dos personas heridas buscando un lugar para estar seguras juntas. De todos modos…”. Ella suspiró. “Sólo duró el verano y terminó de manera amistosa. El se casó pocos años después. Tienen dos niñas. No hubo rencores”.
“Pero tú no estabas enamorada de él”.
“No, no lo estaba”
“Dijiste que él fue el primero”.
“Hubo un segundo. Su nombre era Perry. Era muy joven. Por lo que yo sabía, él quería tener una familia ya hecha, pero siempre estaba incómodo con Ben. Él tenía diez años, creo. Ben apenas notó a Jonathan -no era más que otro de los amigos de mamá-, pero él se dio cuenta de Perry. No le gustaba. Esa fue la principal razón por la que terminé con él”
Mulder dijo en voz baja: “¿Tu terminaste con alguien que podría haberte hecho feliz debido a Ben?
“Bueno…Estaba eso. Y también que yo sabía que él no era adecuado para mí. Él no era tú”.
Mulder no dijo nada, pero le puso la mano suavemente de nuevo en su vientre tibio.
“Salí un poco en citas. Pero esas fueron las únicas relaciones reales que tuve. Y
terminaron como debían hacerlo. Eran simplemente personas, ya sabes, nadie especial, nadie notable, nadie que inspirara algún tipo de pasión en mí. Y siempre resultaban en…que no eran divertidos. Me divertía más con mis amigos, con mi hijo. Yo no estaba satisfecha sólo con un cuerpo tibio, ¿sabes? Yo te quería a ti y nadie más podía compararse contigo”.
“Nosotros nos divertimos”, susurró Mulder y Scully se rió.
“Sí. Lo hicimos. Tu solías contarme historias e inventar terribles canciones de cuna           -eran tan obscenas- solías hacerme reír casi tanto como lo haces ahora. Amarte era divertido, Mulder. Amarte a ti, es divertido”.
Ella le recorrió el cabello con una manos un par de veces, finalmente la situó en la nuca, donde siguió acariciándolo. Él le dijo, “Quiero saber más sobre nosotros”.
“¿Saber qué?”
“Saber más cosas. Cuéntame algo. Cuéntame algo, de lo que me has dicho antes”.
Entonces, dijo, enderezándose, “No, yo quiero decirte algo”.
“Vale”.
La miró a los ojos y dijo: “Yo estaba enamorado de ti, mientras estuviste lejos de mí. Te extrañé tanto que me dolía todo. No podía dormir. Yo quería hablar contigo, quería que tu hablarás conmigo, yo quería oírte decirme una vez más, que yo estaba loco”. Ella sonrió un poco, asintiendo con la cabeza y él pensó que había visto una lágrima en sus ojos. Él continuó, deliberadamente en voz baja, “Cuando estuviste desaparecida, yo conocí a una mujer. Kristen. Nos conocimos poco, pero nos conectamos. Nosotros -no voy a decir que hicimos el amor porque no fue eso- pero me dormí después. Me sentí lo suficientemente seguro como para dormir. Pero ella no era tú. Yo todavía estaba enamorado de ti”.
“Yo sé, Mulder. Tú me contaste esta historia antes. Una noche te sentiste en un modo de “confesionario” y me contaste acerca de todas tus amantes. Las ocho de ellas. A mí no me molestó porque eso pertenecía al pasado y lo que importaba era el futuro”. Con sus ojos buscó los de él y se aferró a sus manos. “¿Puedes hacer eso, Mulder? ¿Puedes dejar ir el pasado?”
“-Yo-puedo. Puedo intentarlo”.
Scully cerró los ojos y las sombras de sus pestañas parecían vulnerables en la mejilla. Mulder trazó la sombra con el dedo y le dijo: “Yo puedo. Puedo dejarlo ir, Scully”.
“Tenemos cosas que necesitamos hacer”, dijo Scully, le soltó las manos,  se levantó y reabotonó su vestido. “¿Qué hiciste con mi ropa interior?”
Él le entregó las bragas en silencio y la miró ponérselas de nuevo. Sentía como que estaba perdiendo algo muy importante, pero no sabía qué decir para traerlo de vuelta. Él se tumbó en el suelo mientras ella volvía a la estantería y le envolvió la mano alrededor de su tobillo.
“Scully”
“¿Qué?”
Él deslizó la mano un poco hacia arriba de la pierna y dijo: “no sé”. Le acariciaba la pantorrilla con el pulgar.
“Mulder…” Ella suspiró y sacó un libro. “Aquí está.” Le pasó el libro a él y él se sentó y lo tomó.
“Nombres”.
“Sí. Tenemos que ponerle uno”.
Él hojeó el libro un par de veces y dijo: “Pensé que la llamaríamos Lily”.
“Oh”.
“¿Ya no te gusta ese nombre?”
“Todavía me gusta -no creí que lo recordarás”.
“Si lo recuerdo. Me gusta. Lily Scully. Es bonito”.
“O Lily Mulder”, dijo Scully con voz suave.
Él  abrió el libro y una vez más hojeó algunas páginas y dijo, “¿Scully?, ¿Quieres casarte?”
Ella abrió mucho los ojos y dijo: “¿Me acusas de haberte engañado y ahora quieres casarte? Honestamente, Mulder”.
“Bueno, ¿quieres?”
“Sí, pero-”
“Entonces casémonos”.
Ella se puso las manos en las caderas y frunció el ceño. “Tremenda propuesta, Mulder”.
Mulder sonrió y se puso de rodillas. Le tomó las manos en las suyas y a pesar de que ella volteó los ojos y lo miró exasperada, le dijo: “Dana”, lo que le costó otra volteada de ojos, “¿me concederías el honor de ser mi esposa?”
Scully por un momento rozó sus pulgares sobre el dorso de las manos de él y dijo, “Sí. Supongo que realmente debería. Dado que me embarazaste –con esta, dos veces-“.
“Eso es porque no puedes decirme que no”.
“¿Estás diciendo que soy fácil?” frunciendo de nuevo el ceño.
“No”, jugueteó un poco con sus manos, sonriendo. “Solo que eres mía”.
Por un momento él pensó que la había ofendido, pero ella al fin sonrió y dijo: “Levántate. Tenemos un bebé para el que nos tenemos que preparar”.
“Y una boda”, dijo él, parándose, ella después de una breve vacilación asintió.
“Y una boda. Todo a su tiempo”.
Él le levantó la cara y la besó en la nariz. “No me hagas esperar mucho tiempo”, dijo él y la sonrisa que obtuvo esta vez fue genuina y profunda.

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